Historias de Patagonia: La historia de “Ramón Santos”

“Papá quien era Ramón Santos ?”, pregunta curiosa mi hija Angie. Yo miro por el espejo retrovisor y le respondo un tanto sorprendido. “Mirá Panchin cuando lleguemos a Río Gallegos te prometo que lo voy averiguar. Sinceramente, no sé”.
domingo, 4 de abril de 2021 · 12:45

*Mario Novack

El dialogo surge luego que el vehículo familiar atravesara de regreso  de vacaciones el puesto policial “Ramón Santos”, casi en el límite con Chubut y más cerca de Comodoro Rivadavia que de Caleta Olivia, portal de ingreso a Santa Cruz.

En el Archivo Policial se destaca la historia de las muertes del cabo Grippo y el principal Santos, allá por el año 1961, un 30 de noviembre. Ahí voy en busca de  los documentos y como en una película los hechos toman los movimientos  de ese fatídico día, el último de noviembre y el último, también, en la vida de ambos policías.

  El capitán de corbeta Eduardo René Fracassi entra presuroso a la Casa de Gobierno para informar a quien ha quedado al frente de la gobernación, de una trágica jornada en las localidades de Cañadon Seco y Pico Truncado.

  “Que pasó..? pregunta Luis Victorino Carrizo, entonces gobernador  luego del desplazamiento de Mario Cástulo Paradelo. “Hubo un tiroteo en Truncado y antes en Cañadón Seco y mataron a dos efectivos de la policía”, responde Fracassi.

  “Recién llegaron los radiogramas informándonos. Todo Pico Truncado está azorado por el hecho y ni le cuento Cañadón Seco. Todo empezó con un asalto a un comercio en Comodoro Rivadavia”.

Carrizo recuesta su delgada humanidad en el sillón del despacho en la casa de Gobierno  dispuesto a escuchar el desarrollo de los hechos. Afuera los medios de prensa buscan mayor información. Los dos diarios de la ciudad – La Opinión Austral” y “El Pais”, junto a LU12 y la novel LU14, que comenzó sus emisiones hace seis meses, apostaron a sus periodistas en la gobernación.

Mario Marazzi, periodista de “El Pais” y LU14,  va y viene con nerviosa ansiedad, quiere la primicia y confirmar algunos trascendidos acerca de los hechos. Es jueves, día raro para que estas cosas sucedan. En el ámbito policial los episodios de sangre se contaban casi siempre los fines de semana, generalmente en bares y prostíbulos.

En Comodoro Rivadavia, el taxista Ramón Lorenzo se esfuerza por meterle horas a su recorrido. Tiene que aprovechar que comienzan los cobros de petroleros y empleados públicos en una semana donde hay plata en la calle.

De pronto, mientras se encuentra esperando el paso en un cruce de calles dos hombres se introducen a su rodado. “Quedate piola o te quemamos” le dicen mientras siente el frío del arma en la nuca.

 “Dale, metele pata que tenemos que salir de acá, toda la policía nos va a buscar, así que rajemos para Santa Cruz”, dice gritando Raúl Jorge Olagaray, quién junto a su cómplice Juan Emilio Gatica, ambos evadidos de la cárcel de San Luis, han asaltado hace instantes un comercio en esa ciudad.

La policía de Chubut ha cerrado todas las salidas hacia el sur y el norte. “Vos conoces la zona, andá por donde no estén apostados los milicos” ordena nervioso Olagaray. El auto elude los controles por otros caminos y llega finalmente a Cañadón Seco, donde ambos sujetos tienen amigos. 

Gatica se queda cuidando al taxista Lorenzo, mientras Olagaray trata de hacerse de algunos pesos y obtener refugio para él y su cómplice. Pero en un descuido Ramón Lorenzo consigue huir y corriendo llega a la sede policial.

Le cuenta lo sucedido  al agente Grippo  que en ese momento se encontraba  de guardia con un solo detenido, ni más ni menos que otro agente que cumplía arresto disciplinario. “Dígame que auto es y las características de los delincuentes para buscarlos”, dice Grippo.

