De una casilla rodante a una casa sobre ruedas: la historia de Sintiendo Rutas
Mariela y Julio, creadores del proyecto *Sintiendo Rutas*, dialogaron con Javier Seveso en *Rock and Frío*, por Radio Nuevo Día, donde compartieron la historia de cómo decidieron abandonar la vida convencional para recorrer la Argentina viviendo en un motorhome. Durante la entrevista hablaron del nacimiento de ese sueño, las dificultades de trabajar mientras viajan, la solidaridad encontrada en cada provincia, las restricciones que enfrentan los viajeros, las enseñanzas que les dejó la Patagonia y la convicción de que todavía queda muchísimo por conocer dentro del país.
Mariela y Julio, creadores del proyecto *Sintiendo Rutas*, dialogaron con Javier Seveso en *Rock and Frío*, por Radio Nuevo Día, donde compartieron la historia de cómo decidieron abandonar la vida convencional para recorrer la Argentina viviendo en un motorhome. Durante la entrevista hablaron del nacimiento de ese sueño, las dificultades de trabajar mientras viajan, la solidaridad encontrada en cada provincia, las restricciones que enfrentan los viajeros, las enseñanzas que les dejó la Patagonia y la convicción de que todavía queda muchísimo por conocer dentro del país.
Un sueño que comenzó mucho antes de Sintiendo Rutas
Aunque el proyecto nació hace pocos años, Julio explicó que la idea de vivir viajando comenzó mucho antes, cuando apenas tenía alrededor de treinta años.
Recordó que, en la época en que todavía no existían las redes sociales, participaba activamente en foros de viajeros y compró su primera casilla rodante con la ilusión de recorrer el país.
"Yo quería vivir viajando. No tenía empresa, no tenía dinero, no tenía nada... solamente tenía una casilla y un sueño", recordó durante la entrevista.
Con el paso del tiempo se fue preparando para ese objetivo aprendiendo distintos oficios.
"Siempre pensaba que, si algún día llegaba a cualquier lugar del mundo, aunque no hablara el idioma, iba a poder trabajar haciendo plomería, electricidad o cualquier otro oficio", explicó.
La pandemia terminó siendo el punto de inflexión. Allí comenzaron a observar cómo otros viajeros sostenían sus recorridos vendiendo artesanías y productos regionales, y comprendieron que también era posible construir una forma distinta de vida.
Mariela, la compañera de ruta
La historia cambió definitivamente cuando Julio conoció a Mariela, neuquina, hace nueve años.
La primera invitación fue sencilla: salir a acampar en Las Grutas.
Para Mariela, que jamás había acampado, aquella experiencia fue completamente nueva.
Él tenía una Renault Kangoo que ambos comenzaron a camperizar para realizar escapadas cada vez más largas.
Primero recorrieron el interior de Neuquén, luego llegaron hasta Perú y comprobaron que podían convivir viajando.
Sin embargo, una fuerte inundación dejó al descubierto las limitaciones del vehículo.
"Le dije que, si quería que siguiéramos viajando, necesitábamos un baño, poder pararnos y tener un poco más de comodidad", contó Mariela entre risas.
A partir de allí apareció "La Mecha", como bautizaron cariñosamente a la Mercedes-Benz 180 que transformaron, con sus propias manos, en una verdadera casa rodante.
"Todo fue creciendo como una obra de arte. Íbamos corrigiendo errores y mejorando cada detalle", explicó Julio.
Una casa sobre ruedas
Hoy el vehículo cuenta con baño, ducha, calefón, cocina con horno, heladera, calefacción, aire acondicionado, lavarropas, agua, energía y todo lo necesario para vivir permanentemente en él.
"Es una casa en miniatura. Tenemos absolutamente todo lo que necesitamos", resumieron.
Cada modificación surgió de la experiencia cotidiana.
"Con el tiempo descubrís qué hiciste bien y qué hay que mejorar. Hoy estamos mucho más cómodos que cuando empezamos", explicó Julio.
A ellos se suma Mora, la inseparable mascota que también forma parte de la familia viajera.
