Historias de Patagonia:Un símbolo de la Historia Patagónica

Rafaela Bedoya observó emocionada el certificado de adjudicación de su vivienda. Era un día 22 de enero del año mil ochocientos. En ese inicio del siglo, en Carmen de Patagones,  le notificaban la adjudicación de su casa para vivir junto a sus cinco hijos.
sábado, 20 de julio de 2019 · 22:21

*Mario Novack

Se le vino a la memoria esa imagen del fuego consumiendo su vivienda que habían construido junto a su esposo Manuel García, en la Colonia de Floridablanca, San Julián en enero de 1784.

  La corona española había dispuesto el abandono e incendio de la colonia para que ninguna potencia que surcara esos mares pudiera utilizar las construcciones levantadas. La experiencia colonizadora en San Julián había durado solamente cuatro años.

  Las llamas devoraron por completo las construcciones coloniales y la casa de Rafaela y Manuel  construída con los restos de un navío que había naufragado en la Bahía de San Julián. Ellos fueron la única familia de la Colonia reubicada en el Fuerte del Carmen, como pòr entonces se denominaba a Carmen de Patagones.

  Pero allí la vida tendría vicisitudes, privaciones y muchos sacrificios. La mayoría de los habitantes de la incipiente población debió vivir en cuevas construídas en la barranca del Río Negro, luego que una inundación destruyera las casas de adobe, a mediados de junio del año 1779.

  El 9 de junio de 1779 comenzó a soplar un fuerte viento que embraveció las olas provocadas por la marea. El día 13, a las 23, el agua contenida por el viento sur salió de madre y lo inundó todo. Felizmente el centinela dio la alarma y la gente se salvó en el techo del almacén. Del suceso se salvaron los víveres pues no se habían desembarcado, no así 200 panes y 2 quintales de galletas que estaban en el horno.

 Si bien la inundación duró nada más que media hora, Viedma comprendió que el río sería su constante enemigo, por lo que, con dolor, " determinó mudar la población a la parte norte en cuya margen solamente se encuentran sitios donde con seguridad se puede estar sin inundación alguna” y señala el propio fundador “ aunque carece de aquella tan dilatada, llana y fértil situación de la otra banda”.

Pero conozcamos como se impulsó la fundación de las colonias en la costa de la Patagonia desde el Reino de España.

 

 A poblar la Patagonia

El Plan de poblamiento puesto en marcha era insólito para la época ya que formaba parte de una estrategia general cuyo objetivo era activar la gran máquina comercial relacionado con la aplicación del reglamento del libre comercio.

Los hombres más representativos de esta empresa fueron el Ministro José de Gálvez; Jorge Astraudi, Comisario Intendente interino de Galicia encargado de la colectación de familias; y en el Río de la Plata, el Virrey Juan José de Vértiz.

El sistema para llevarlo adelante fue la Contrata de familias, que consistió en un documento por el cual se fijaron las condiciones que la Corona otorgaría a los que acudieran al llamado para ir al Río de la Plata y la obligación a la que se sujetaban los pobladores.

El método empleado resultó ser diferente del tipo de reclutamiento preponderante en el siglo XVI, este nuevo procedimiento representaba la adscripción a la tierra como sistema poblacional.

 En consecuencia, en el año 1778, se publicó en Galicia un bando ofreciendo a aquellas familias dispuestas a poblar la Patagonia: “tierras, semillas, instrumentos y salarios que les permitieran vivir en estas tierras”. El objetivo era reunir 200 familias pobres de labradores y artesanos “bien instruidas en las labores del campo” para servir de buen ejemplo a los indígenas.

 Luego la convocatoria se amplió y se contó con admitir además de paisanos y labradores, a artesanos de oficios útiles como herreros, carpinteros, albañiles y otros semejantes. Preferentemente debían ser hombres casados por sobre los solteros ya que se deseaba embarcar familias constituidas.

  Estas familias viajarían por cuenta del tesoro real, se les darían habitaciones en los lugares de destino, útiles para la labor, tierras en propiedad, una o dos yuntas para su beneficio, semillas para sembrar y se los mantendría por un año, desde el momento de la llegada a los nuevos establecimientos destinados por el Virrey.

  En principio, el objetivo consistió en desplegar una adecuada labor propagandística en el reino de Galicia; sin embargo, la particularidad de este sistema de reclutamiento no establecía cuándo se les haría entrega de las tierras en carácter de propiedad, no dejaba espacio para el regreso al lugar de origen y no especificaba el lugar en donde se situarían los nuevos establecimientos.

