Trump fue absuelto en el juicio político, pero con sorpresas

Donald Trump fue absuelto de los dos cargos que se habían presentado en su contra, pero hubo una sorpresa: este fue el primer juicio político en que un senador del partido gobernante vota para condenar al presidente. Fue el caso del republicano Mitt Romney, quien votó culpable.
jueves, 6 de febrero de 2020 · 08:17

El Senado de Estados Unidos ha absuelto este miércoles a Donald Trump de los cargos de abuso de poder y de obstrucción al Congreso a raíz de un escándalo de presiones a Ucrania en busca de su beneficio electoral. El magnate encara la recta final de su mandato envalentonado y con la mira puesta en la reelección tras haber superado el proceso institucional más grave de la política estadounidense, el impeachment. Nunca hubo incertidumbre, la mayoría republicana arropó a su líder desde el inicio, con la excepción de Mitt Romney, que apoyó a la destitución. La Cámara alta rechazó muy fracturada ambas acusaciones —la primera por 52 votos frente a 48, y la segunda por 53 a 47—, con todos los demócratas en contra. El desenlace marcará las futuras presidencias.

La historia de un país, vista de cerca, mientras se fragua, puede resultar tediosa, hasta vulgar. En las dos semanas que ha durado el tercer juicio a un presidente desde la fundación de Estados Unidos se ha visto a senadores haciendo crucigramas y aviones de papel, dormitando y metiendo caramelos de contrabando en la sala. Las sesiones, maratonianas, han mostrado lo prosaicas que pueden llegar a resultar las horas cruciales de una nación, sobre todo cuando el desenlace lleva tiempo escrito.

Pasadas las cuatro y media de la tarde de este miércoles, Donald J. Trump, el presidente número 45 de Estados Unidos, quedó absuelto de los dos cargos que pesaban sobre él. Esta vez, nadie hacía garabatos, se removía en la silla o miraba al infinito como en las interminables jornadas previas. La votación fue rápida, apenas pasó de los 40 minutos. Uno a uno, cada senador respondió en voz alta “culpable” o “no culpable” -algunos poniéndose en pie- sobre los llamados artículos del impeachment.

Luego, la sala se vació enseguida, los demócratas se fueron con caras largas, pero no hubo grandes expresiones de nada, ni de júbilo ni de pesadumbre. En 10 minutos parecía que allí dentro no había sucedido nada, porque probablemente ya no quedaba mucho por suceder. Este ha sido el impeachment más partidista vivido hasta ahora.

La condena y consiguiente destitución del presidente requería el apoyo de dos tercios del Senado, 67 de los 100 senadores, y los republicanos (con 53 escaños) se mantuvieron como una fortaleza. Solo Mitt Romney, el senador de Utah que fue candidato presidencial en 2012, un político mormón muy crítico con Trump, anunció que lo condenaría en el cargo de abuso. “El presidente es culpable de un terrible abuso de la confianza pública”, dijo en un breve discurso que tuvo que interrumpir en ocasiones, aparentemente emocionado. Se convirtió así en el primer senador de la historia en votar por la destitución de un presidente de su propio partido.

De nuevo, la historia. Esta empezó con la denuncia de un informante procedente de los servicios de inteligencia, en un escrito del 12 de agosto pasado, y combustionó rápido. El 24 de septiembre, la Cámara de Representantes, en manos demócratas, anunció la apertura de una investigación previa.

El mandatario estaba acusado de abuso de poder por supuestamente presionar a su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, para lograr que la justicia ucrania anunciase dos investigaciones que perjudicaban a sus rivales políticos demócratas, utilizando para ello incluso la congelación de 391 millones de dólares (unos 355 millones de euros) en ayudas militares y una invitación a la Casa Blanca. Una de las pesquisas tenía como protagonistas a Joe Biden, precandidato demócrata, y al hijo de este, Hunter, por su trabajo en una empresa gasista en ese país, Burisma, cuando el padre era vicepresidente. La otra tenía por objeto una teoría desacreditada según la cual desde Ucrania se habría lanzado una campaña de injerencia en las elecciones presidenciales de EE UU de 2016 para favorecer a los demócratas. (El País)

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