Historias de Patagonia: Periodistas eran los de antes

Ya llegará la Nochebuena. En el centro de Río Gallegos, el ex capitán  Juan Carlos Castex rememora aquella fatídica noche del 2 de junio de 1896, cuando mata de un tiro al Teniente Primero Federico Kuls.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 17:32

*Mario Novack - I Entrega

Por esa razón está hoy en Santa Cruz, observando como el día se encapricha en quedarse y que la noche buena sea luminosa. Mientras camina por la calle San Martín recuerda sus momentos vividos en la prisión del Diablo de la Isla de los Estados.

Es la víspera de la Navidad de 1903 y un brindis por esta nueva oportunidad que le ha ofrecido el destino, a partir del indulto del presidente Julio Argentino Roca.

En las calles de la pequeña Gallegos, el hombre dirige el primer periódico de la ciudad con un llamativo nombre “El Censor”. Este medio se escribía a mano y utilizaba un un primitivo multicopia para distribuirlo entre sus amigos.

Los días de Castex en Isla de los Estados

Entre quienes visitan la Isla de los Estados por esos años se encuentra el explorador antártico Adriano de Gerlache de Gomey (1866-1934). A bordo del Bélgica, entre 1897 y 1898 realiza su conocido viaje a las regiones polares. A comienzos de 1898, la expedición arriba a San Juan del Salvamento, a hacer agua. El 14 de enero parte a la Bahía de Hughes. En el libro que publicara dando cuenta de su viaje, Gerlache dice del presidio: "Desde hace varios años, la Isla de los Estados sirve de penitenciaría para condenas militares. Con excepción de algunos que están casados y gozan del privilegio de ocupar con su familia una miserable cabaña, los prisioneros se alojan en una barraca de madera. Están bajo la vigilancia de dos tenientes y de algunos hombres de tropa, pero en realidad, gozan de una libertad relativa. Sus tareas consisten en hacer provisión de leña para la calefacción, cuidar la avenida Piedra Buena y las dependencias de la Subprefectura, etc... Se les permite dejar la estación cuando algún trabajo urgente no los reclama, y siempre regresan con puntualidad. El suelo de la Isla de los Estados es por todas partes húmedo y turboso; no ofrece recurso alguno. Aquel que deja la prisión no obtiene más ventaja que una ruda diversión en la monotonía de su exilio. Una o dos noches pasadas a cielo raso, a la intemperie y las angustias del hambre calman bien pronto todo humor vagabundo. En cuanto a la fuga, es imposible. El estrecho Lemaire es demasiado ancho (cerca de 20 millas) y las corrientes tan violentas que impedirán su travesía a nado... Llueve, nieva o graniza en San Juan del Salvamento, doscientos cincuenta y dos días al año y tan solo hay sesenta días de calma... El cielo casi siempre está cubierto y el viento sopla con una velocidad término medio de siete y medio metros por segundo.

No es, pues, un Edén la Tierra de los Estados, y la suerte de los funcionarios que allí deben vivir tampoco es mucho más envidiable que la de los prisioneros que guardan..

Invitado por el ayudante señor Nicanor Fernández, a cargo de la subprefectura por ausencia de su titular, Gerlache participa de una peculiar comida compuesta de tres platos de carnero, preparado de manera diferente. "Carnero y siempre carnero -comenta- esta es la única carne que traen los transportes argentinos, procurada en Ushuaia o Harberton". "Los comensales -agrega- son además del señor Fernández y los miembros de la Expedición, el doctor Ferrand, dos subtenientes, un prisionero distinguido, el capitán C y su mujer. El capitán C ha sido condenado a perpetuidad por haber muerto a un superior y su joven esposa, queriendo compartir las miserias de este terrible exilio y atenuarlas con su presencia, ha tenido el admirable coraje de acompañarle". Días después, en compañía del capitán C y del Doctor Ferrand, recorre las roquerías de pingüinos, cormoranes y otarios de las inmediaciones de San Juan del Salvamento.

