Dificultades motrices, del habla y respiratorias: el desafío de volver al día a día luego de estar en terapia intensiva por Covid

En el último mes se dispararon los casos de coronavirus y con ello aumentó la cantidad de pacientes graves que deben permanecer internados en terapia intensiva, muchos de ellos con respiración asistida. La estadía varía según el cuadro, pero muchos pasan más de 20 días en esa situación.
domingo, 11 de octubre de 2020 · 10:24

A más de 6 meses del inicio de la pandemia aún hay muchas preguntas sin respuestas y una de ellas son las secuelas que dejará el virus en aquellos pacientes que pasaron por una situación crítica. 

Los especialistas aseguran que eso podrá saberse a futuro. Sin embargo, en una primera instancia se hacen evidentes las dificultades motrices, y también algunas del habla y respiratorias que padecen algunos pacientes por el solo hecho de haber tenido una larga estadía en terapia intensiva. Es que para quienes estuvieron internados en esa unidad de cuidado crítico, algo que excede al Covid, volver al día a día es todo un desafío.

Martín Moreno es kinesiólogo, tiene 48 años y hace 15 años trabaja en la terapia intensiva del Hospital Regional con pacientes críticos. Forma parte de un equipo de trabajo encabezado por terapistas, pero que también incluye a enfermeros, kinesiólogos en la atención crítica, y otras especialidades en el proceso de recuperación del paciente que evoluciona. 

En diálogo con ADNSUR admite que desde 2005 a la fecha nunca tuvo tanto trabajo en el servicio, y reconoce que pese a no tener un panorama completo sobre cuáles serán las secuelas en pacientes de Covid, notan ciertos factores que alarman, entre ellos la extensión de la estadía.

“En el caso del Covid hay pacientes que están en una situación crítica hasta un mes y medio y eso no es lo común”, explica a ADNSUR. “A veces los pacientes tienen una permanencia promedio de dos semanas, pero en este caso significa una estadía en terapia prolongada, lo cual tiene mucho riesgo, una marcada debilidad, pérdida de peso, muchos trastornos con el ritmo de sueño y algún grado de depresión y ansiedad”, cuenta.

El especialista asegura que todos esos factores no son ajenos para un kinesiólogo de estado crítico. Cada uno de ellos es evaluado para saber cómo se trabajará en la recuperación del paciente, ya que su labor no solo consiste en que la persona “pueda pararse y caminar, sino también en que pueda entender que esto que le ha pasado es común a todas las personas que pasan por una situación así”. 

MUCHO MÁS QUE MOVERSE

En las unidades de terapia intensiva el trabajo es arduo, complejo y continuó por estos días. A esto se suma la contención, algo fundamental ante esta enfermedad casi desconocida que sorprende a pacientes de todas las edades; desde un abuelo sano, un hombre de mediana edad con patologías preexistentes y hasta un joven sin ninguna enfermedad. 

Como dice Martín las secuelas iniciales pueden ser principalmente dificultades motrices. Sin embargo, también puede haber algunas secuelas respiratorias y del habla. Ante ese cuadro los especialistas deben realizar toda una planificación que permita contrarrestarlas.  

“Cuando estamos frente a esta persona que está en una situación crítica y vemos que está experimentando debilidad, pérdida de la función motora que van a afectar en toda su calidad de vida, ya estamos pensando en cómo vamos a contribuir con herramientas específicas. Entonces pensamos en qué hacer para que ese paciente tenga no solo una relación con el movimiento, sino también que hable, se alimente, empiece a tener una autonomía, pero también analizamos qué dificultades puede tener, incluso para sentarse y cómo va a ser posteriormente para su trabajo o que adaptación necesitaría si va tener una secuela. Por eso necesitamos hacer una simulación y ser lo más precisos en eso”. 

Martín asegura que “ese es el desafío diario” con el que los kinesiólogos trabajan en terapia intensiva. Según explica, el trabajo de recuperación del paciente comienza en el interior mismo de la terapia intensiva, pero se prolonga a la sala general, cuando el paciente mejora y ya no reviste gravedad. Sin embargo, llegar a ese punto no es fácil como suena.

“Nuestro desafío es determinar en qué momento es oportuno empezar la recuperación. Generalmente buscamos dos o tres puntos de la evolución, por ejemplo si no hay fiebre, si su sistema cardiovascular está estable y sobre todo si puede tolerar la disminución de la sedación para ver si puede participar; porque a nosotros nos sirve más hacerlo entender que vamos a mover su cuerpo y que necesitamos que colabore si es posible. Eso nos da una ventaja enorme”, explica.

DESDE LO MÁS BÁSICO DE LA VIDA

Solange Butazzi tiene 27 años y hace dos años y medio trabaja en el sistema de salud. Ella coincide con su colega respecto a esta última apreciación: “Se trabaja mejor cuando el paciente ya está despierto”.

La profesional, que presta servicios en el Hospital Alvear y la Asociación Española, asegura que las secuelas en pacientes que están tanto tiempo internado son importantes y no duda en afirmar que para ellos es casi como empezar de cero. 

“Es desde lo más básico de la vida diaria: comer, poder bañarse solo e ir al baño. El paciente no puede hacer nada, ni siquiera tener una buena coordinación para poder escribir o sostener un lápiz en algunos casos”.

Solange asegura que la recuperación puede llevar un par meses e incluso un año, comenzando por “volver a sentarse en la cama, volver a bajarse o ir de la cama al baño”.

“Siempre le digo a los pacientes que tienen que hacerse de mucha paciencia y tener mucha voluntad, porque independiente que nosotros pasemos tres veces por día a verlo, le indiquemos hacer ejercicio, lo paremos, lo hagamos caminar, después él por su cuenta tiene que seguir haciendo esas cosas y eso es voluntad. Pero la verdad es que al principio quedan muy cansados, no pueden subir una escalera, cosas que hacemos diariamente” dice, asegurando que “en el paciente que pasó por una internación prolongada a causa de Covid son tremendas las secuelas que quedan a nivel motor”.

EL CANSANCIO DEL VIRUS

La joven, hija de quien fue jefe de la Policía del Chubut, el comisario Luis Butazzi, asegura que por estos días el trabajo es mucho, pasa casi todo el día fuera de su casa y los equipos de protección y el barbijo cansan. A esto se suma la falta de reconocimiento que tiene el kinesiólogo de terapia a pesar de acompañar a los pacientes en todo el proceso, inclusive cuando salen de cuidados intensivos.

Lo bueno es la graficación de ver a un paciente evolucionar y dar sus primeros pasos luego de haber estado internado en grave estado, algo que espera que nadie deba pasar.

“Es importante que la gente se cuide. Deben entender que el coronavirus existe, que le puede tocar a cualquiera y las secuelas que te deja son tremendas. No hablo de no poder salir a pasear al centro, sino de no poder ir al baño solo, comer solo, porque la debilidad muscular que te queda es tremenda y lleva mucho tiempo después recuperarse y poder volver a ser el que uno era antes”, sentencia, esperando, como todos, que esto termine cuanto antes. (ADNSUR)