Vivir viajando también significa trabajar
La pareja aclaró que el viaje permanente no es sinónimo de vacaciones.
Su sustento depende del trabajo diario y muchas veces deben vender productos artesanales o regionales para continuar el recorrido.
"No somos millonarios. Vivimos de lo que hacemos todos los días", afirmó Julio.
Esa realidad también los enfrenta con distintas reglamentaciones municipales.
Hay ciudades donde pueden vender sin inconvenientes y otras donde directamente no está permitido.
Lo mismo ocurre con los motorhomes.
Explicaron que algunos municipios prohíben estacionarlos dentro del ejido urbano y los obligan a utilizar exclusivamente campings habilitados.
Como ejemplo mencionaron Villa La Angostura, donde las restricciones complican la permanencia de este tipo de vehículos.
También señalaron que muchos campings presentan tarifas demasiado elevadas.
"Hay lugares donde una noche puede costar más que alquilar un departamento en otro país", comparó Julio, al plantear la necesidad de adecuar los precios para fomentar el turismo itinerante.
La Patagonia les enseñó el verdadero invierno
Uno de los recuerdos más intensos del viaje fue su paso por Santa Cruz.
Recordaron el histórico temporal que dejó rutas cerradas durante semanas y los obligó a permanecer varados en Río Turbio, alojados gracias a la solidaridad de una vecina que recibía viajeros.
Durante ese período observaron el enorme despliegue del Ejército Argentino y de Vialidad Nacional para mantener abiertas las rutas.
"Ahí entendimos realmente lo que significa vivir un invierno patagónico", contaron.
También evocaron otra experiencia cuando intentaban llegar a Ushuaia.
El intenso frío congeló distintos sistemas del vehículo, la calefacción dejó de funcionar y la falta de sol impidió que los paneles solares recargaran las baterías.
Tuvieron que detenerse varios días en Río Gallegos hasta poder continuar el viaje.
"Aprendimos que el invierno del sur no tiene nada que ver con el invierno del resto del país", reconocieron.
Durante ese recorrido visitaron lugares emblemáticos como **Laguna Azul**, **Punta Loyola**, **Cabo Vírgenes** y **Punta Dungeness**, descubriendo aspectos históricos y geográficos que desconocían.
Redescubrir la Argentina
Uno de los momentos más reflexivos de la entrevista surgió cuando Julio recordó un encuentro con viajeros franceses.
Las preguntas que ellos le hacían sobre distintos lugares del país le hicieron comprender que conocía menos de la Argentina de lo que imaginaba.
"Ese día me sentí ignorante. Ahí decidimos recorrer nuestro país con más tiempo antes de pensar en otros destinos", confesó.
Desde entonces priorizan descubrir la historia, la cultura y los paisajes argentinos.
Aunque alguna vez imaginaron viajar desde Ushuaia hasta Alaska, hoy prefieren recorrer lentamente cada provincia.
"Argentina merece ser conocida despacio. Hay lugares increíbles que llenan el alma", aseguraron.
Una forma distinta de entender la felicidad
Para Mariela y Julio, la vida sobre ruedas implica renunciar a muchas comodidades, pero también ganar tiempo, libertad y experiencias.
Conviven las 24 horas del día, resuelven juntos cada problema y disfrutan de descubrir nuevas personas y nuevos paisajes.
"Nos acostumbramos a vivir así y hoy no imaginamos otra forma de hacerlo", afirmaron.
Reconocieron que al principio sus familias dudaban de que el proyecto pudiera sostenerse en el tiempo.
Incluso algunos les daban apenas un par de meses antes de regresar.
Sin embargo, ya llevan varios años viviendo en la ruta y demostrando que el sueño era posible.
Durante el cierre de la entrevista con Javier Seveso dejaron una reflexión que resume la esencia de **Sintiendo Rutas**.
Viajar, dijeron, no consiste únicamente en llegar a un destino, sino en aprender a mirar el país con otros ojos, valorar a su gente, comprender sus realidades y descubrir que la verdadera riqueza muchas veces aparece en los lugares menos esperados. (Diario Nuevo Día) Gracias Dani " Van Ruteando..! "