El capitán C, el singular "prisionero distinguido", que llama la atención de Gerlache, -singular por su alcurnia social, por su educación europea, su mala estrella en Zárate, en Mendoza, en Curamalal-, no es otro que el capitán de Guardias Nacionales Juan Carlos Castex. Su última desventura ocurre al promediar 1896. en la noche del 2 de junio, en el Campamento de Curamalal, Castex mata de un tiro de revólver a su subordinado, el teniente Federico Kuls.

El 30 de septiembre el Consejo Supremo de Guerra lo condena a presidio por tiempo indeterminado por el delito de homicidio alevoso con una circunstancia atenuante. Esa circunstancia -haber observado el reo buena conducta antes de cometer su delito- le salva, por segunda vez, de la pena capital. Días después se dispone que cumpla la condena en la Isla de los Estados, "hasta tanto se establezca el presidio militar". A bordo del Villarino, el 3 de diciembre parte para el sur. Cuatro años permanece en la isla, primero en San Juan del Salvamento y luego en Puerto Cook.

El 18 de noviembre de 1902 un decreto del Poder Ejecutivo dispone que el capitán Castex sea trasladado desde la cárcel de Ushuaia donde se hallaba detenido a la prisión militar de Puerto Cook. Pero debido a que el presidio se encontraba en proceso de cierre el traslado nunca se produjo.

Castex continuó cumpliendo su condena en Ushuaia donde tuvo un destacado rol de educador entre los reclusos. Pero tendría allí la ocasión de iniciar su actividad periodística, teniéndose claros indicios que fue el director del primer periódico de Tierra del Fuego, denominado “La Risa”, firmando sus editoriales bajo el seudónimo de “Tehuelche”.

Ese primer medio gráfico fueguino aparece el 14 de diciembre de 1902, definiéndose como un semanario noticioso poco literario e independiente y se edita en cuatro páginas manuscritas. A partir de enero de 1903, se transforma en “El Fueguino”, luego de haberse editado tres números de su antecesor.

Recién a partir del número 10 comienza a ser editado en la imprenta de la Cárcel de  Reincidentes. El 9 de julio de 1903, el presidente Julio Argentino Roca, le conmuta a Castex la pena de reclusión por la de confinamiento en el territorio santacruceño. Aquí, en Río Gallegos, pone en marcha “El Censor”,  comenzando  un nuevo y destacado paso por el periodismo gráfico.

De Patagonias Rebeldes y Luchas Obreras

Para retratar a Amador Víctor González reproducimos este artículo de La Voz de Galicia con una maravillosa narrativa.

Amador González, el cronista mindoniense en la Patagonia

Colaboró en La Verdad y La Opinión Española y fundó La Gaceta del Sur, que fue una referencia y un compromiso en las luchas sociales

Mondoñedo, como Galicia, no es ni grande ni pequeña. Es inabarcable, inmarchitable y hasta eterna. Su huella está presente en insospechados lugares e insólitos acontecimientos. Por eso no extraña que, en la ciudad de Guevara, Lence, Cunqueiro o Juan Ramón Díaz, un mindoniense, Amador Víctor González, sea el gran cronista de la Patagonia argentina y rebelde. De los trágicos sucesos que, en los años 20, se saldaron con 1.500 trabajadores y peones rurales fusilados.

Amador nació en Mondoñedo el 19 de julio de 1890. Emigró con sus padres a Buenos Aires y allí, entre tertulias de bohemios y artistas y una ardiente Argentina con muchos inmigrantes europeos en condiciones míseras, mamó las radicales ideas que desembocarían en el triunfo de la Revolución rusa. A los 15 años ya era un agitador y un activista social. Militó en el anarquismo, el socialismo y el radicalismo. Y por alguno de sus actos y escritos sufrió cárcel y destierro.

