Peralta y la crisis de identidad

El paso del tiempo parece haber cambiado a un gobernador que en 2007 llegó mostrando una cara y un estilo de política muy diferente al que todos ven hoy. Por eso, un respaso a la historia reciente del "nuevo viejo Daniel Román".

lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00

 **Por Brian Soto

Al prender la radio el otro día escuche al nuevo gobernador asumir.

Era firme, fuerte, comprometido. Hablaba de diálogo, de que todos teníamos que poner nuestro aporte para sacar la provincia adelante; parecía comprometido y remarcaba la necesidad de que los que más tienen hagan el esfuerzo mayor. Hablaba de “los del gobierno anterior” como malos administradores y de que ahora la cosa iba a cambiar.

Casi me emocionó su tono y su firmeza.

Pero después pienso. Che, ¿esta voz no la conozco? ¿No la tengo de algún lado? Mmmm…Me suena… me suena…

¿Pero quién será? Para sacarme la duda prendo la tele, engancho canal nueve, y ahí lo veo. Rodeado por un sequito de “militantes” propios que le gritaban ¡DANIEL DANIEL! y aplaudían cualquier pausa que el realizaba.

Era él. El mismo. Era el mismo de ayer, antes de ayer, la semana pasada, el año pasado, el periodo pasado… El mismo de hace seis años.

Era Daniel Román. Fuerza Daniel. Pila Daniel. Aguante Daniel.

Era el gobernador que supimos conseguir desde hace seis años.

Parecía otro. Por lo menos desde lo discursivo, pero era el mismo.

Tuve un momento de, digamos, cierta conmoción, porque, ¿este era el mismo o no era el mismo?  Ahora decía lo que antes criticaba, reconocía lo que antes negaba y prometía lo que no cumplió… sonaba raro.

Lo sorprendente de este nuevo viejo Peralta no sólo era el tono y la forma, sino sobre todo el discurso: el contenido.

Hablaba de diálogo, de consenso, de esfuerzo compartido.

Hablaba de todo eso después de haber reprimido a los manifestantes que rechazaron su ajuste de manera salvaje frente la legislatura provincial hace apenas semanas.

El Peralta nuevo parecía calmado y moderado pero no propuso ninguna respuesta a la crisis estructural, de la que dijo no ser responsable, sino que los responsables somos todos.

Al parecer, Peralta descubrió ahora que su gobierno está gastando plata en cosas no tan necesarias. Como los millones de pesos que gasta para que sus funcionarios, ministros, secretarios, custodios, padres, hijos, amigos anden en camionetas cuatro por cuatro que sus sueldos jamás alcanzarían a pagar. Como los miles de pesos que gasta por mes para comida y refacciones en la residencia, a la que hizo poner nueve televisores de última generación cada uno con sistema de televisión satelital. Como el cocinero personal que tiene todo el tiempo a disposición. O los custodios que siguen a toda su familia como si fuera una estrella de rock.

Descubrió eso y ahora se compromete a recortar los gastos que pueden llegar a ser innecesarios…. Pero que viene pagando hace rato.

El Peralta nuevo parece desconocer al Peralta anterior. Con su costoso traje a medida nos habla de que no va a gastar más en “boludeces” y que todos tenemos que hacer lo mismo.

Pide comprensión a todos los acreedores a los que durante meses no les pago y les promete abonar en cómodas cuotas, sólo si se comprometen ellos a la vez a no dejar de darle crédito. Le dice eso a los mismos a los que pretende pagarles con un bono a cuatro años.

Las respuestas del nuevo viejo Daniel Román son muy pero muy parecidas a los ajustes de los noventa. No pago lo que debo, castigo a los laburantes y busco más créditos para seguir adelante.

El Peralta que parecía asumir un nuevo gobierno hace apenas unos días es el mismo que se renueva y quiere parecer distinto.

Lo conocimos amable y conciliador en el 2007, cuando llegó en medio de la crisis con su campera de cuero gastada y su sonrisa a poner paños fríos en medio de la convulsionada provincia. Muchos vieron en él la cara amable del FVS y lo aceptaron como piloto de tormentas.
Allí, con mucho apoyo Nacional y local, y a fuerza de una gran billetera el Daniel Amable repartió muchos fondos para hacer frente a casi todos los pedidos. Dio los aumentos que el malo de Sancho no había podido dar, reabrió después de 15 años las paritarias, sacó el presentismo y regaló subsidios para todo el mundo.

