Por el cambio climático un país puede desaparecer

Tuvalu no sólo es un pequeño país en el océano Pacífico que ha venido urgiendo a los países más contaminantes a reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esta nación también se prepara legalmente para el peor de los escenarios: la sumersión total de su territorio.
martes, 30 de noviembre de 2021 · 21:38

Se trata de una pequeña isla de 26 kilómetros cuadrados ubicada en el océano Pacífico. Allí afirman que lo mismo le pasará al resto del mundo.

Tuvalu no sólo es un pequeño país en el océano Pacífico que ha venido urgiendo a los países más contaminantes a reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esta nación también se prepara legalmente para el peor de los escenarios: la sumersión total de su territorio.

En este sentido, el ministro de Justicia, Comunicaciones y Relaciones Exteriores de Tuvalu, Simon Kofe, envió un dramático mensaje a la COP26, la reciente cumbre de cambio climáticoen Glasgow, Escocia. “Nos estamos hundiendo, pero lo mismo le pasa a todo el mundo”, afirmó.

Con el agua hasta las rodillas, en un sitio que años atrás era un terreno seco, Kofe dejó en claro que el drama que hoy enfrenta Tuvalu es solo un presagio de los graves impactos del cambio climático que azotarán cada vez más, aunque en formas diferentes, a muchos otros países del mundo.


El nivel del mar, una amenaza existencial

Tuvalu tiene nueve pequeñas islas y está aproximadamente a 4000 kilómetros de Australia y de Hawái. Sus vecinos más cercanos son Kiribati, Samoa y Fiyi. “Es una nación insular de baja altitud. El punto más alto sobre el nivel del mar es de 4 metros”, explicó el ministro Kofe.

Al igual que Kiribati y las Maldivas, entre otros, Tuvalu es un país conformado por atolones, y por ello es especialmente vulnerable al calentamiento global. Los territorios de estas naciones se asientan sobre arrecifes de coral en forma de anillos, completos o parciales, que rodean una laguna central.

“Vivimos en franjas de tierra muy delgadas y en algunas áreas se puede ver el océano a ambos lados, de un lado el mar abierto y al otro una laguna”, señaló Kofe. “Lo que hemos estado experimentando a lo largo de los años es que con el aumento del nivel del mar vemos la erosión de partes de la isla”.

Tuvalu viene enfrentando además ciclones más fuertes y períodos de sequías, agregó el ministro. Y la mayor temperatura del océano ha blanqueado arrecifes de coral, vitales para la protección costera y la reproducción de peces. Pero hay otro problema aún más acuciante: la intrusión de aguas oceánicas.

El mar y su impacto en el agua potable

El agua del océano se está filtrando bajo el suelo en ciertas áreas y esto afecta los acuíferos, explicó Kofe. “El agua potable la obtenemos normalmente de la lluvia, pero en algunas islas solían también cavar pozos para acceder al agua subterránea.

“Hoy eso no es posible debido a la intrusión de agua de mar, por lo que básicamente dependemos solo del agua de lluvia”.

La penetración de agua salina también inutilizó terrenos para agricultura. El gobierno de Taiwán financia y administra actualmente en Tuvalu un proyecto experimental para producir alimentos en condiciones controladas.

“La salinidad en la arena hace que sea muy difícil para nosotros cultivar nuestros alimentos y dependemos cada vez más de los productos importados”, afirmó Kofe. “El proyecto del gobierno taiwanés tuvo que importar el suelo y el fertilizante”.


La lucha de los países insulares

Los estados insulares como Tuvalu han reclamado durante más de 30 años acciones climáticas concretas a nivel global. En 1990, naciones insulares del Pacífico formaron una alianza diplomática con otras del Caribe, como Antigua y Barbuda, y del océano Índico, como las Maldivas. El objetivo era crear un frente común en las negociaciones sobre cambio climático.

La Alianza de Pequeños Países Insulares, Aosis por sus siglas en inglés, tiene hoy 39 miembros y ha jugado un papel clave en visibilizar el grave impacto del calentamiento global en los países en desarrollo.

La insistencia de Aosis fue crucial, por ejemplo, para que se incluyera en el Acuerdo de París en 2015 una referencia a la importancia de hacer frente a los llamados “daños y pérdidas”, las compensaciones por perjuicios climáticos irreversibles a los que no es posible adaptarse.

En un mensaje a la COP26, el actual presidente de Aosis, el primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, recordó que “la contribución de los pequeños estados insulares en desarrollo a las emisiones globales de CO2 es menos del 1%”.

“Nuestros países son los menos responsables del daño ambiental a nivel mundial”, agregó Browne. “Pero nosotros pagamos el precio más alto”. Ese precio ha quedado cada vez más claro gracias a múltiples estudios científicos. lmneuquen.com