La casa "maldita" del crimen de las hermanas satánicas: del miedo de la policía al ritual de los propietarios

En marzo del 2000, una joven vio cómo su hermana mató a puñaladas a su padre para "sacarle el demonio en un ritual de purificación".
domingo, 21 de junio de 2020 · 14:27

Hace 20 años el barrio de Saavedra fue escenario de un macabro crimen, el más satánico de la historia contemporánea en la Argentina. Fue allí donde el 27 de marzo del 2000 las hermanas Gabriela y Silvina Vázquez participaron del salvaje asesinato de su padre Juan Carlos Vázquez. "Mi papá tenía el demonio en el cuerpo y se lo pasó a mi hermana", le dijo a los investigadores Gabriela, la mayor.

Dos años antes la familia se había mudado a un PH que alquiló en Manuela Pedraza en el barrio porteño de Saavedra. Allí vivían Vázquez, que era ferretero, y sus dos hijas, que tenían formación universitaria.

Semanas antes del asesinato empezaron a dormir uno al lado del otro por temor. Ya que empezaron a percibir fenómenos paranormales como luces que se prendían y apagaban, muebles que se movían y cortinas que se abrían y cerraban sin que nadie las tocara.

Según la declaración de Gabriela vieron la cara del diablo en el espejo, y por eso el padre lo rompió. Creían que la casa que alquilaban estaba poseída por entidades malignas, y que su papá llevaba dentro el "muñeco diabólico".

Prepararon un sangriento "ritual de purificación" y Silvina, la menor, lo mató de 150 puñaladas. Luego declaró que al sacar el demonio del cuerpo de su papá, habría entrado en el de su hermana mayor.

Fueron los vecinos los que llamaron a la Policía para advertirles sobre los inquietantes ruidos que se escuchaban desde la casa del horror: rezos, gritos y alaridos. Cuando llegó el patrullero un efectivo se bajó y golpeó la puerta. Como nadie lo atendía, se asomó por la ventana y vio una escena espeluznante: Vázquez estaba desnudo y bañado en sangre, por los múltiples cortes de cuchillo.

Los agentes luego derribaron la puerta y fueron testigos de la macabra escena. Encontraron a Vázquez asesinado en la escalera, sangre en las paredes y por todos lados del PH, biblias y velas prendidas como parte del "ritual de purificación" y orina y excrementos en el baño.

En los días posteriores al crimen la Justicia ordenó que un policía quedara de consigna para que no entrara en la escena del atroz crimen nadie que no estuviera autorizado. El agente estaba sugestionado y llevaba colgado un rosario del cuello, como "protección" por el supuesto maleficio. Los dueños del PH hicieron rituales de purificación en el lugar, pero no pudieron alquilarlo nunca más, y actualmente la habita un familiar de los propietarios. (TN)