Crimen en Congreso

Ajuste de cuentas: apareció otro colombiano muerto de un tiro en la cabeza

Este domingo, cinco horas después del hallazgo de un cadáver en Plaza Congreso, Víctor Espinosa Vargas fue ejecutado en Balvanera de la misma forma por dos sicarios en moto. La sugestiva tarjeta en su billetera y la ola de robos en alza
lunes, 4 de abril de 2016 · 10:52

En un lapso de apenas cinco horas, entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, dos hombres colombianos fueron ejecutados de la misma forma en las zonas de Balvanera y Plaza Congreso, con poco más de quince cuadras de distancia entre cada crimen. La sospecha se vuelve evidente: ambos cadáveres serían el resultado de un ajuste de cuentas.

El domingo a las dos de la madrugada, personal de la Comisaría 8° de la Policía Federal fue desplazado a la calle Catamarca al 274, barrio de Balvanera. Víctor Manuel Vargas Espinosa, de nacionalidad colombiana, yacía boca abajo en la vereda con un charco de sangre junto al cráneo. Recibió un tiro limpio, apreciable a simple vista.

Vargas Espinosa todavía estaba con vida cuando la Policía lo encontró; fue transportado rápidamente por una ambulancia del SAME al hospital Ramos Mejía, donde murió a las 3:45. Esta vez, al contrario de la norma para cualquier homicidio, hubo testigos que decidieron hablar. Lo que relataron a la PFA, según información de la causa a la que accedió Infobae, es un clásico ataque sicario.

Dos hombres fueron vistos a bordo de una moto oscura, ambos con sus caras tapadas por cascos, a marcha lenta sobre la calle Catamarca. La moto frenó; el acompañante descendió para darle un balazo a Vargas Espinosa, a quien claramente seguía, para luego huir por la misma calle. El cuerpo del colombiano fue trasladado a la Morgue Judicial para una posterior autopsia. Entre sus efectos personales en el hospital Ramos Mejía, se encontró su billetera. En ella, apareció una sugestiva tarjeta de un hotel, que decía "Zona Congreso".

 

Las coincidencias comienzan a apilarse. A las 22:30, personal de la Comisaría 6° había llegado al interior de la Plaza Congreso. Kevin Germán Rodríguez, de 23 años, con domicilio en un edificio en la calle Yrigoyen al 1800, a una cuadra del lugar, estaba muerto junto a un banco con un disparo con orificio de salida en la parte trasera del cráneo. Un hombre en situación de calle que suele dormir en la plaza relató cómo vio a otros dos hombres que acompañaban a Rodríguez. De repente, se oyó un fuerte disparo: los que acompañaban a Rodríguez huyeron por Yrigoyen. Junto al cadáver, había tres botellas de cerveza Corona y una pieza que puede ser una clave: un certificado de reincidencia a nombre del muerto.

Ambos casos recayeron en el escritorio de la doctora Estela Andrades, a cargo de la Fiscalía N°40. Andrades es una investigadora capaz; ordenó, por ejemplo, un allanamiento al corazón del Playón Este de la Villa 31 bis para capturar a Juan "Piedrita" Arredondo, un presunto sicario peruano responsabilizado por cuatro homicidios en menos de cuarenta días. En el operativo, realizado por la división Homicidios de la PFA, se encontró un importante arsenal.

Si ambos cadáveres están conectados, sus historias y vínculos, así como sus prontuarios y si murieron por balas de la misma arma serán puntos esenciales a determinar.

Por otra parte, ambos crímenes revelan una creciente realidad, con la permanencia de delincuentes colombianos en la escena criminal porteña. El narcotráfico ya no es de interés, algo hoy controlado por capos peruanos y paraguayos en las principales villas. Los colombianos ni siquiera engrosan las estadísticas de dealers detenidos por la Superintendencia de Drogas Peligrosas en los últimos meses, cuya mayoría absoluta es de argentinos, seguida por peruanos y dominicanos. El robo a casas es la modalidad predilecta, con elementos tan simples como ganzúas y puntas cortavidrio de widia, en golpes de alto profesionalismo, en la mayoría de los casos sin disparar un solo tiro ni matar a nadie.

El 21 de marzo último, John Emeterio Larrotta Bargas, colombiano, de 34 años, fue capturado junto a Jesús Vélez, argentino, de 25, frente a un edificio sobre la calle Martínez al 300, barrio de Caballito. Era, en cierta forma, un trabajo de cerrajería discreto: cayeron mientras intentaban clonar una llave para violar la entrada. Un mes antes, otros dos colombianos habían sido detenidos por la división Robos y Hurtos de la PFA a bordo de un Renault Clio en San Telmo luego de una persecución. Tenían una punta de widia, dos pares de guantes y una pistola Smith & Wesson con quince balas en el cargador con pedido de captura registrado en marzo de 2012 por un robo a mano armada con privación ilegítima de la libertad que investiga la Comisaría 12°. También, encontraron una tarjeta de la Embajada de Bolivia con manchas de sangre. Era de una funcionaria de la embajada a la que le habían robado en Villa Celina una semana antes.