DÍA DE LA MEMORIA

30.000 Veces: Nunca Más

Somos parte de un pueblo que lucha hace muchos años por un país con justicia y plena vigencia de los derechos humanos. Por esa Argentina dieron su vida 30.000 detenidos desaparecidos.
martes, 24 de marzo de 2015 · 00:00

Se cumplen hoy 39 años del golpe de estado de 1976, que instaló la más feroz dictadura que conoce nuestra historia.

Hoy varias generaciones reafirmarán la memoria, para mantener vivo el recuerdo de 30.000 detenidos desaparecidos, el dolor de tantos compatriotas asesinados, encarcelados, torturados, perseguidos y condenados al exilio.

Seguimos exigiendo el castigo de los responsables y ejecutores del genocidio, para denunciar la impunidad de ayer y de hoy, las nuevas formas de represión y para seguir luchando por los ideales por los que dieron su vida nuestros compañeros: una Argentina sin opresión, sin explotación y sin miseria.

Reivindicamos hoy, la resistencia y la gigantesca y heroica lucha obrera y popular que se abrió paso desde los socavones de la dictadura, la lucha inclaudicable de las madres, las abuelas, los familiares, los ex detenidos- desaparecidos, y todos los Organismos de Derechos Humanos, lucha que se continuó a lo largo de todos estos años en la pelea incesante por terminar con la impunidad del pasado y del presente.

Objetivos

 

La dictadura tuvo como objetivo imponer un proyecto de país. Para lograrlo recurrió al genocidio con el fin de destruir las organizaciones obreras y populares, exterminando a los luchadores y sometiendo por el terror al pueblo argentino.

Durante esos años, los países imperialistas, los terratenientes, los organismos multinacionales de crédito como el FMI, los monopolios y los grandes grupos económico-financieros nacionales y extranjeros fueron los beneficiarios de estas políticas, que profundizaron la crisis estructural de la Argentina y agigantaron la desigualdad entre los pocos que acumulan enormes riquezas y los millones que no alcanzan siquiera a percibir un ingreso mínimo que les garantice la subsistencia.

Esto fue así durante la dictadura y sigue siéndolo en la actualidad.

En su declive, la dictadura intentó apropiarse de la reivindicación histórica de Malvinas. Las mismas fuerzas armadas que aplicaron el terror fascista claudicaron cobardemente frente al imperialismo, mientras los jóvenes soldados combatieron y murieron heroicamente en la defensa del irredento territorio. A pesar de que el terror fascista de la dictadura fue derrotado, las clases dominantes siguieron imponiendo la continuidad de su proyecto económico-social durante los gobiernos constitucionales posteriores.

 

Sigue el sistema

 

Cambian los gobiernos, pero continúa el sistema que ha condenado millones de argentinos a la pobreza y la indigencia.

En estos años vimos surgir la dolorosa Argentina de los hambreados, la de los millones de desocupados y los obreros flexibilizados y con salarios por debajo del nivel de pobreza. La Argentina de la salud y la educación colapsadas. La de la corrupción por arriba y el hambre y el desamparo por abajo.

La Argentina de la impunidad, donde los sucesivos gobiernos ampararon a los ideólogos, responsables y ejecutores de los crímenes de la dictadura y mantuvieron intacto el aparato represivo.

Esta impunidad engendró nuevas impunidades. Pero a la vez creció la otra argentina; la de la lucha y la resistencia popular a todas estas políticas. Esta lucha tuvo un punto de inflexión en las heroicas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que sacudieron la argentina hasta sus cimientos. La oleada de piquetes, puebladas y paros que se venían sucediendo desbordó en esas jornadas en las que el pueblo se volcó a la calle porque no estaba dispuesto a soportar otro estado de sitio, ni a seguir en el mismo estado de opresión. 34 personas entregaron su vida en estas jornadas y otros 6 murieron luego a causa de las heridas recibidas.

La consigna "que se vayan todos” expresó a los millones que cuestionaron las instituciones del sistema.

No fue en vano

 

Pero esa lucha no fue en vano , se logró la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que se reabran causas contra los genocidas en todo el país y conseguimos la detención y el procesamiento de alrededor de 150 represores. Sin embargo, la gran mayoría disfrutan de prisión domiciliaria o están detenidos en unidades de las fuerzas armadas gozando de privilegios inaceptables. Y más de mil aun no han sido ni rozados por la justicia. Por eso, hoy como ayer, exigimos cárcel efectiva, común y perpetua para los genocidas.

La mayoría de los jueces se niega a procesar a los represores como partícipes del terrorismo de estado y el genocidio, imputándoles únicamente delitos puntuales. Aún teniendo a la vista las listas de quienes integraban el personal de cada centro de exterminio y las de los detenidos-desaparecidos que pasaron por ellos, los jueces cómplices se niegan a tratar estas causas como un plan sistemático de exterminio y desaparición.

 

Una tarea pendiente

Es imposible referirse al 24 de marzo sin hablar de desapariciones forzadas, campos de exterminio, apropiaciones de niñas y niños, torturas sistemáticas y despiadadas, persecuciones ideológicas, censuras, autocensuras, y el envío de adolescentes a la guerra para conservar el poder. La dictadura gobernó con sangre, cobardía y complicidad civil, y sin ética, honor, ni ley.

Los efectos de la dictadura no se terminan juzgando y castigando a los militares responsables de la misma; la cuestión es más compleja. Sin duda todas las personas que dieron, obedecieron órdenes o fueron cómplices de hechos que implican violaciones a la dignidad humana tienen que ser sometidas a la justicia, juzgadas, condenadas y cumplir las penas sin privilegios.

En este sentido se está recuperando el terreno perdido gracias a las leyes y decretos de impunidad. Igualmente, la recuperación de niños y niñas que sufrieron secuestro y sustracción de identidad, y la averiguación definitiva del destino de cada una de las personas desaparecidas es un imperativo ético irrenunciable.

 

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