Mauro Gil juega en Tiro, es “Profe” y será licenciado, pero sigue siendo el hermano de...

No le molesta que lo vivan comparando con Leonardo, el “Colo” (tres años mayor que él), ex futbolista de Olimpo y hoy en Rosario Central. Una historia de vida con permanentes desafíos y mucho amor.
domingo, 3 de noviembre de 2019 · 11:31

Mauro Leandro Gil es el hermano de Leonardo Roque Albano Gil, quien después de pasar por Olimpo (temporadas 2012-2013, que coronó con el ascenso a Primera, 2013-2014 y 2014-2015), saltó a la fama del fútbol nacional: Estudiantes de La Plata (2015-2016), Talleres de Córdoba (2016-2017) y hoy Rosario Central.

La historia de Mauro, de 25 años y actual jugador de Tiro Federal en la Liga del Sur, se encuentra íntimamente relacionada con todos aquellos chicos que, en algún momento de su adolescencia, tuvieron que optar por el estudio o por perseguir sus sueños detrás de una pelota.

Cuando terminó la escuela secundaria, ya tenía la decisión tomada: dejar su ciudad natal, Río Gallegos, para venir a construir su futuro a Bahía Blanca, donde se va a quedar porque, según sus propias palabras, se siente mejor que en cualquier otro lado.

“Cuando a principios de 2013 opté por Bahía, mucho tuvo que ver que seis meses antes mi hermano, el 'Colo', se había sumado a filas de Olimpo. Vine decido a estudiar Educación Física, carrera que terminé en 4 años. Por una de mis hermanas (Carolina) tenía la posibilidad de ir a Buenos Aires, pero el cambio iba a ser muy grande. Elegí bien, porque acá me manejé siempre solo, le di prioridad a la cursada y me recibí en tiempo y forma”, contó el “Topo”, como lo conocen de chiquito.

—Tengo entendido que seguís estudiando...

—Sí. El año pasado terminé de cursar la licenciatura en Viedma, y ahora solo me falta presentar la tesis. Ya me siento liberado de materias, carpetas y apuntes, por eso empecé a pensar en el fútbol, en volverme a sentir jugador otra vez.

—¿Cómo se dio tu llegada a Tiro?

—Mi primer amigo en Bahía, Fernando Conte, es hincha de Comercial y allegado a Pablo Recalde, quien en 2018 dirigió técnicamente a Tiro. Me hizo el contacto y empecé a entrenar. Arranqué de a poco porque llevaba 5 años sin tocar una pelota. Agarré ritmo en Reserva y ya en esta temporada el entrenador actual (Emiliano Ortriz) me tuvo en cuenta para ser parte del plantel de Primera.

—¿Es cierto que te fuiste a probar a Pacífico y no quedaste?

—Sí. Estuve tres semanas entrenando hasta que el técnico Damián Graf me comunicó que no me iban a tener en cuenta. Me explicó que la prioridad la tenían los chicos del club y respeté la decisión.

Mauro, volante central como “Leo”, se recibió de “Profe” en el Instituto Superior Pedro Goyena, trabaja como instructor de musculación en el gimnasio Ozono y dice que en nuestra ciudad encontró un lugar parecido a su Gallegos natal. ¿Será por el frío y el viento?

“Me adapté rápido al ritmo de vida de Bahía, además de haber encontrado trabajo enseguida. Me sentí tan cómo cuando llegué que nunca me dieron ganas de retornar a mi casa. También debo reconocer que desde hace 5 años estoy de novio con Micaela Rodríguez (oriunda de Coronel Dorrego), y no puedo negar que eso tiró bastante para decidir quedarme acá...(risas)”.

—Una vez recibido, ¿no se te dio por seguir a tu hermano, ligarte de alguna manera al mundo del fútbol profesional? Hoy podrías ser su representante, no sé...

—Siempre tuve la inquietud de saber qué hubiese pasado si apostaba al fútbol cuando empecé a crecer como jugador o cuando llegué a Bahía por primera vez, a los 19 años. Aunque puedo dormir y asegurar con absoluta tranquilidad que no me arrepiento de haber apostado al estudio, de cumplir con la meta de ser profesor de Educación Física.

“Igualmente pienso en un proyecto a futuro junto a 'Leo', ser parte de un mismo cuerpo técnico: el como DT y yo como 'Profe'. Sería lindo que el fútbol nos vuelva a encontrar y podamos compartir esta pasión que tanto amamos”.

