Todos cómplices de Gareca

El silencio ante tamañas acusaciones y la ausencia de repercusiones marca claramente una práctica corrupta y desleal que está enraizada en la cultura de la dirigencia política.

sábado, 4 de enero de 2014 · 00:00

Aquello de que todos lo saben pero nadie lo dice o el secreto a voces, parece ser el paradigma que cobija el silencio de la dirigencia política en nuestra ciudad y provincia, ante un hecho tan repudiable como el cometido por el concejal Gareca y que ni sus pares de bancada han salido a repudiar.

Sin dar mas entidad que la asimilada por el periodismo para las redes sociales y los trascendidos de pasillo, claramente las opiniones giran en torno a una costumbre de la dirigencia política sobre utilizar fondos públicos para armarse políticamente, o peor aún, usar puestos de trabajo para, sobre la necesidad de la gente, exigirles un "diezmo" para la "causa".

Tan evidente se torna este silencio cómplice que hasta parece desubicada la propia noticia, o que Nuevo Día haya publicado una situaciòn de la que todos parecen estar enterados.

A estas alturas, a poco mas de una semana de las denuncias, las cuales fueron grabadas, y aùn no han sido desmentidas por el protagonista, quien atinó a decir que se trataba de "una operación política", estamos en condiciones de afirmar que todos son cómplices de Gareca¨.

POr cuestiones mucho menores a esta, la discusión mediática està a la orden del día, lo que hace imposible entender que ninguno de los referentes dentro y fuera del Concejo Deliberante hayan acudido a repudiar las denuncias, pero tampoco a defender al Edil.

Claramente hay una cultura corrupta enraizada en el ámbito público y fundamentalmente en la dirigencia política, aquellos ciudadanos que obtienen una banca por el voto del pueblo, y que buscan el beneficio económico automáticamente, o la construcción del poder por medio de actos tan bajos como aprovecharse de un desempleado para darle trabajo y exigirle la mitad del sueldo, parecen no ser una excepción, sino algo común y que no sorprende ni a amigos ni enemigos políticos.