Hace 15 años le salvaron la vida, ahora corrió 120 kilómetros

El ultramaratonista Rafael Lim corrió desde el Glaciar Perito Moreno hasta el paraje Charles Furh conmemorando el accidente que le sucedió en 2002. El propio atleta en primera persona cuenta cómo se gestó y realizo el Proyecto “#GlaciarPtoMoreno_RíoSantaCruz 120K”. Pase, lea y emociónese.
sábado, 23 de diciembre de 2017 · 17:25

Recuerdo que esa mañana del 21 de Diciembre, luego de manejar durante toda la noche, pasé del lado del acompañante para poder dormir, y dejar conducir a quien venía conmigo. Así salimos de Comodoro Rivadavia con dirección a El Calafate. Lo que sigue, fue una parte oscura de mi vida. Oscura porque no vi nada durante semanas. Días en terapia intensiva, en estado de coma 3, la búsqueda de un milagro de mi familia y mi novia, semanas internado; la imagen levantándome de una silla de ruedas que no olvido, los meses de rehabilitación para volver a aprender a caminar; los llantos, los enojos y los gritos de impotencia.

A principios de Mayo, mientras planeaba un ascenso rápido al Cerro Moyano (1.504 msnm), vi una imagen del Río Santa Cruz. Era una imagen que compartió Jorge Yanicelli, en ese momento un contacto más en una red social. Me hizo ruido; y le pregunté si no quería que llevara esa bandera a la cumbre. “Si Rafa, te la llevo” me dijo. Al día siguiente me encontraba con un compromiso asumido a 5km de la cumbre con un viento de más 80km/h. Fue una de las cumbres más difícil de llegar. Desde ese día, comencé a indagar más. Hasta que Jorge me llevó a correr al río a principios de Julio. Prácticamente corrí saltando puntas de flechas, vasijas y hachas esparcidas en un área (picadero) que estaría 10 m bajo las aguas. Ésta es una de las razones por las que dije no.

#Proyecto2017 #GlaciarPtoMoreno_RíoSantaCruz 120K

A principios de Septiembre, habiendo cancelado una carrera en Chile para ese mes, no tenía objetivos en el corto plazo. Fue cuando pensé una idea. En ese momento sólo fue eso, una idea. Aun faltando varios meses para la próxima ultra, volví a acordarme lo que alguna vez dije “Sin sueños no hay metas, y sin metas, no hay sueños”. A mediados de ese mes, compartí esa idea con Jorge. Y con su apoyo, decidimos trabajar para ello. Sin fecha en ese momento, pero con un sueño; hacerlo realidad. Con la decisión tomada, y con el apoyo de Jota (Juan Pablo / Nothofagus Box) quien me ayudaría con el fortalecimiento; y teniendo la supervisión y el entrenamiento de Enzo Ferrari (uno de los corredores elite de Chile), amigo, y uno de los tremendos ultras que la montaña me permitió conocer, decidí ponerle nombre al proyecto 2017, se llamaría #GlaciarPtoMoreno_RíoSantaCruz 120K.

Con el paso de los días, me encontré pensando en el próximo 21 de Diciembre. No sé por qué, ni cuándo. Sólo sé que le comenté a Jorge que tenía una fecha posible para hacer realidad nuestra idea. Por eso todos los entrenamientos que hice, fueron con vista a correr en el “duro asfalto”. Fueron contados los días que subí a correr al cerro. Creo que Enzo me hacía correr arriba sólo para que no me aburriera tanto. Recuerdo que durante semanas odié los días de velocidad, en los que tenía que hacer pasadas (“sprints” al máximo), momentos en lo que realmente ya no sabía por dónde más meter aire. Pero sabía que soportar esos días, haría la diferencia cuando esa  idea, se tuviese que convertir en realidad. Creo que eso fue lo que me ayudó a seguir trabajando. Entonces comencé a redactar la solicitud de permiso a Parques Nacionales para poder partir desde el estacionamiento superior (Pasarelas), lugar desde donde lo había hecho en 2013 (Glaciar Perito Moreno – El Calafate). Ésta sería mi 2da vez corriendo desde el glaciar. Eso fue algo que me volvió a ilusionar.