Al “5” aurivioleta se le iluminan los ojos cuando se refiere a sus 7 hermanos (Catalina, de 34 años; Carolina, 33; Ivana, 32; Paula, 30; Leonardo, 28; Luis, 26 y Dayra, 16), o cuando repasa mentalmente sus épocas de gurrumín en el Club Social y Deportivo Ferrocarril de Río Gallegos.

“En el YCF (así se conoce al 'Ferro') debuté en Primera a los 14 años, y a los 16 fui parte del equipo que en el Argentino C llegó a la instancia final por el ascenso al B”, señaló Mauro, quien en 2015 tuvo un paso fugaz por Villa Mengelle de Jacinto Aráuz, en la Liga Cultural Pampeana.

—Ahora que retomaste el fútbol, ¿qué diferencias encontrás con aquel jugador que interrumpió su carrera a los 19 años?

—Cambié la cabeza y adquirí más experiencia. La convivencia con mi hermano, ir a verlo entrenar, estar hablando todo el día de fútbol, que me haya permitido compartir momentos con compañeros de él que son verdaderos cracks, todo eso me hizo crecer mental y futbolísticamente. Saber escuchar te hace mejorar.

“Estoy en mi mejor momento; comprendí como es el juego. El fútbol de la Liga del Sur es súper exigente y creo que me amoldé; al menos no me está yendo mal. Estoy tratando de plasmar dentro de la cancha todo lo que aprendí mientras no jugaba ni entrenaba”.

—Algunos aseguran que sos más talentoso que tu hermano, ¿es así?

—Ja, ja, te mintieron. Técnicamente él es mucho mejor. Soy un jugador aguerrido, fuerte, que corre y hace un gran desgaste. Mejoré un montón, aunque me encuentro lejos, por ejemplo, de la exquisita pegada que tiene el “Colo”, un profesional con todas las letras.

—También me apuntaron que cuando hay viento y juega Tiro sos feliz. No lo puedo creer.

 —Ja, ja. Es que estoy acostumbrado. Mis compañeros se enojan, pero si hay viento me motivo el doble...(risas). En Gallegos, además de aprender a jugar, te enseñan los secretos del viento; es como una materia extra. Allá es tan común que sople todo el día, que te tenés que acostumbrar a planificar los partidos con la velocidad y la dirección del viento. Tenés que calcular absolutamente todo, la pegada, la ubicación, el control del balón...

Con 25 años no deja de soñar

—¿Te viven comparando con Leo?

—Vos sabés que no. Mi apellido es bastante común, aunque cuando se enteran que soy el hermano del “Colo”, me preguntan por él y a mi que me parta un rayo... (risas).

—¿Cómo es él y cómo sos vos?

—Nos parecemos en varios aspectos, sobre todo en la constancia, la responsabilidad y la predisposición al trabajo. Somos muy familieros y nos gusta juntarnos con amigos. De él admiro la capacidad para relacionarse con buena gente y ganarse la confianza enseguida.

—¿Qué más?

—Los dos cocinamos buenos asados.

—¿En qué son distintos?

—Ahhh... El es ordenado y meticuloso; yo todo lo contrario. Me cuesta ser estructurado y dejó todo tirado con la excusa “después lo junto”.

—Hay otra diferencia: vos sos morocho y de barba; el lampiño y “colorado”.

—Sino estoy con él, muchos no me creen cuando digo que soy su hermano. Ivana y Leo son los únicos colorados de la familia. Me viven cargando, pero ya me acostumbré.

—Es raro que cuando Leo estaba en Olimpo vos nunca te hayas ido a probar.

—Es cierto. Nunca se dio ni él me lo propuso alguna vez. Sí se lo planteó a mi otro hermano (Luis), quien entrenó una semana a prueba en Olimpo y no quedó.

—Contame algo de Luis.

—El mejor de los tres varones (que nacieron del matrimonio que formaron Roque y María, ya fallecida). Es enganche, hábil, inteligente, fuerte y muy técnico. No juega más y es una pena.

“De muy chico pasó a la CAI (Comodoro Rivavia), y teniendo edad de menores lo vinieron a buscar dos veces de Vélez y una de Boca. Luis decidió no ir, tal vez pensando en que iba a extrañar o que todavía era chico para semejante aventura. Se le terminó pasando el tren, porque después nunca más tuvo las oportunidades que se le presentaron en ese momento.

—Tenés 25 años, ¿ya crees que no vas a vivir del fútbol?

—El sueño lo sigo manteniendo. No sé si dejaría mi profesión por el fútbol, imagino una vida con ambas cosas a la vez. Mi objetivo es jugar a otro nivel, creo tener condiciones y maduración como para aspirar a un Federal A o B Nacional. Retomé mi carrera en Bahía, una buena vidriera.

