Escritor y también jugador, un viaje por la versátil vida de Kelsey Barlow, figura de Hispano Americano

Nació en Grecia y se crio en Italia, es amigo de Derrick Rose y fanático de Batistuta. Escribió casi 30 libros y tiene una personalidad intrigante.
domingo, 14 de febrero de 2021 · 18:41

Nació en Grecia, se crió en Italia y Estados Unidos. Su mamá le hizo hacer piano y danzas para que no sea basquetbolista como su papá. Compitió en la G-League, Europa y Argentina. Se entrenó con Derrick Rose, escribe libros y prefiere ser base antes que cualquier otra cosa. Es fanático de Gabriel Batistuta, le encanta Lionel Messi y también Manu Ginóbili.

La descripción no forma parte de los detalles del protagonista de una película. Tampoco es la historia de un argentino cualquiera. Es Kelsey Barlow y su vida es un completo cuento. Hombre de múltiples facetas, su rol como jugador de básquet es simplemente un pequeño detalle de su estupenda e intrigante personalidad. 

Su infancia entre Atenas, Treviso, Reggio Calabria e Indianápolis lo convirtió a temprana edad en un trotamundos y jamás dejó de serlo. Quizás nada hubiera ocurrido si su mamá cumplía su objetivo inicial. "Ella me puso mucha presión para que no juegue al básquet. Hice piano, todo tipo de cursos y también ballet. Cuando me llevaba a los entrenamientos no me decía nada, a diferencia del resto de las disciplinas en las que sí lo hacía. Pero en la cancha podía ser yo, no me preocupaba por más nada", le contó a Básquet Plus. 

Su padre, Ken Barlow, fue un basquetbolista sumamente conocido en Europa que militó en clubes como el Olimpia Milano, Maccabi Tel Aviv, Reggio Calabria y muchos más. El gen estuvo siempre insertado en Stambi, el apodo que lleva el jugador de Hispano. Incluso, de pequeño ocurrió algo inesperado: "Cuando tenía dos años me metí a un partido de mi papá, estaba muy enfocado en la disciplina". 

En su mirada se nota lo importante que fue su progenitor para él, mientras intenta recordar todas las ciudades en las que vivió y sus inicios, con una palabra de su papá, quien no deseaba el mismo destino para su hijo en un solo aspecto: "Él jugaba de pivote, pero no quería que yo lo hiciera. Me dijo algo así como ´si te desempeñás de interno vas a tener que esperar que los guardias te den el balón´, por lo que busqué siempre tener la pelota en mis manos". 

Los años pasaron y pasaron y en la secundaria llegó a Indianápolis, donde empezó a dar muestras de su talento y las universidades empezaron a preguntar por él. En ese lugar solo había dos opciones grandes: jugar para Indiana State o Purdue University. ¿Cómo se decidió? Una historia increíble: "Estábamos muy ebrios con mi amigo y mirábamos una escuela privada a la que va la mayoría de los chicos. Le decía todas las opciones que tenía y pensamos que Purdue era la indicada, no le di tantas vueltas al asunto". 

En la universidad se sintió encajonado y tras dos temporadas en Purdue, en la que hasta le hacían correr vueltas de castigo por tirar pases de faja, decidió marcharse a Illinois-Chicago University. Ahí no solo dio un salto en su juego, sino que tuvo la chance de medirse con Derrick Rose, que en ese momento venía de recuperarse de una lesión en el ligamento cruzado anterior de su rodilla.

"Siempre venía a nuestra cancha y jugábamos partidos de 3x3 o 1x1 hasta la medianoche. Pero lo más loco que le vi a hacer fue un ejercicio con dos pelotas. Él intentaba hacerlo, y yo pensaba que me encontraba con uno de los mejores de la NBA, pero no podía lograrlo... Eventualmente se enojó y pateó con todo la pelota diciendo: ´A la mierda, solo se juega al básquet con un balón, qué estamos haciendo´. Me dije a mí mismo este señor sabe lo que quiere. Somos amigos hasta ahora, es alguien diferente", relató entre risas el exterior de Hispano. 