Ese Daniel, amable y buena onda, dio paso a uno que se quiso mostrar ejecutivo. Era la versión Daniel Emprendedor.

Ahí se mostró como un ejecutivo moderno, cambió la campera de cuero por la ropa de diseñador, quiso ser la renovación del peronismo tradicional y se rodeó de funcionarios jóvenes, bien vestidos y tostados.
Apareció proponiendo lo mismo de antes, pero con más buena onda. Decía que las empresas iban a llegar, habló mucho de las represas y las obras que iban a cambiar el perfil económico de la provincia, se mostró seguro de que venían tiempos mejores. Pero no se olvido de gastar, porque ya conocía las mieles del poder… y parece que Daniel tiene gustos caros…

El Daniel Emprendedor tuvo un nuevo cambio cuando las cosas empezaron a salir mal y el tiempo de las promesas y la buena onda fue pasando.
Allí, cuando la billetera empezó a quedar flaca y la gente necesitaba más concreciones que anuncios vacíos, la cosa empezó a ir mal.

Las elecciones del 2007 mostraron que con las promesas la gente no tiene ni trabajo ni agua ni salario, ni educación ni nada… y que es necesario laburar enserio.

La buena onda que Peralta intentó mostrar contrasto con la crisis económica y estructural de la provincia. La gente se canso de las promesas vacías y las respuestas que siempre eran anuncios y actos oficiales pero nunca llegaban y cambio. La provincia le dio a Daniel el más duro de los golpes cuando Costa ganó las elecciones y él apareció como el único responsable.

Cristina dejó claro que Santa Cruz tenía problemas de gestión y dijo que todo era culpa de Peralta; él hizo como que se daba cuenta y desde el discurso trato de dar un impulso a su gobierno, pero su liderazgo ya estaba roto; la gente no le creía y los que eran o decían ser sus amigos empezaron a dejarlo solo.

La faceta amigable y conciliadora dio lugar a una nueva, más oscura y menos pública. Se refugio en los dos que lo atendían, y decidió empezar a jugar solo. Se olvidó de los amigos y los contactos y hizo la suya. En todo sentido.

Poco después y con las elecciones cerca, resistió los embates de todos los que quisieron ser candidatos en la provincia a fuerza de encuestas acomodadas y publicidad oficial para todos. Así se cayó la candidatura de Julio y la de Alicia y quedo solito, sólo porque no había otro.

Habló poco y propuso más de mismo. Refugiado en el modelo nación provincia municipio, prometió que si lo votaba nada iba a cambiar, que Cristina mandaría la plata y que todo seguía como estaba.

Pero se olvidó de decir que en Buenos Aires no lo atendía nadie; que se había gastado toda la plata y que con lo que hay no llega ni a fin de mes.

Ante la falta de salidas ahora pretende tomar medidas de ajuste, muy pero muy parecidas a las que tomaron en los noventa y que el tanto critico.

Cuando el Estado no tiene fondos porque se gasto sin control durante años, en lugar de corregir, revisar, castigar a los responsables, Peralta decide achicar los gastos del estado recortando sobre todo derechos sociales, salarios y beneficios para los trabajadores.

Este es ni más ni menos que el mismo Peralta que en los últimos años viene prometiendo la reconversión productiva de la provincia. Promete que van a venir empresas a instalarse en Santa Cruz y que nuestro futuro será brillante, sólo porque no puede ser de otra manera. El famoso destino manifiesto. Somos grandes porque Dios nos dio todo, y si hoy pasamos hambre será porque mañana vamos a estar mejor.

Peralta está solo, sin plata y abandonado a su suerte.

Ya cambio mil veces de cara, de ropa, de estilo, de discurso. Fue progre, dialogista, industrialista, emprendedor, prometedor, y ahora es menemista, ajustador, represor y solitario. Ese es el nuevo viejo Daniel Román.