Carta de condenado por abuso en Caleta Olivia

lunes, 1 de julio de 2019 · 08:56

Yo, Roberto Manuel Tellechea jubilado petrolero DNI: 5413907 asumo toda la responsabilidad de lo que voy a comentar agradeciendo a este diario la oportunidad de contar detalles de una causa armada plagada de infames mentiras que jueces se han esforzado en mantenerla oculta negándome el derecho a réplica, en esos mismos medios que utilizaron para ensuciarme.

No perderé mucho tiempo en explicar quién es la mujer denunciante, cuya conducta inmoral ofende a su propia familia, llegando a utilizar a sus propios hijos como un instrumento de venganza por el hecho de perder un soporte económico que por un tiempo alivio su destartalada economía doméstica.

Esta mujer mentirosa y ladrona creyó tener sobre mi el mismo control que tenía sobre su marido, al cual manejaba como un muñeco de trapo, pero sabe dónde golpear y causar el mayor daño posible encontrando en el poder judicial los aliados más inesperados.

Durante este juicio se presentó el Sr: Francisco Marin y declaró que esta misma mujer en el año 2013 participo como testigo en una falsa denuncia en su contra por violencia de genero con el único objetivo de que la pareja de Marin se quede con la casa porque ellas eran muy amigas, lo lograron por un tiempo luego se descubrió la falsedad de la denuncia y Marin recuperó la vivienda.

Pese a mentir en sede judicial no recibió ningún castigo. Cuando me detienen me llevan al juzgado y como entendía que era un caso fácil de explicar aunque llevaría unos días, accedo a que me represente un defensor oficial.

Llega una abogada notificada de la causa y para mí sorpresa en lugar de defenderme me dio a entender que yo era culpable, en ningún momento me leyeron mis derechos.

Me dijeron Ud. tiene que declarar, lo hago negando toda las imputaciones. Cambio de abogado nombrando al Sr. Luciani , vuelvo a declarar, explicó mi relación con eta mujer, rechazo de plano el delito de violación, por la simple razón que sufro una enfermedad de próstata.

Estudios
Solicito que me hagan los estudios médicos que correspondan. Me llevan al Hospital Zonal y la enferemedad se confirma. Después me llevan al Hospital Meprisa para un estudio más completo, análisis de sangre, orina, ecografía prostática, la cual muestra un avanzado agrandamiento de la próstata.

El análisis de sangre registra un alto grado de cáncer de próstata, motivo por el cual estoy en tratamiento. No conforme con esto me trasladan a la Clinica del Valle en Comodoro Rivadavia para un estudio de alta complejidad.

Allí descubren otro problema, al realizarme una ecografía dopler y una ecografía urológica, que muestra que tengo todas las arterias penecnas obstruidas sin irrigación sanguínea. Me inyectaron en esas arterias drogas vasoactivas y estimulantes sexuales muy superiores al Viagra, para medir el grado de erecciópn y no me causo ningún efecto.

Después me llevan al médico forense el Dr. Aybar, que no es urólogo, sin embargo descaradamente trato de cuestionar el trabajo de los especialistas. Frente a este cúmulo de pruebas, que no eran las que ellos esperaban, rechazaron todo. La decisión de condenar había sido tomada mucho tiempo antes del juicio en los despacho de los magistrados y no iba a ser modificada.

El abogado Luciani durante la audiencia debate le dijo a los jueces: mi defendido en otro lugar estaría libre y no estoy hablando de los Estados Unidos o la Unión Europea, sino aquí cerca en la provincia de Chubut, pero en Santa Cruz la denuncia por abuso sexual es más que suficiente para condenar sin investigar nada.

Ese pronostico se cumplió a rajatabla, se aferraron con desesperación al apresurado informe de la psicóloga que en cámara Gesell guionaba la declaración de la menor, que en unos días más cumplirá la mayoría de edad. El informe psicológico para la ley no es vinculante. Los jueces pueden tenerlo en cuenta o no, porque es una interpretación basada en lo que el psicólogo cree que es cierto, pero no lo puede demostrar con certeza. Sin embargo el informe de urólogo no se fundamente en lo que cree, sino en los resultados que muestran los estudios médicos realizados que son catalogados como pruebas científicas, imposibles de ignorar.
Sin embargo los desecharon (para el acusado ni justicia). Por todo lo acontecido me queda muy en claro que enfrento a un poder judicial corporativo fuertemente estructurado, contra el cual un ciudadano de a pie nada puede hacer. Amparándose en el secreto de la causa por estar una menor involucrada, se arrogan el derecho de cometer cualquier tropelía, a todos nos debería alcanzar las generales de la ley.

El código penal contempla el delito de prevaricato y es cuando los jueces y fiscales se ponen de acuerdo para condenar a una persona sin ninguna prueba, eso es lo que hicieron conmigo. Si bien ese delito no lo pagan con la cárcel pueden ser suspendidos o separados del cargo, pero aquí en Santa Cruz eso es una utopía. En manos de los jueces está todo mi historial que confirma mi estado de salud, documentación que también entrego a este diario para despejar cualquier duda. En el juicio el urólogo explico con lujo de detalles los efectos dañinos de esta enfermedad, cuando no es tratada como corresponde.

La acusación decía que la menor presenta signos de desgarramiento, signo de una violación.

El desgarramiento se produce cuando una mujer tiene relaciones por primera vez, cuando declara el novio de la chica dice que mantienen relaciones íntimas de larga data. Inconsistencias por donde se mire; luego de realizar la Cámara Gesel l le ofrecen a la menor la ayuda psicológica que toda mujer necesita después de vivir semejante hecho, pero llamativamente dice que no necesita nada y continua su vida normalmente, por el simple motivo que el delito nunca se cometió. En los alegatos se dijo: viendo el estado de angustia y llanto de la menor en Cámara Gesell, algo que nadie vio.

En su declaración el padre y la madre reconocieron que yo los ayudaba a ellos dos y sus seis hijos en general. Pero el fiscal vio y entendió otra cosa. Tal vez muchos no entienden de lo que estoy hablando, pero los hombres que sufren esta enfermedad, seguro que sí.

Comentarla significa ser objeto de bromas por eso se transforma en una pesada cruz que se arrastra en silencio, sin que nadie se entere.

El fiscal termino diciendo: por todo lo expuesto yo creo que el delito se cometió, por lo tanto pido 12 años de prisión para Tellechea, al decir “yo creo” dio a entender que no estaba seguro.

Debió decir: quedo totalmente demostrado de manera absoluta por tal y tal prueba que el delito se cometió, pero dijo yo creo una acusación falaz y mentirosa, que sustenta solamente en su imaginación. Algunos jueces y fiscales no son tan probos como la mayoría de la gente cree, tomando en cuenta la expectativa de la pena, la edad que tengo y la enfermedad que sigue afectando a mi salud.

Para el regocijo y alegría de los jueces que seguramente se estarán abrazando de contentos, los años que me quedan por vivir no alcanzarán para cumplir la condena, es decir, SOY EL PRIMER CONDENADO A MUERTE EN SANTA CRUZ.

Por: Roberto Tellechea
Dni 5.413.907

Fuente: Diario Más Prensa