Preocupación por la “pesca fantasma” en Santa Cruz

El jefe del Subprograma Crustáceos Bentónicos del Instituto nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), Jorge Wyngaard se refirió al fenómeno de la “pesca fantasma” para graficar la difícil situación que viven los individuos que permanecen atrapados en las miles de trampas que fueron sembradas por los buques centolleros que operaban para la firma Yaganes.

lunes, 16 de junio de 2014 · 00:00

En diálogo con el portal especializado Mar y Pesca, Wyngaard sostuvo que las líneas de trampas que permanecen sin control en el lecho marino sin poseer mecanismos de desactivación producen un fenómeno conocido como ‘pesca fantasma’ (Ghost fishing).

“La pesca fantasma ocurre por dos razones; en primer término debido a que los ejemplares que quedan atrapados en las trampas, terminan muriendo dentro de ella y constituyen así carnada que atrae a nuevos ejemplares” dijo, para luego acotar que este proceso se repite convirtiendo a las trampas “en máquinas de matar”, dado que además de la centolla puede capturarse otros invertebrados o peces.

El científico aclaró que los cabos de las líneas de trampas también constituyen una amenaza para los mamíferos marinos y otras especies que puedan enredarse en los mismos. “En un experimento reciente en Canadá, donde se simuló ‘pesca fantasma’ con trampas de cangrejos Dungeness, se estimó que las pérdidas debidas a la pesca fantasma alcanzaban el 7% de los desembarques totales. La degradación del mallero sintético de las trampas es sumamente lenta, más aún en aguas profundas, y las trampas pueden permanecer años pescando”, indicó.

Dispositivo de escape

Consultado de qué forma puede evitarse la pesca fantasma. El biólogo  explicó que es posible evitarla utilizando paños cocidos con hilo de algodón, paneles biodegradables o soldaduras degradables que permiten el colapso de la trampa. “En Argentina, una resolución del Consejo Federal Pesquero, basada en estudios realizados por el INIDEP, estableció el diseño de trampa estándar que debe utilizarse en la pesquerías de centolla. Esta incluye la utilización de un paño lateral en la trampa, cocido con hilo de algodón, para evitar la pesca fantasma”, comentó.

En ese sentido Wyngaard  detalló que “adicionalmente se impone la utilización de anillos de escape que tiene como propósito disminuir la pesca incidental de centolla de tallas no comerciales y otras especies de invertebrados y peces. Esta resolución invita a las provincias de Chubut y Santa Cruz a adoptar esta trampa estándar como obligatoria en la pesca de centolla que se realice en aguas provinciales”.

Al referirse a las trampas que se hallan sembradas en el lecho marino, el científico comentó que de acuerdo a  la información obtenida de uno de los capitanes de las embarcaciones que operaron para la empresa Yaganes, “las trampas actualmente perdidas no poseían paños degradables ni anillos de escape por lo tanto debería solicitarse a los responsables, la documentación que permita establecer en forma inequívoca donde se encuentra fondeado este material de pesca”.

Ejemplares muertos

Cuando se le consultó por el estado en que podrían estar las centollas que ingresaron a  las trampas, el científico indicó que “los ejemplares atrapados, que no se alimenten, morirán dentro de la trampa, ya que, la pesca fantasma captura una cantidad de centolla mucho menor que la producida por la pesca comercial donde se ceba permanentemente la trampa y se controla su fondeo eficiente”.

“En las líneas perdidas -amplió- las corriente pueden voltear algunas trampas haciéndolas ineficientes para la pesca y además en las que quedan pescando la atracción de la carnada va disminuyendo con el tiempo.

Perjuicio para los buques arrastreros

De todas maneras, el científico recalcó que la pesca fantasma tiene un efecto acumulativo que es nocivo para la pesquería. “Estudios realizados sobre Cáncer magister en el sudeste de Alaska muestran que la pesca fantasma puede llegar al 3% de la pesca comercial, trampas encontradas en esa pesquería tenían un antigüedad de 7 años desde su extravío. Debe considerarse también cómo afectan las líneas de pesca extraviadas a los fondos marinos y el posible perjuicio a los buques arrastreros”, finalizó.