No tuvo mucho para recorrer, dado que en inmediaciones de la comisaría ubicó al auto y al estar casi a dos metros del rodado Olagaray le dispara en el pecho provocándole  la muerte en forma instantánea. El asesino se acerca y despoja del arma reglamentaria al policía muerto, entregándosela a Gatica, que hasta entonces estaba desarmado.

“Vamos carajo”,  grita Olagaray poniendo rumbo a Pico Truncado. “Allá tenemos al amigo Juan Mata, que seguramente nos podrá guardar mientras nos siguen buscando”. El delincuente no toma dimensión de la cacería que ya se ha montado.

Pico Truncado es una pequeña población, pero vislumbra un crecimiento vertiginoso, a la luz del desarrollo del petróleo y el gas en la zona. “Buscamos la casa de Juan Mata,” dice Gatica, tratando de guiarse, mientras pregunta a unos vecinos cerca de la estación de servicios.

Cuando ubican la casa, en realidad una pequeña habitación, rompen la puerta de entrada y se instalan allí. Poco dura su tranquilidad, ya que algunos minutos después la policía llega continuando un raid de búsqueda por la localidad.

Es que ya los efectivos de Pico Truncado, Cañadón Seco y Caleta Olivia se han dispuesto con móviles y hombres tratando de dar con los delincuentes. El oficial principal Ramón Santos, a cargo de la partida de búsqueda desciende del patrullero y se dispone a verificar la presencia de Gatica y Olagaray en el lugar.

“Suboficial Aguilar fíjese si hay alguien adentro”, ordena Santos. El subordinado patea la puerta, ingresa al lugar y luego de una rápida revisión responde “no se vé a nadie señor”. El principal Santos desconfía y se acerca al inmueble para cerciorarse justo en el momento en que por la abertura que separa la puerta de la pared suena un disparo que le atravesaría el brazo izquierdo y se introduce por la cavidad axilar. El joven oficial se desploma a un metro de la puerta.

A partir de ese momento se produce un intenso intercambio de disparos, hasta que se abre la puerta y sale Olagaray esgrimiendo la pistola y disparando hacia los efectivos policiales y al Principal Santos que yacía mal herido en el suelo. Pocos segundos duró la acción del delincuente, que al recibir varios impactos de bala, cae sin vida. Gatica, en el interior de la habitación observando los hechos, en forma inmediata se entrega a los efectivos policiales.

 

Gatica fue detenido, juzgado y condenado por los hechos a seis años de prisión, hasta que recuperó su libertad condicional un 7 de diciembre de 1965. Desde 1966 en adelante, se dedicó a la vida nocturna, sin tener un domicilio estable. Sin embargo, su ligazón con el delito continuó por mucho tiempo, se diría hasta el final de sus días.

Eso ocurrió en 1980 en la localidad de Puerto Santa Cruz, cuando una mujer de la noche apodada “La Nena”, al mejor estilo de Margarita Di Tulio ( Pepita la Pistolera ) primereó a Gatica, disparándole con un arma de fuego.  El impacto mortal se llevó la vida de este delincuente, que ni siquiera tuvo la posibilidad de usar su arma.

El entonces jefe de Policía, Eduardo René Fracassi,  luego con el grado de contralmirante fue procesado, juzgado y detenido al ser hallado culpable de los delitos de lesa humanidad, cuando fue demostrada su participación activa en los centros clandestinos de detención, durante la última dictadura militar, iniciada el 24 de marzo de 1976.

  El 25 de noviembre de 2015 fue condenado a prisión perpetua, junto a otras 21 represores  procesados también bajo el mismo cargo. Dos años después la Cámara Federal rechazó un pedido de prescripción de la causa, que los abogados defensores de Fracassi habían presentado.

En tanto, el chubutense de raíces santiagueñas Luis Victorino Carrizo, que gobernó Santa Cruz, luego de la destitución de Mario Cástulo Paradelo regresó a nuestra provincia para recibir un reconocimiento por parte de la Legislatura Provincial en el año 2017. Como curiosa coincidencia también un 30 de noviembre, la fecha en que mataron al cabo Grippo y al subcomisario Santos.

 

 

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