Si no hay justicia, hay escrache: sobre a las denuncias de abuso en redes sociales

martes, 18 de diciembre de 2018 · 22:39

Hace unos largos años, a mediados de los ´90 los genocidas caminaban por las calles de Argentina como si nada hubiera pasado; como si nunca hubieran existido centros clandestinos de detención, ni vuelos de la muerte, ni picana, ni expulsiones, ni exilios. Genocidas que andaban crespos por las calles tras ser favorecidos primero por las leyes de obediencia de vida y Punto Final de Raúl Alfonsin y luego, por el indulto de Carlos Menem. Genocidas fortalecidos por dos ex presidentes que bajo la consigna de pacificación doblegaron los derechos y taparon la justicia.

Con cada una de estas acciones se profundizaba la impunidad y se afincaba en nuestro país uno de los slogan que más caló hondo y tanto daño hizo: con las medidas de Alfonsín y Menen llegó el por algo será.

Por algo será que lo mataron, por algo será que se lo llevaron, por algo será que desapareció, por algo será que se llevaron a su hijo; por algo será, seguro que andaban en algo.

Este slogan instaura la “teoría de los dos demonios”. Enunciado que justificó el genocidio al decir que los militares tomaron el poder para combatir la subversión. Había dos demonios por tanto las torturas, los fusilamientos, las violaciones, los submarinos en tachos de materia fecal, las muertes provocadas por inanición, los robos perpetrados por los militares durante el gobierno de facto, eran justificados por la existencia de un demonio, enemigo interno, que atentaba contra la patria, la familia y, obviamente, Dios.

A mediados de los ´90, frente a este escenario de legitimación de la violencia de Estado, el organismo de derecho humanos H.I.J.O.S (Hijos por la Identidad, Contra el Olvido y el Silencio) toma la palabra y dice: si no hay justicia, hay escrache. La primera actividad fue ir al barrio donde vivía Menendez - Córdoba Capital - y pegar un cartel donde se lo ve con un arma amenazando a un periodista. Ese afiche se pego en su barrio con la consiga: Alerta los vecinos, al lado de su casa vive un asesino. Esta actividad se da curso a un conjunto de escraches que, ante la ausencia de justicia, hubiera condena social. Esta medida tuvo tal impacto que en cada escrache los vecinos de los genocidas se sumaban a la denuncia. Pasaron los años y los escraches a genocidas fueron suplidos por los juicios. Muchos de ellos murieron en la cárcel otros están siendo juzgados.

Pasaron los años, sin embargo la memoria arde y la condena social mantiene encendida la llama; es que tras tanto tiempo, la palabra escrache vuelve a ocupar un lugar central en el escenario diario. Pero esta vez no es Videla ni Massera. No son los organismos de derechos humanos que reclaman condena. Desde un rincón de las redes sociales virtuales se alza la voz de una mujer que, con las palabras que tiene cuenta su historia de abuso sexual, físico o verbal perpetrado por su marido, novio, pariente, vecino. Ella con las herramientas que puede y tiene nuestra chats y fotos como pruebas de lo que le pasó. Se expone, pide ayuda; tiene miedo y con las fuerzas que tiene grita ayuda.

Bajo otra forma pero movido por la misma urgencia emerge el escrache cómo la única herramienta posible para buscar condena frente una justicia que se presenta esquiva y fuera de tiempo. Se lee en las publicaciones: “hice la denuncia en la comisaría de la mujer, le pusieron restricción pero lo mismo llegó a la casa y me golpeo, no sirve de nada lo que hacen, no hay justicia”

Cuando esta mujer violentada hace su denuncia se expone y es posible leer como un conjunto de posteos en los cuales se pone en duda su denuncia: hubieras denunciado antes, le dicen; vos andabas buscando otros hombres, por eso te cago a palos; jodete por trola. Estos comentarios vuelven a golpear y violentar a la mujer; otras vez; cada palabra cae sobre su cuerpo como aquel varón que abuso de ella.

Ya no estamos en la década del ’90 pero vemos cómo la gramática del “por algo será” fundadora de la teoría de los dos demonios emerge para condenar a la mujer violentada: ella es la responsable de lo que le pasa, ello se lo buscó, ello lo merece.

En este país del no me acuerdo estamos condenados a repetir la historia. La justificación de la violencia vuelve como la marea. Sin embargo, en la medida que la justicia no lo condene; mientras sigan caminando tranquilos por la calle, mientras nos sigan insultando, violando, golpeando vamos a seguir gritando: si no hay justicia: hay escrache. Condena social para que no suceda nunca más.

Dra. Lucrecia A. Sotelo lucreciasotelo@gmail.com