Un encuentro cargado de emociones, recuerdos y nostalgia

Entre las múltiples experiencias que nos permite nuestro mundo emocional se encuentra el sentimiento de nostalgia. Un viaje imposible, pero añorado hacia nuestro pasado.
miércoles, 8 de mayo de 2019 · 08:30

De pronto, uno se siente invadido por imágenes, resonancias, palabras o sensaciones del ayer. Se da cuenta de que no es un mero ejercicio de la memoria, ya que, acompañando esos trazos de vida vivida, amanecen vagas emociones que parecen instalarse definitivamente en nuestro interior.

Ocurre entonces que de aquellas emociones imprecisas despierta un enorme sentimiento que cubre todo nuestro ser con su presencia.

Eso fue, de alguna manera los que le pasó a Graciela Ruiz  y a don José Rodríguez y a un grupo de rioturbienses que viajaron muchos kilómetros… para agradecer.

Paso a contarles.

Desde Rio Turbio y luego de transitar más de 2000 km un grupo importante de ex jugadores, de más de 40 años  se trasladaron a la provincia de Neuquén para homenajear a dos ex vecinos y antiguos pobladores que llegaron como muchos, a Rio Turbio en busca de una vida mejor.

Primero en  28 de Noviembre y posteriormente a la vieja villa minera -como se llamaba- se ubicaron en el barrio Santa Cruz después de pasar por varios  para radicarse definitivamente. Ahí, en ese lugar, fundaron el  Club Barrio Santa Cruz

Allí también,  comenzaron un trabajo silencioso y empático: Sostener y albergar a muchos jóvenes en tiempos de bonanzas y de crisis donde no solamente hacían deportes sino también, creaban lazos de amistad, de complicidad, de compañerismo.

En ese lugar, latía algo especial, un lazo que los iba a acompañar a través del tiempo, con recuerdos de  meriendas con torta fritas compartidas, algunas veces para calmar el hambre…

Graciela y don José paralelamente veían crecer a sus hijos. En la música y en arte. Y en amor de esa mama que acompañaba no solo a quienes llegaban buscando compartir sino también el camino que habían elegido Parchi, Richy, Chucu y… el Guaja, sus hijos.

Así pasaron los años. La pareja  vaya a saber porque cosas de la vida, se fueron a vivir a Neuquén.

A menudo regresar a los contextos que nos construyeron durante la infancia y la adolescencia es una buena medida. En ese sentido, los pueblos, sus gentes, sus calles, sus entornos, configuran una trama de paisajes, olores, fotogramas y secuencias de nuestras andaduras ancladas en nosotros mismos.

Graciela  y a don José, pudieron quizás,  reencontrarse con esas  viejas emociones. También quienes integraban el grupo que llegó desde el tiempo, para brindarles un homenaje.

Fue el 4 de mayo, donde alborotados como cuando eran más chicos hicieron surgir las lágrimas de emoción en Graciela y José  al ver a “sus jugadores” y a sus hijos. Todos unidos con el fin de brindarles una sorpresa que habla de amor reciproco y de agradecimiento.

“Mi madre”,  relata con orgullo Héctor “Chucu” Rodríguez, “fundó un equipo de fútbol hace 40 años en el barrio Santa Cruz y  dirigió por mucho tiempo ese equipo. Sembradora por naturaleza hoy cosecha este amor de sus viejos jugadores, junto a mi viejo, colaborador incondicional como tantos otros vecinos”

Allí estaba  casi la  mayoría de los  jugadores de los primeros equipos formados en el Barrio Santa Cruz.