La brutalidad policial, un tema recurrente

La brutalidad policial, expresada como el uso arbitrario y desmedido de la fuerza por parte de los agentes que trabajan en el Estado, no es, un acto aislado de policías salidos de control; es una política  que desde el estado,  nunca se ha controlado debidamente. 
lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00
La brutal golpiza que le propinaran agentes policiales a un joven en esta capital sigue siendo el tema de noticias de diarios y portales de información.
La policía de la provincia fue creada, para  generar el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y las libertades públicas y para asegurar que los habitantes convivan en paz.
Si el Estado es el empleador  de un aparato que golpea a mansalva algo está pasando,  la brutalidad, expresada como el uso arbitrario y desmedido de la fuerza  es utilizada sistemáticamente por la policía de la provincia de Santa Cruz es moneda corriente, no es la primera ni será la última vez que la policía se excede en sus funciones. 
La brutalidad se ha manifestado en Santa Cruz en prácticas contundentes como lo son: los abusos de la fuerza en la contención de manifestaciones,  los maltratos físicos y psicológicos a detenidos, las irregularidades en procedimientos de rutina, son moneda corriente en la provincia.
Ni siquiera los organismos de Derechos Humanos toman debidamente las cartas en el asunto pasando a ser nada más que un cartel que solo sirve para recordar fecha puntuales y no accionar contra la brutalidad policial. 
Práctica permanente 
Entonces, se puede hablar de que algo se convierte en una política de Estado, cuando es una práctica permanente, sistemática, generalizada en una provincia, que es invisibilizada por sus dirigentes políticos, y que además las instituciones públicas lo protegen, sea por vías de hecho como la impunidad, o por vías de derecho como lo son las trabas en los procesos administrativos contra los propios  agentes que ejecutan actos reñidos con su investidura y lo peor,  es que quien se atreve a denunciar una situación  de este calibre, es reprimido o  judicializado. (El Diario Nuevo Día)