Luego de todo ese proceso llegó la hora del Draft de la NBA y Barlow no fue uno de los prospectos seleccionados en el sorteo del 2014. No obstante, el exterior compitió en la Summer League de ese año con los Pistons y por dos temporadas en la G-League. Al ser preguntado por la sensación de individualismo que parece sentirse en esa competencia desde el foco lejano, Stambi analizó: "Todos nos llevábamos bien, enfocados en el básquet antes que nada. Nos divertíamos, no lo diría egoísta. Pensaba que era así, pero es un diferente tipo de juego, no tenés tanto tiempo para entrenar y debés hacer lo mejor en la cancha". 

La ancha pausa entre las vacaciones y la temporada de la G-League lo llevó al extranjero. Sin dudas, la decisión del foráneo fue arriesgada y apostó por todo. No fue a Grecia, sino a Francia, lugar en el que defendió la camiseta del Lille Métropole Basket Clubs. Ese fue el puntapié que continuó con el Aries Trikala B.C., el AEK Athens y el Sakarya Buyuksehir Basketbol de Turquía. Curiosamente, un conflicto con el club otomano lo puso en un destino que ni siquiera concebía. 

-¿Querés jugar al básquet de nuevo? 
-Lo deseo, pero no en un nivel fuerte como en el que venía jugando, sino en algún lado más tranquilo
-Tengo un equipo en Argentina
-Mierda, no sé nada de Argentina, pero conozco a Boca Juniors porque Batigol jugó ahí.

La charla entre Kelsey y su agente, que es un amigo de su niñez, fue corta. Barlow se encontraba descansando, enfocado en otra cosa. Además de ser jugador es escritor y posee alrededor de 30 libros de autoría propia. De hecho, estuvo a punto de poner una librería en Estados Unidos, pero la pandemia del Covid le cambió los planes. 

Al llegar a Argentina se sorprendió para bien. "Terminé enamorándome del lugar y nuestro equipo fue uno de los mejores al término de la temporada. Me encanta el equipo, la ciudad y las personas que lo rodean", confiesa con una sonrisa de oreja a oreja. 

Tal es su encantamiento con Río Gallegos y la Liga Nacional que al final de la charla se animó a decir las diferencias entre Europa y Argentina: "En el Viejo Continente, para mí, los entrenadores en general se esfuerzan mucho en dirigir, en vez de darle más libertad a los jugadores. Seguramente no me llamen muchos técnicos después de esto, pero en cambio, en Argentina te dan más rienda suelta. Tuve muy buena relación con el coach del año pasado, al igual que con el de ahora. Allá poseen mucho orgullo por su trabajo y creo que serían mejores si dejaran jugar más a los basquetbolistas".

No solo eso, Barlow también puso énfasis en los presupuestos: "Otro asunto es que si se pudiera encontrar una forma en Argentina de elevar los salarios de los jugadores, ellos creerían más en sí mismos como en Europa. Es decir, ganar 3 millones de euros te incentiva a querer ser mejor. Ves a Nick Calathes adquiriendo esa suma y te hace decir: ´Yo también quiero ese dinero, tengo que elevar mi rendimiento´. Esas dos cuestiones son principales, y soy optimista en que llegará esa plata. Cuando eso suceda, este país sobrepasará al Viejo Continente en nivel basquetbolístico". 

Su personalidad es directa, como en la cancha. Sin mentiras, sin rodeos, como el amor que propuso Gustavo Cerati. Su motor es simple. "Mi motivación es que siempre creo que soy el mejor. No me importa lo que alguien más tenga para decir, quiero ayudar a mis compañeros y que mi equipo sea el más importante del planeta. Vivo para este momento. Deseo que Hispano sea el más importante conjunto del mundo".  

Uno en un millón, sin estupor ni un ruido ensordecedor. No mira para afuera, por el amor y el deseo de superación juega. Es Kelsey Barlow y, si hasta ahora no los encantó, está claro, no tienen corazón.  (Basquet Plus)