La Cruz de los Soldados de la Paz en Güer Aike

A través de la red social del facebook y de la historia del piloto Daniel Herlein, es que se conoce el real origen de la cruz de madera en el paraje de Güer Aike, una historia que merece ser conocida y valorada.
sábado, 17 de noviembre de 2018 · 11:50

Tal vez pocos lo saben, probablemente a quienes la han observado durante muchos años les parezca un simbolismo religioso más que pende del bajo cerro el cual domina la ruta de acceso a la capital de Santa Cruz, a 28 kms del ingreso a la ciudad de Río Gallegos. Luce como una simple y enorme cruz de madera, hecha de postes de luz, pero plantada allí como símbolo de la paz por hombres de la guerra cuya historia tan grande y dolorosa como esperanzadora, contrasta con su simpleza y la humildad de su estructura, que en diciembre de este año cumplirá 40 años de permanencia redentora y vigilante de la paz entre dos pueblos: Argentina y Chile.

Como la foto icónica de Iwo Jima que inmortalizó la llegada de las tropas americanas al monte Suribachi en la segunda guerra mundial, pero lejos de aquella impronta y argumentación belicista, salvando la distancias conceptuales de los hechos, el contexto y la historia, aquí en Río Gallegos, sobre el cerro de Güer Aike subsiste un símbolo de similar importancia histórica plantado allí por un grupo de 25 soldados de Ejército Argentino, no sin poco esfuerzo y sorteando contrariedades, oposiciones de todo tipo y también aliento y colaboración, a principio de diciembre de 1978 cuando con sus propias manos instalaron una enorme cruz de palos de alumbrado, como ofrenda de paz ante la inminente guerra que amenazaba a los países hermanos, resultado de un conflicto limítrofe llevado al paroxismo por las dictaduras de ambos lados de la cordillera.

Uno de aquellos actores contemporáneos fue Daniel Herlein. Piloto, soldado y amante de la paz, que transcurrió muchas horas a bordo de su A4B Sky Hawk, esperando la fatídica orden de despegue para atacar Pudahuel, la que nunca llegó. Quizás la cruz desesperada pero potente, tal vez el corazón del hombre y la intervención a tiempo del Papa Juan Pablo II, construyó la sinergia que logró la paz y nos sacó a ambos países en la oscuridad.

“Mucha gente no tiene idea de lo que significa esa cruz de madera en la barranca de Güer Aike – recuerda Herlein – fue el año que estuvimos en peligro, el momento más difícil y cuando las contiendas se precipitaban imparables, allí cuando la guerra parecía inminente y un grupo de soldados quienes sabíamos cumplir las órdenes pero deseábamos fervientemente la paz, peleamos en silencio por ella, por nosotros, por los soldados chilenos y por los dos pueblos a quienes los atraviesan las mismas historias, los mismos problemas y similares necesidades, en medio de sus respectivas construcciones como naciones”, reflexionó.

“Mucho tiempo después de que colocaran allí nuestra cruz, entronaron en el lugar a la Virgen de Guer Aike, venerada año tras año por todo el pueblo de Santa Cruz, dándole al lugar una fuerza espiritual increíble y reforzando aún más el simbolismo de nuestra Cruz de la Paz, precedida de una historia tan desesperada como esperanzadora; aquella esperanza que soñaron todos los que decidieron plantarla en ese lugar”, rememoró Herlein..

Cuando le preguntamos a Daniel cuál era su mayor deseo a 40 años de aquella ofrenda a la paz, el piloto no eludió la pregunta y fue concreto al expresar “Creo que este verdadero símbolo del esfuerzo, la constancia y la voluntad para lograr la paz debe ser conocido y valorado por el pueblo de Río Gallegos, la provincia de Santa Cruz y también ser conocido y reconocido en todo el país, porque fue un sacrificio valiente de quienes le dijimos NO a la guerra y todo sucedió acá, tan cerquita de todos nosotros que nos aturden aún los ruegos de aquellos rezando por la paz de nuestros pueblos”.

Sobre la misma pregunta, Herlein amplió su opinión “Yo pretendo, humildemente, que la gente le de la dimensión que tiene esto y les pido a los devotos de la Virgen María que año a año realizamos la peregrinación hasta el cerro de su emplazamiento, junto a la Cruz de la Paz, que saludemos a este valioso símbolo tan humano y potente, lo incluyamos dentro de nuestras oraciones y los integremos a nuestros ruegos de fe y esperanzas para todos, porque indudablemente no hay más representativo de estos dos maravillosos deseos, que esa cruz de palos enclavada allí hace 40 años atrás”.

Finalmente Daniel Herlein señaló “Yo participé como piloto de combate de esa contienda y sufrí la pérdidas de varios compañeros durante los preparativos pre bélicos. Necesito que por el recuerdo de ellos quienes dieron su vida por la Patria y conformaban el gran espíritu de la Fuerza Aérea a la que siempre pertenecí, también se reverencie esa Cruz. Mi lema existencial, después de esta profunda experiencia de vida ha sido y es “Por Dios, la Patria y por la Paz”. Benditos sean soldados Clase `59 del Ejército Argentino de Río Gallegos y bienvenida la conciencia y la reconciliación de aquellos hombres que aún pueden y quieren pensar en el bien común”, concluyó el piloto.

Fuente Facebook

 

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