—Todo puede suceder, contactos no te faltan...

—Ja, ja. El año que viene se verá. Ahora solo pienso en Tiro, en los partidos que nos quedan de acá al final. Terminamos primeros en la Zona B e ingresamos a los playoffs, pero no nos conformamos solo con eso. Tenemos equipo como para ganarle a cualquiera.

El amor después del amor

—Amor, dinero y salud, ¿cómo las ordenarías?

—El amor ante todo. Sin amor, sin afectos, sin cariño, sin comprensión, si no tenés a quien darle amor o de quien recibirlo, es difícil que goces de buena salud. Sin amor no podés avanzar, es el motor de nuestras vidas, el que te mantiene vivo, tranquilo y feliz. Sin amor es factible que te estreses, que te preocupes y que te enfermes.

—Me dejaste sin palabras.

—Es lo que siento. Y por último el dinero. Hay gente que con poco es feliz y no se enferma nunca. Muchos creen que el dinero da poder, pero se terminan obsesionando y eso deriva en un mar de problemas. La plata es necesaria, pero no fundamental para ser feliz.

—¿Qué tenés y que te falta en esta vida?

—Tengo una familia estupenda, soñada, que siempre está. Mis amigos de Gallegos y los que hice acá en Bahía son de fierro, esos que darían por vos hasta lo que no tienen. Y lo que me falta, sin dudas, es mi mamá, a la que no pude conocer porque murió cuando yo tenía 3 años. No tengo ningún recuerdo, ni siquiera una imagen de ella, algo que me llena de impotencia y resignación.

“A largo plazo me gustaría ser padre, constituir una familia y tener el mejor bienestar. Y a corto plazo, recibirme de licenciado y seguir metiéndole al fútbol para llegar a lo más alto que pueda. Te repito, mi meta es un Federal A o la B Nacional”.

—Río Gallegos es...

—Una ciudad que te puede sorprender. Cuenta con espacios para recreación al aire libre, como la ría y el puerto, pero le falta lugares cerrados para distraerte cuando le clima más castiga. Me refiero a un centro comercial, por ejemplo, pero bueno, siempre digo que para ser feliz necesitás más de vos que de grandes lujos.

—¿El mejor regalo que hiciste por amor?

—Cuando llevábamos dos años de noviazgo con Micaela, compartimos un viaje a El Calafate que fue inolvidable. En el camino pasamos por Gallegos y conoció a mi familia. Ese viaje fortaleció la relación.

El día que se sintió “Gigante”

“Central salió campeón de la Copa Argentina 2017 en Mendoza, pero la fiesta por la coronación la hizo en Rosario, en el Gigante de Arroyito. El estadio estaba repleto y cada futbolista, que era presentado por la voz del estadio, debía entrar al campo de juego acompañado por algún familiar, nene o nena, caminando o en brazos”.

“El 'Colo' me eligió a mi, aunque en un primer momento, cuando estábamos en la manga, el jefe de seguridad del plantel me dijo que no podía entrar con mi hermano, que era para criaturas y que yo estaba grande. Me fui enojado a la platea, pero al minuto el mismo jefe de seguridad me vino a buscar.

—¿Y?

—Cuando volví al campo de juego, el 'Colo' me comentó que Marcos Ruben intercedió y que por eso yo estaba ahí otra vez. Fue muy cómico lo que vino después, porque cuando lo nombran a mi hermano, Zampedri, Camacho y Ortigoza empezaron a gritar: “'Colo', agarrá de la mano a tu hermano'”. Yo estaba paralizado, con mucha vergüenza, pero cuando me dirigí hacia el medio de la cancha no podía creer lo que veía: el estadio se caía; una imagen hermosa e imborrable. Festejé como un jugador más, y fue gracias a Marco Ruben.

—¿De qué compañero de tu hermano recibiste los mejores consejos?

—Del “Cholo” Guiñazú (NdR: ya retirado). Además de ser un personaje, escucharlo es un placer. Un jugador humilde, carismático, un líder natural con una personalidad admirable. En una cena me recalcó que el fútbol lo debo aprovechar para hacer amistades y para compartir momentos, que es lo único que me voy a llevar de este mundo.

“Futbolísticamente me enseñó a ubicarme. Me acuerdo que me dijo: 'la que tiene que correr es la pelota, no sirve de nada que te canses corriendo atrás de ella'. Me indicó cómo leer ciertas jugadas y me aclaró que no puedo negociar la intensidad y la entrega. 'El rival nunca te puede ver débil', me aconsejó. Un monstruo”. (La Nueva)