  Estos aspectos desmotivaron a los migrantes gallegos a embarcarse en este proyecto poblacional, por esta causa la Corona española amplió geográficamente la zona de colectación, es así como Astraudi convocó a los corregidores y comisionados de otras provincias, sumando así familias provenientes de Asturias y Castilla y León.

Rafaela Bedoya arribó a estas tierras del Plata a finales del año 1780 y era, al igual que su hermano Santiago, naturales de Amusco, una ciudad española cargada de historia y que forma parte de la provincia de Palencia. Desde allí embarcaron en busca de una vida mejor, algo que les dijeron estaba en América y concretamente en la Patagonia, con la fundación de la Colonia de Floridablanca.

En el lugar su vida tendría un desenlace inesperado y un casamiento cargado de simbolismo, ya que se concretó un 8 de marzo de 1781, siglos después fecha consagrada como “Día de la Mujer”

En forma textual el documento de aprobación de la boda sostiene que “ existe sospecha de ilícito trato de Santiago Bedoya para con su hermana Rafaela, a la que – por este motivo – se obligó a casar con Manuel García”.

Ese sería un desenlace para una historia que incluía el destierro de su hermano hacia el Río Negro en otro de los asentamientos de la Corona Española en el sur del  continente.

Según la definición “ilícito trato” es aquel “ que no está permitido por la ley o no es conforme a la moral.”, abriendo un amplio abanico de conjeturas del trato hacia Rafaela.

Manuel García era peón de caballada y formaba parte del contingente de españoles que se hicieron a la aventura de conquistar nuevas tierras. Su acuerdo de casamiento, suscripto con autoridades de la colonia incluía permanecer en Floridablanca por el término de seis años, ejerciendo el oficio de panadero.

   Allí vivió el matrimonio García-Bedoya hasta que se dispusiera el abandono de Floridablanca y su llegada a Carmen de Patagones.

 La vida en cuevas

La arenisca ofrecía la ventaja de ser cavada con facilidad debido a su escasa consistencia, las cuevas en ella labradas ofrecían un buen espacio de protección contra los fuertes vientos y el frío de la zona.

Estas estructuras se comunicaban al exterior únicamente a través de una única puerta y de la ventilación para el humo cavada en el fondo de las mis-mas, de esta forma se mantenía el calor (de los braseros) en invierno y el fresco en verano.

Por lo tanto rapidez, habilidad y astucia fueron las respuestas y el lema de este paraje colonial periférico

 

Fue así como los primeros pobladores habitaron en estas estructuras de cavado en una considerable austeridad. Con el transcurrir de los años, estos espacios se fueron perfeccionando y haciendo más aptos para una supervivencia más confortable

Para el año 1800, la situación habitacional de los colonos no había cambiado, los entonces Comandante y Ministro de Real Hacienda del Río Negro, Joaquín Maestre y Pedro Fermín Indart (respectivamente), informaron al entonces Virrey Avilés, en carta del 8-10-1800, que los pobladores

“fueron colocados el principio en unos ranchos de paja y junco que se hicieron al efecto pero por su poca consistencia y duración se les arruinaron en poco tiempo y como la Real Hacienda no tenía suficientes auxilios ni tampoco la superioridad había determinado sobre las habitaciones que se les debía dar, se vieron precisados a alojarse en unas cuevas que labraron a sus expensas y hasta ahora subsisten en ellas, pero pronto cesará este motivo porque la Real Hacienda les está fabricando las habitaciones ofrecidas por la citada Real Orden…”

Esas fueron algunas de las peripecias que debieron atravesar Rafaela y su familia, constituida en el año 1800 con cinco hijos, celebrando el día 22 de enero, el momento en que fuera finalmente titular de una vivienda nueva  construída por el gobierno virreinal.

La presencia de los fundadores de Floridablanca en su posterior y definitivo afincamiento, nos muestra que la permanencia de los García-Bedoya se extiende hasta el presente.

Como elemento histórico citamos que en el Registro de Matrimonios se especifica en la unión Nº 125 ratifica este hecho, manifestando que Teodora García (hija de fundadores de San Julián), se unió en 1813 con Miguel Gastar, vecino de Maldonado; para ese año todos los mencionados ya eran vecinos de Nuestra Señora del Carmen

Rafaela Bedoya quedará en la historia como emblema de lucha de las mujeres que vinieron a habitar esta región y su simbólica fecha de casamiento, pero además como un símbolo del pasado de poblamiento y ocupación de estas latitudes..