Historias de Patagonia: Un muerto por error

El joven oficial entra agitado a la oficina del jefe de la Policía del Territorio Nacional de Santa Cruz... y rápidamente pregunta...“Comisario…se enteró de la última…?. Eduardo Victoriano Taret levanta la mirada y responde “si no me dice de que se trata no tengo como saber”.
domingo, 14 de marzo de 2021 · 00:07

* Mario Novack 

Olegario Salgado, joven escribiente recientemente ascendido inicia el relato. “Se acuerda del asesinato de nuestro camarada José Manuel Sarlo, en Lago Argentino..?. Parece que al criminal  le rechazaron el pedido de reducción de condena”.

“Fue un caso impactante, me acuerdo”, dice Taret, ya acostumbrado a enterarse de las resoluciones judiciales, pero ésta en particular lo conmueve. “Salgado, fue un hecho desgraciado, el tipo que mató a Sarlo se llama Carlos Aravena Segovia. Una noche decidió mamado  matar a su hermana, que se dedicaba a la prostitución, en Lago Argentino”.

“La hermana, llamada Carmen, se dedicaba a eso y anduvo por varios pueblos después del episodio. Suena increíble la excusa

del asesino, porque dormía y comía en esa “casita”, con la plata que su hermana ganaba”, acota Taret.

Salgado interrumpe consultando, pero porque intentó matarla..?  “Escribiente, responde el jefe, la excusa o el motivo es que decía que todos se burlaban de él, por tener una hermana prostituta. Pero lo más significativo fue que él le dispara a su hermana, se va a dormir y cuando se le pasó la borrachera fue al destacamento policial, dispuesto a entregarse”.

  “Y sabe que pasó..?..los milicos no salían de su asombro cuando dijo ”vengo a entregarme porque anoche maté a mi hermana Carmen en el prostíbulo. Ahí nomás lo detuvieron, pero le aclararon “su hermana está herida, pero bien, al que mató usted fue al sargento Sarlo, un hombre de la fuerza”, añade Taret.

 

  “Y eso cuando fue ?”, vuelve a preguntar el escribiente .”Exactamente un dos de junio de 1927, me acuerdo porque ese jueves era el cumpleaños de mi madre. Le cuento que todos lo consideraban un buen tipo, pero dos gotas de alcohol lo perdían. Al parecer no registró que uno de esos disparos, creo que el tercero, lo terminó matando a Sarlo”, añade Taret.

  “Y el sargento Sarlo, que hacía allí ?”, pregunta Salgado. “No está claro”, responde el jefe levantando sus hombros,” aparentemente sería el lugar y la hora equivocada”. Lo concreto es que al tipo le dieron 17 años de condena, fue el juez Vidal el que rechazó el pedido de reducción de condena, según trascendió y ahora usted me confirma”, añade el jefe de policía.

El escribiente Salgado oscila entre la curiosidad y la ansiedad y saca la copia del fallo del juez Germán Vidal, que un conocido del juzgado le acercara. “En relación al pedido de reducción de pena, que el penal de Ushuaia solicitara para el condenado Carlos Aravena Segovia, comienza diciendo el fallo.

“Si bien se destaca su muy buena conducta, este solo elemento no basta para conceder su libertad condicional, ya que la excusa dada para justificar el delito, de bochorno y vergüenza e indignación por el comercio carnal que ejercía su hermana y las burlas que por ello le hacían sus amigos”, es una simulación burda, pues ese comercio era ejercido desde hace varios años atrás, con su conocimiento, ya que en el lenocinio en que vivía Carmen, Carlos Aravena, su hermano era cliente diario y comía y dormía en afectuosa camaradería con aquella y que al retirarse Carmen con las otras pupilas, es cuando estalla su propósito homicida, es decir cuando estaba eliminada la causa de su vergüenza, lo que demuestra la peligrosidad del sujeto”.

El escribiente hace silencio, entonces el jefe Taret, le inquiere. Que pasa Salgado que no sigue…?. El joven policía consulta “jefe que es un lenocinio..?..El comisario larga una prolongada carcajada y acota, “es un lupanar, casita, prostíbulo, como quiera llamarle. Pero siga con lo que dice la lectura del fallo”, ordena.

“Dice que no alcanza con la buena conducta, ya que no se modifican con esta calificación las causas de esa peligrosidad, osea sus sentimientos pervertidos, falta de moral y asesinato alevoso de un policía. Y si se restituyera al seno de la sociedad a un delincuente que ha demostrado tales condiciones, se desvirtuaría uno de los efectos fundamentales de la pena, que es Educar con el Ejemplo.”, cierra su relato el escribiente Salgado.

“Nada más ?”, consulta Taret. El joven Salgado asiente con la cabeza y en un momento plantea…”y que irá a pasar con esto ?”. “Vea pibe, seguramente lo apelarán sus abogados, así que el tiempo nos dirá lo que suceda”, añade el Jefe de la Policía.

 Efectivamente, cuando han pasado algo más de siete meses se conoce la sentencia de la Corte Suprema, que al amparo del artículo 13 del Código Penal y basados en su muy buena conducta y el cumplimiento de los dos tercios de la condena, otorga la libertad condicional a Carlos Aravena, el 30 de marzo de 1936.

Pero el tiempo y la historia se reservan varias ironías para el liberado. Cuando se dispone el traslado del cementerio de Lago Argentino de la anterior a la actual ubicación, Carlos Aravena ya había sido contratado por la Comisión de Fomento.

 Y seguramente habrá rememorado aquella fatídica noche de junio de 1927, ya que le tocó exhumar y volver a sepultar al oficial a quien le quitó la vida, cuando el blanco en cuestión era su hermana Carmen Aravena.

Al sargento José Manuel Sarlo, se lo ascendió post morten al grado de Oficial de la Policía del Territorio Nacional de Santa Cruz. Agradecimiento especial a la amiga y escritora Patricia Halvorsen por el aporte brindado para hacer conocer esta historia.

Otras Noticias