Santa Cruz y un cooperativismo autómata

El cooperativismo de trabajo en Santa Cruz se comenzó a promocionar en el norte de la provincia a partir del año 1999,. En el año 2001 ante la crisis socioeconómica, este modelo se profundizó permitiendo generar trabajo formal y disminuir el nivel de desempleo de la provincia.

lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00

as cooperativas promovidas por el estado fueron una solución a la crisis del 2001,ya que se generó mano de obra a bajo costo en pleno caos social en la Argentina. A lo largo de los años se siguió haciendo del mismo modo, generando miles de cooperativas que dependen de las arcas estatales. Hoy el sistema está saturado, pero hay servicios esenciales que dependen de estas cooperativas cuyos integrantes no llegan a tener ingresos de  $ 3.000. Hoy ante la desidia del sistema, se convierten en trabajadores tercerizados bajo la máscara del cooperativismo.

En nuestra ciudad la implementación del programa de promoción tuvo como principal actor al Ministerio de Asuntos Sociales, allá por el año 2001, cuando una crisis económica social brutal azotaba al país y el empleo caía a un ritmo desconcertante en todos los rincones del país. Por esos tiempos la política social estaba en manos de Alicia Kirchner, una de las impulsoras del cooperativismo para generar mano de obra en Santa Cruz.

Su aplicación vino a atender específicamente a sectores bajos y medios bajos sin posibilidad de acceder a un puesto de empleo que satisfaga sus necesidades básicas. Fue entonces que se desarrolló un programa que incluía la capacitación previa  de los agentes para la conformación de cooperativas de trabajo. El modelo trajo inclusión y trabajo en épocas de crisis, con el estado como principal sostén de estas mini empresas dependientes.

Sin embargo luego del 2003, reacomodada la economía nacional, curiosamente las cooperativas siguieron generándose, pero ya no como un sistema de saneamiento social, sino como un método de tercerización de los servicios básicos del estado. Para no asumir los costos, la creación de cooperativas de limpieza y de puericultoras etc. que trabajaban para el estado, solucionaron un problema importante para los gobernantes: sin gastos en aportes jubilatorios, sindicales ni obras sociales, tenían trabajadores solucionando problemas durante 8 horas diarias, que mediante formato de cooperativas, no eran más que empleados del estado no contratados, tercerizados.

Además teniendo en cuenta que, las cooperativas sindicalmente se federan,  en el transcurso de los años  tampoco existió un programa aprobado por el cual se promuevan,  y la contratación directa ya no se hace por la vulnerabilidad socioeconómica.

Y aquí quedó viciado el sistema, hoy vemos cerca de 2000 cooperativas en toda la provincia, cuyo principal cliente es el propio estado, porque en realidad son los municipios y el propio estado provincial los que promueven la creación de estas cooperativas de trabajo, las cuales carecen de los principios básicos del cooperativismo, en tanto se usa el término positivo de cooperativas para tapar la contratación de mano de obra barata, que genera ahorro en las economías superpobladas de agentes públicos, y además genera adhesión política-clientelismo, para un modo de generar adeptos que empobrece el debate y la discusión ya que aprovecha las necesidades básicas de las personas para obtener consenso político.

El estado nunca más se ocupó de brindar capacitaciones ni estrategias de crecimiento económico del sector privado que pudieran absorber los servicios que brindaban estas cooperativas, no hubo incentivo ni desarrollo  que pudieran ligar esos tipos de trabajos a otros sectores que no fuera el propio estado. Esto terminó generando un cooperativismo  manco, con poca autogestión, sin solidez,  casi autómata, sin poder de decisión de los socios, ya que los límites se terminan, en este tipo de sistema cooperativo, allí donde sus integrantes deben pensar a nivel ingresos personales  que no alcanzan.Foto LOA (El Diario Nuevo Día )