Río Gallegos: la obligaban a prostituirse y logró escapar, otro duro relato sobre la "Red de Trata"

Se hace llamar Sol García, aclara en su publicación que es un nombre ficticio para cuidarse. Contó con lujos de detalles el calvario que tuvo que vivir y cómo un hombre oriundo de Río Turbio, la ayudó a escapar mientras era buscada por sus captores.
lunes, 2 de agosto de 2021 · 19:40

Son muchas las mujeres que lograron escapar de lo que se denominaba el sector de “Las Casitas”, pero son pocas las que se animan a contarlo. En muchas ocasiones prefieren borrar de sus memorias ese infierno por el que pasaron, dejando atrás una dura historia que nunca quieren volver a repetir.

Sol, usa un nombre artístico, decidió abrirse y contar cómo fue que llegó a Río Gallegos, de mano de una red de Trata de Personas. Relató con duros detalles la forma en la que logró escapar y como un parroquiano del lugar la ayudó a esconderse para que sus captores no la encontraran.

En el inicio de su historia, Sol contó que tenía 19 años cuando decidió escaparse de Comodoro Rivadavia y que solamente llevaba con ella un bolso que usaba para ir a la escuela. A partir de allí pasó varias semanas en la calle hasta que el cruel destino hizo que se encontrara con la persona que le cambiaría la vida.

“Una tarde en la terminal andaba un policía pidiendo DNI. Fue ahí donde se me acercó una joven y me saco de la terminal, supuestamente para ayudarme ya que me había observado días atrás que yo andaba en la calle”, comenzó contando.

Esta mujer “pasó a comprar unos panchos y no fuimos a la costa y mientras hablamos prendió un faso”, por un cigarrillo de marihuana. Allí” le comento que me había escapado de mi casa, ella me ofreció un buen lugar donde te daban buena droga, así que acepte enseguida”.

“Empezó a llamar a la ciudad de Río Gallegos, decía: “tengo una chica joven, te la llevo”.

Esa misma noche “empezó a llamar a la ciudad de Río Gallegos, decía: “tengo una chica joven, te la llevo”. “Ya era tarde, tipo 23hs, empezamos a caminar, hacer dedo y nos levantó un camión, pero ya no salía a la ruta”.

Ante la imposibilidad de viajar en ese mismo momento “me llevó a su casa y me metió a escondidas, que su familia no se enterará de mi existencia”. 

El viaje

Sol continuó contando que al día siguiente se levantaron cerca de las 09:00 horas y “enseguida conseguimos camión, mientras me confesó que a ella le pagaban por llevar chicas a ese lugar”.
Al llegar a la zona de Ramón Santos se generó una discusión con el camionero que “no quería esconderme ya que lo metería en problemas así que igual bajamos y dejamos los datos en Gendarmería (No recuerdo que mentira que  dijimos)”. Así prosiguió el viaje y llegaron al mediodía a Río Gallegos.

Llegada al infierno

Una vez en la capital de Santa Cruz “me llevo a una casa muy grande, ahí me presento a la fiola y enseguida me llevaron a una habitación donde habíamos muchas bolsas negras con ropa interior  y zapatos, me vistieron con esas prendas y me trasladaron al prostíbulo donde me dieron las instrucciones”. “Horrible, juro que no me sentía bien encarar a los tipos, tomar y cobrar por cada pase, tenía miedo, habían muchas chicas y hombres, me quede quedé sentada con frío”.

“Toda las noches teníamos que beber y tener relaciones con los tipos”. “Me daban la comidas y cigarrillos, eso era una pequeña deuda que crecía”. “Vi de todo en ese lugar drogas, armas, peleas, amenazas y otras chicas que se escapaban, la mayoría eran del norte”. Sol contaba que durante el día “estábamos encerradas durmiendo bajo llave”. “Nadie podía salir, nadie”. “Ellos se encargaban de comprarnos lo que necesitábamos”.

Toda las noches teníamos que beber y tener relaciones con los tipos”

Procedimiento policial

Entre tantos procedimientos que se llevaban adelante en esos lugares, “una noche se llenó de policías, tenía mucho nervios de que me encuentren ahí”. Sol recuerda que las llevaron a la comisaría y cuando regresaron “la fiola” la comenzó a amenazar indagando que le había dicho a los uniformados, “decime que le dijiste o te rompo la cara a trompadas”, intimidaba la captora.

“Recuerdo que me propuso irme a Chile para que no me encuentre la policía, también me dijo que le escribiera una carta a mi mamá para que no me busque más, obviamente mintiéndole que estaba bien, trabajando de empleada doméstica”. 

El escape

Su vida era un infierno. Sol quería salir de ahí como fuera. El primer intento fue fallido. “Hice planes de escaparme por la mañana y choqué con el fiolo en el living, tenía un arma”. “Me angustie y volví a la habitación, me di cuenta que me habían escuchado hablar de irme”. “Agarre más fuerzas para irme pero está vez nadie se tendría que enterar”.

Un segundo intento. “Escapé a las 20hs., habrían las puertas para que entren los tipos y todas las chicas se bañaban, estaban alistándose en las habitaciones”. “Fui la primera en bañarme, me vestí, observé que las chicas estaba en las piezas, agarre la puerta y empiezo a caminar”.

“Así, me tomé un camión volviendo a mi ciudad, gracias a ese hombre que me ayudó, era de Río Turbio”

Sol dijo que estaba todo oscuro en la zona, se cruzó con unos camioneros que comenzaron a decirles cosas y ella continuó “caminado rápido, con mucho miedo”.

Su salvador

Mientras huía del lugar Sol vio a un conocido, “sabía ir todas las noche al local, le dije ayúdame, me estoy escapando, no se para dónde ir”. Así fue como este parroquiano la socorrió y la llevó hasta el centro de la ciudad. Pero en ese momento “veo al fiolo”, con su vehículo parado en un semáforo. “Cubrime, le dije, nos pusimos de frente como si fuéramos una pareja y pasó la camioneta lentamente”.

Ante esta situación el buen sanmaritano le dijo a Sol de alejarnos de esa zona y se escondieron abajo del muelle. “Horrible el frío que soportamos pero ya era libre, no podía caminar casi”. “Así, me tomé un camión volviendo a mi ciudad, gracias a ese hombre que me ayudó, era de Río Turbio”, recordó. (El Diario Nuevo Día)