Ya con los permisos, los seguros y los requisitos en orden sólo debía cumplir con lo que me había comprometido. Llevar esa bandera desde el Glaciar Perito Moreno, hasta el Río Santa Cruz.

Habíamos quedado con Jorge salir a las 03.00 AM para poder entrar al parque y estar minutos antes de las 05.00AM en el estacionamiento superior. Y así pudimos hacerlo. Para eso, me di el lujo de pasar las 2hs de sueño en el hotel (Patagonia Queen) lugar en el que tenía planeado almorzar (Marcela me esperaría con comida caliente) y así  prepararme para la última etapa hacia el río.

La partida fue una vez que tuviésemos la imagen que queríamos, con un mínimo de luz de día, con el Glaciar Perito Moreno de fondo.

La salida fue fría, con una pequeña llovizna y algo de agua nieve. Recuerdo que los cerros estaban todos nevados. Ya con Jorge habíamos convenido el 1er encuentro a los 5km, que era cerca del Puerto Bajo de las sombras. Jorge llevaba en el auto una conservadora con bastante hielo y todas las bebidas que suponía iba a tomar (eso me aliviano muchísimo); también algo de comida, unas papas fritas y unos sándwiches que me había preparado Andrea, la encargada del bar del hotel. Fue una parada rápida, sólo para chequear sensaciones y que todo esté bien. Las siguientes paradas las planeamos cada 5km, sólo para recargar agua (lo justo para aguantar los pocos kilómetros que estábamos planeando los puestos de abastecimientos) y tomar isotónica. Como suelo hacer (cometo siempre el mismo error) salgo más rápido de lo que debería, pero la emoción de correr tan libre, me hace disfrutar de mi “velocidad” (risas). A medida que el sol aclaraba la mañana, la lluvia iba y venía. Ya faltando unos pocos kilómetros para llegar a la entrada a Parques Nacionales, vi entrar al 1er vehículo, una camioneta de Parques Nacionales; y casi llegando a la entrada, unos buses de Hielo & Aventura.

Habíamos convenido con APN, salir del Parque cerca de las 08.00hs, y así lo hicimos, fueron unos 30K bastante rápidos (02h54´) y más sabiendo que aún faltaban 90K. Un encuentro con personal de ALUCOINFO (gracias por las palabras) y Claudio Schurer (guía), eran las 1eras personas que veíamos desde que comencé a correr.

Llegando casi a la intersección con la ruta 11, vi un vehículo parar, del cual descendieron 3 personas. Resultó ser Zully Ramírez (guía) y 2 pasajeros franceses (por supuesto desplegué mi francés) a quienes saludé con mi “bonjour Ms, bonjour Mm” “Merci beaucoup”, nos tomamos una fotografía,  cargué agua y seguí corriendo (Jorge ligó pedazos de tarta, yo no las vi).

A medida que sumaba kilómetros, comenzaba a sentir el cansancio. Mientras tanto pasaban los vehículos, a esa hora muchas combis de turismo;  algunos haciendo luces, otros como Lucas sacando medio cuerpo por la ventana gritando “Vamos Rafa!!!” (no voy a olvidarlo).

A la ida, habíamos quedado en parar en la frase pintada en el asfalto “Río Santa Cruz Sin represas”. Y así fue. Nos detuvimos unos minutos más sólo para tener una imagen más.

A esa altura, el sol y la distancia (tenía más que un maratón en el cuerpo; y maratón se le dice a un 42K) comenzaban a hacer su trabajo. Pero no fue hasta el kilómetro 60 que todo se “complotó” para sacar algo de “violencia” de mí. El dolor de pies, y la cantidad de horas corriendo, hicieron que comenzara a insultar a la clase política que había permitido e ideado este “proyecto” para generar energía (más detalles de mi postura y mi opinión, en mis posteos de los últimos meses).

Ya entrando a la ciudad por la avenida Libertador, tuve el grato encuentro con la 1era persona que conocí en El Calafate (y antes del accidente), Patricio Iacaruso (él es uno de los pocos que me vio antes y después). Lo vi bajar de su vehículo y hacer 100m para recibirme y oficiar de “pacer” en esa subida. Muchas gracias por la energía Pato.

