Historias de Patagonia: La tragedia del 95

La figura de Emilia Neil despidiéndose de sus compañeros de la Escuela Nº 1 de Río Gallegos aún perdura en la retina de quienes compartieron sus horas de labor docente.
sábado, 6 de julio de 2019 · 16:45

* Mario Novack

Emilia era esposa del suboficial de la Fuerza Aérea Arturo Vergara y madre de tres hijos, víctimas todos de la caída del avión Fokker F 27 que había desde Comodoro Rivadavia y luego de realizar una escala en Villa Reynolds, San Luis,  pretendía llegar a la ciudad de Córdoba.

El motivo del viaje era celebrar el egreso de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea, instituto de formación creado el 11 de febrero de 1944, por decreto 362 con la misión de la formación del Personal Militar Subalterno de Aeronáutica en el Escalafón Técnico.

El Fokker F27 era un avión biturbo hélice de origen holandés y llevaba en aquella época, curiosamente, 25 años volando para la Fuerza Aérea Argentina; el mismo tiempo que intentaba festejar de promoción la mayoría de sus pasajeros con sus familias.

Luego del abordaje de los 14 pasajeros que viajaban en Río Gallegos, en las primeras horas de la tarde el aparato despego desde Comodoro Rivadavia completando el pasaje otros 38 ocupantes, entre pasajeros y tripulación.

Al llegar a Reynolds las condiciones meteorológicas cambiaron dramáticamente con tormentas eléctricas, lluvia intensa y fuerte viento. Sin embargo, como desafiando a la naturaleza, el Fokker siguió viaje, hasta estrellarse contra el cerro San Agustín, a unos 2.450 metros de altura, en las denominadas Sierras Grandes.

Emilia Neil era docente de la Escuela Nº 1, la más antigua de Río Gallegos y una de sus compañeras la recuerda como una excelente persona y muy comprometida con su labor.

Algo no está bien

“Factores meteorológicos adversos”, fueron las tres palabras que utilizó la Fuerza Aérea para resumir las presuntas causas de aquella tragedia aérea. A las 20:25 del miércoles 8 de noviembre se declaró la emergencia y sobre las 21 los lugareños aseguraron haber visto “una bola de fuego” en la altura del cerro, pese a la lluvia que caía al momento del impacto.
De inmediato se organizaron las tareas de rescate, que se vieron dificultadas por la geografía del lugar (zona de bosques y montañas) y por la fuerte lluvia.
 Nuestra colega Carina Mongi, corresponsal del diario La Voz del Interior, escribió una impecable crónica hace dos años, titulada “Viaje a lo que queda de nuestra peor tragedia aérea”, donde luego de llegar al lugar reconstruye los acontecimientos de aquel fatal día.

El suboficial José Gutiérrez, junto a otros compañeros cordobeses de la promoción 35, eran los encargados de la logística y de la organización de la fiesta. Como era tradición con cada grupo que cumplía 25 años de ingreso a la escuela, las celebraciones duraban varios días.

Más de un centenar de egresados junto a sus familias se alojarían tres días en el hotel de Luz y Fuerza en Villa Giardino. Gutiérrez estaba a cargo de la coordinación de los compañeros que comenzaban a llegar en colectivos.

“Me llamaron para avisarme que el avión estaba demorado; cuando miré la hora me di cuenta de que no era una demora más, que algo les había pasado”, recuerda ahora. Momentos después, la noticia no deseada se escuchaba en la radio.

La reunión de Giardino se redujo a lo protocolar, sin espacio para festejos. Fue puro dolor.

No es fácil llegar al sitio donde se estrelló el avión. Hay que transitar unos 25 kilómetros de ripio desde Villa Yacanto (en Calamuchita) por el camino que conduce al cerro los Linderos, hasta el punto conocido como “bifurcación”. Hasta allí, con esfuerzo, se llega en vehículo.

Desde ahí, queda una caminata de unos 10 kilómetros en la que hay que atravesar minas de cuarzo y mica, explotadas en otros tiempos de forma artesanal, una pampa de pajonales y senderos escarpados y pedregosos. Absolutamente deshabitados. Ahí aparece la imponente Quebrada de La Irma.

Y en lo alto, una cruz blanca es el triste mojón que señala que unos metros hacia abajo está lo queda del Fokker. Una gruta concentra la mayoría de las placas, aunque hay algunas sueltas en otros rincones. Las tres cruces se asoman hacia los restos del avión que se salvaron del pillaje.

Las tres familias de Río Gallegos

De nuestra ciudad las víctimas fueron el suboficial Julio Suárez, Marta Correa de Suárez, A, Suárez, M. Suárez, suboficial Arturo Vergara, Emilia Neil de Vergara, Arturo Vergara (hijo), E. Vergara, Claudia Vergara, suboficial Benito Olmedo, Silvia Muñoz de Olmedo, D. Olmedo, S. Olmedo y S. Olmedo.

Se los continúa recordando con gran respeto y estima a las víctimas de la tragedia aérea y se habla además de una extraña premonición que habría tenido la hija del suboficial Olmedo.

“Ella no quería realizar ese viaje porque días antes había soñado que toda su familia iba a morir por la caída de un avión, según relató a sus compañeras de colegio.
Después del accidente, la madre de una de las compañeras de la menor, reveló: “Laurita les contó a los chicos que había soñado que un avión en el que viajaba con su familia, se partía en dos”. Asombrada y consternada por la fatal coincidencia, esa mujer prefirió no dar su identidad por respeto a la confidencia de su hijo de 11 años.

La docente Nora Consiglio recuerda la partida de Emilia Neil y el enorme pesar que vivieron sus compañeros. “Tiempo después de la tragedia abrimos su armario y encontramos que había dejado listo para la entrega de boletines, como cumpliendo con su deber.”

Es de recordar que las clases concluían a fines de noviembre y el accidente fue el día 8 de ese mes. Cuando vino su hermana a retirar las pertenencias nos quedamos impactados por el parecido físico entre ambas. Parecía que había vuelto Emilia, dijo Consiglio.

La explosión de la Fabrica Militar en Río Tercero opacó la noticia de esta tragedia aérea, que sigue siendo hasta el presente la mayor en la historia de la provincia de Córdoba.