Las represas del Río Santa Cruz, la punta del iceberg en el debate energético del país

La Fundación Flora y Fauna emitió un comunicado en el que resalta la importancia de aspectos que están obviándose, o minimizándose en la realización de la audiencia pública como paso previo a la inminente reanudación de las obras.
jueves, 20 de julio de 2017 · 22:54

Sepámonos todos responsables por la decisión que el país esta tomando de sacrificar al Río Santa Cruz, su paisaje, sus sitios sagrados, y las especies únicas asociadas a su estuario, en pos de una alianza con China, de un cuento de necesidad energética a cualquier costo, y de una fuente fácil de empleo temporario para una provincia quebrada económicamente.

El río Santa Cruz, es ese último testigo vivo de la era del frío, que nace del deshielo de la cordillera y llega al mar Atlántico. Todas sus cuencas vecinas, ante la retracción de los glaciares corren actualmente para el océano Pacífico.

Es también hoy, todavía, la senda demarcada por miles de caminantes silenciosos que han migrado por siglos detrás del guanaco a las veranadas de altura, dejando incontables yacimientos que prueban sus luchas cotidianas, además de sus sueños, sus miedos y su creatividad en los numerosos aleros sagrados donde representaron su cosmovisión y conexión con esa naturaleza patagónica de antaño.

El río Santa Cruz, es el arquitecto y modelador de un paisaje generador de vida a lo largo de todo su recorrido, pero sobretodo -dado su energía y el arrastre de sedimentos- de un enorme estuario donde el macá tobiano, se concentra en los meses de mayo para ganar peso y asegurar la próxima migración a las mesetas para reproducirse. Y donde la tonina overa, especie propia de los mares patagónicos, elije para vivir, aunque poco se conoce de ella.

Sepamonos responsables de elegir un sueño de falso bienestar – empleo temporario, un ínfimo porcentaje de la energía país, una muestra de amor a los chinos para asegurar prestamos – frenando totalmente el curso evolutivo y creativo de millones de años de relaciones ecológicas.

Sepamonos responsables de poner un “peso muerto” en la espiral descendente de la extinción de especies. Sabemos que las megarepresas son máquinas de matar. Han extinguido en China al Delfin del Yangtse, y en Misiones, Argentina, al lobo gargantilla y pato serrucho.

Y seremos responsables con esta decisión de profundizar un modelo económico y plan energético que nos esclavizara por al menos cien años. El préstamo de los chinos, con sus ataduras cruzadas, nos inducirán a continuar con obras obsoletas o peligrosas como las centrales nucleares, y las megarepresas sobre los ríos Uruguay y Paraná.

Esto es solo la punta de un iceberg. Lo que se esta decidiendo hoy en el Congreso, con la audiencia pública, es nuestra identidad como argentinos, ya que el río Santa Cruz representa lo sagrado, los valores que nos atan al territorio. Es nuestra forma de participación ciudadana, forzada por la corte suprema porque no existe una ley que permita en el futuro evaluar estas megaobras que han sido acordada con los chinos apresuradamente y con préstamos a 100 años. Es apoyar un plan energético no renovable, donde se compromete la seguridad nacional al seguir sumando central de alto riesgo en las puertas de Buenos Aires que aun ni siquiera tienen proyectos, y menos evaluación ambiental.

Hoy, el debate por la construcción de las represas del Rio Santa Cruz, nos obliga a decidir que país queremos para nuestros hijos. Hay pequeños decisiones que cambien el rumbo de la historia, y este es uno de ellos.

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