Llegar a la esquina del hotel (14.16hs) y ver a personas esperando mi llegada (yo no lo esperaba) me hizo sentir bien. Hicimos un pequeño encuentro delante del hotel, y compartimos risas y algunas anécdotas de los primeros 80K. Recuerdo que algunos estaban emocionados, pero yo sabía que no había nada que festejar “paren que todavía no hice nada” todavía faltaba ir hasta el río (otra maratón más).

Una vez en el hotel llegó el tiempo de refrescarme (me bañé en una carrera!!!) y hasta usé el hidromasaje!!!! (no quería salir). Pero traté de aprovechar la adrenalina y sólo me tomé 30´de relax. Me cambié lo más rápido posible (había dejado todo preparado antes de salir en la madrugada), y fui a comer los mejores fideos con salchicha a la pomarola (te amo amor). Junto con Jorge tuvimos un almuerzo rico en carbos y proteínas.

Esa 1era etapa, la hice en 09h16´(en 2013, tardé 09h40´). Por lo que estaba contento por lo hecho hasta ese momento.

Comí en 10´ y a las 15.05hs salí con rumbo al río tomando la avenida Libertador. Y a la altura de la oficina de Hielo & Aventura, siento una voz conocida sobre una bicicleta. José Pera, un amigo que me ayudo en la logística para preparar este proyecto, autorizándome a subir a los buses de Hielo & Aventura para que me dejaran en ruta y poder hacer los fondos largos de los fines de semana.

José me acompañó unos kilómetros hasta la última rotonda. Ahí me esperaba Jorge para salir a la ruta. El día anterior, José me había “tirado” una frase, “Focaliza el río”. Así lo hice amigo.

Una vez cruzado el portal, comencé a sentir cómo la gente había “dejado la leche en el fuego” (frase de Jorge). Por favor!!! Bajen la velocidad!!!! Impresionante. Salvo los vehículos de turismo y los camiones, todos iban fuertísimos. Ya con 80K encima, y con los pies súper adoloridos (el placer del hidromasaje sólo fue momentáneo) los “fantasmas” volvieron a asomarse.

“Quien m…. me mandó a hacer esto!!!!” “La p….. que los p…..!!!!” “represas del o….!!!”

Las paradas para el abastecimiento las habíamos programado cada 3 kilómetros. Y estando cerca de la entrada al circuito del autódromo llegó una hermosa amiga que me dio Calafate; Vanesa Haines, junto con Zully (con quien nos encontramos en la mañana). Había traído su bici para acompañarme unos kilómetros. Un gesto que no voy a olvidar.

Jorge se mantenía comunicado con la ciudad cuando agarraba señal, en esos momentos le confirmaba a Marcela nuestros puntos de ubicación y así estimar el horario en el que debía salir a nuestro encuentro (habíamos planeado la intersección con la ruta 40). Ella iría a ese punto, junto a quien me acompañaría los últimos kilómetros de este proyecto.

Ya en el kilómetro 100, el agua era intomable (tenía arcadas) los 3 sabores de Gatorade eran horribles, las gaseosas (necesitaba azúcar) pasaron a ser insípidas. Tomé 1 litro y ½ de Coca Cola y  Jorge, que me “cuidaba”, me había comprado Fanta Zero!!! (era con azúcar papá!!!) Menos mal que Zully llevó el mate, y con 4 mates cambió un poco el sabor en mi boca. (La hidratación total fue de 9 litros). A las 20.45, y a metros del cruce con la ruta 40, llegó Gonzalo Pérez Trípodi (un gran amigo que la vida me permitió conocer) con Marcela y los chicos.

Pablito sería el responsable de marcarme el paso y ser mi “pacer” en los últimos kilómetros de este proyecto. Debido al viento, decidí que Pablito fuese un par de kilómetros más cerca de la meta, y comenzara su “trabajo de llevarme” los últimos 4K. Durante esos kilómetros, fuimos hablando disfrutando del momento. Su frase “hace mucho que no corríamos juntos” me dejó una caricia en esa parte de la ruta. En un momento, fue una de sus preguntas espontaneas que me hizo reír “Pa, ¿quién fue el loco que hizo esta carrera?” “Fui yo” le dije entre risas.

Los últimos metros, los caminamos y disfrutamos lo hecho. Lo tomé del hombro y él tomó mi cintura. Ese momento es algo que jamás voy olvidar.  (Ahora Calafate)

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