Periódicos folletos y versos

En 1909 encontró un empleo en Río Gallegos, la capital de la provincia de Santa Cruz. Era tipógrafo y se ocupó en una imprenta que acabó comprando. Desde el principio, la Patagonia lo ganó para siempre y se implicó en ella. Colaboró en La Verdad y La Opinión Española y fundó un periódico, La Gaceta del Sur, que fue una referencia y un compromiso en las luchas sociales en la región.

Marcha a Chubut

En 1923 marchó a Chubut donde editó El Satírico y El Barrio y redactó El Independiente. Cinco años después regresó a Río Gallegos y publicó por su cuenta, de 1929 a 1930, la revista mensual Letras Patagónicas. En ese tiempo se empleó como Inspector Municipal y fue corresponsal de La Nueva Provincia de Bahía Blanca y El Diario Español y La Res, de Buenos Aires.

Era un hombre inquieto y dinámico. Dejó su trabajo funcionarial y marchó de nuevo a la ciudad de Comandante Luis Piedra para fundar La Voz del Pueblo que salió de 1939 a 1949. Ese año volvió a Rio Gallegos, a su imprenta y a editar una nueva publicación, La Voz del Pueblo, que fue dirigida primero por él y luego por su hijo, Víctor Roberto González, entre 1949 y 1958. Entonces, cuando el periódico vendía 6.000 ejemplares y vivía con desahogo, le llegó la muerte un 9 de abril de 1953.

Amador González escribió los folletos El día de la raza en 1916; La Región del Petróleo en 1926; Album biográfico ganadero, con vidas y gestas de los pioneros pobladores ingleses; y Relatos Patagónicos, autobiográficos, en 1935.

En 1940, apareció en la Editorial Tor su libro de versos Huerto Azul. Reúne poemas líricos sobre el gaucho, el ombú, la guitarra o el rancho, y otros laudatorios de personajes como Bernardino Rivadavia, «arquitecto de nuestras instituciones»; Sarmiento «prócer civil»; Alberdi «prócer del pensamiento»; Moreno «genio de la revolución»; y Artigas «libertador de tres pueblos».

Una tertulia en Buenos Aires, un paladín de la cultura y una calle que perpetúa su nombre en Ríos Gallegos

Amador González fue amigo de intelectuales y periodistas como Evaristo Carriego, Alberto Ghiraldo, Salvador Riese, Edmundo Lecourd o el profesor Odronoffs. Con ellos mantuvo, en 1909 y 1910, una tertulia en el Café de Iglesias y luego en el famoso Los Inmortales. De ese tiempo procede su seudónimo, Alma Viril, con el que reveló en el poema El Boicoteado las presiones sufridas en los años 20 y con el que enalteció la figura del profesor Odronoffs en El aplauso de mis versos, de 1929.

Estudiosos de los sucesos de la Patagonia -Osvaldo Bayer, Dolores Vieites o Pérez Leira- destacan la personalidad polifácetica de Amador. En un homenaje que el periódico Tiempo Sur le tributó el 22 de julio de 2009, se dice de él: “Fue un apasionado paladín de la cultura, un honesto obrero del progreso y un constante propugnador de la justicia en todas y cada una de sus manifestaciones. Y por encima de todo, fue un alma lírica por la inmensidad de la Patagonia”.
Además de escritor y periodista, el mindoniense también fue actor. Representaba por localidades del sur a tipos y a estampas porteñas de 1900 el compadrito, el conventillo, la mina, el tango, el arrabal- que él había vivido en su juventud en San Telmo, en Buenos Aires. En el Centro Gallego impartió charlas sobre Rosalía, Pardo Bazán o Concepción Arenal y sobre el carácter y la historia de Galicia.

Su trayectoria convirtió a Amador González en una referencia de la cultura sureña. También dejó plasmada su obra sobre las huelgas de 1921 en su libro titulado “El Espíritu Obrero de la Patagonia”. Nuestra entrega continuará el próximo fin de semana con la vida y obras de José María Borrero y Diego León Meneses.