Swift los restos de un gigante que marcó la vida de Río Gallegos

La importancia del funcionamiento de las plantas frigoríficas en Santa Cruz, excede lo estrictamente económico y atraviesa un contexto social, donde conjugan la actividad económica, una cultura laboral y el entramado de relaciones de las comunidades patagónicas.
domingo, 25 de noviembre de 2018 · 14:23

*Mario Novack

Centrándonos en Río Gallegos, cientos de historias de padres, abuelos y hasta bisabuelos trabajadores de esta planta hemos encontrado en la documentación obrante o simplemente en el relato oral, con toda la riqueza que el mismo tiene.

El auge de la actividad ganadera en Santa Cruz motivó la instalación de plantas en localidades costeras de la provincia. Así fueron poniéndose en marcha en Puerto Deseado,  Puerto Santa Cruz, Puerto San Julián y Río Gallegos, brindando una dinámica fabril a las incipientes poblaciones.

Pero no tardarían en aparecer las infrahumanas condiciones laborales, algunas de las cuales se extendieron hasta la llegada del peronismo al poder, en el año 1945. La mayor parte de estas condiciones estaba relacionada con bajos salarios y el trabajo “insoportable” en las cámaras de frío.

Generalmente la respuesta, en lugar de inversión, fueron palos y balazos para los trabajadores de las distintas actividades, no sólo la de la carne. Un mercado internacional demandando permanente y una producción ganadera en auge era el marco de aquellos años de explotación.

Los obreros llegados a esta zona eran en su mayoría inmigrantes europeos corridos por el hambre, las necesidades y cuando no, las situaciones políticas de sus países de origen. A ellos se sumaron con posterioridad los inmigrantes chilenos, en su mayoría “chilotes”, procedentes de la Isla de Chiloé.

La demanda de los obreros inmigrantes, la gran mayoría de ellos de orientación “anarquista” se centraba en un mejoramiento de los salarios y condiciones dignas de trabajo. Así fueron moldeándose las entidades sindicales de oficios, que ocuparon el área urbana y rural.

El proceso de la explotación ganadera había comenzado en dos frentes. Uno con la llegada de inmigrantes de las Islas Malvinas, a partir de la asunción de Carlos María Moyano como gobernador y en el restante, a partir de los grandes capitales forjados en la región vecina de Magallanes, Chile, con la concesión de enormes cantidades de tierras que luego se extendió a la Patagonia Argentina.

  Así la presencia de apellidos como Braun, Menéndez, Behety, Nogueira, fueron binacionales con una expansión de su influencia empresaria que derivó en el avance hacia otras actividades económicas, como el comercio, la ganadería, el transporte fluvial, etc

De este modo, la concentración de la riqueza en pocas manos creó una desigualdad manifiesta en la relación de ingresos y la escasa tolerancia a negociar con obreros y trabajadores.

A mayor poder económico, mayor poder político para obtener nuevas concesiones, tierras y todo otro emprendimiento económico que apareciera en el horizonte regional.

Una región con escasa densidad poblacional, con un número impactante de cabezas de ganado y un monopolio en la producción, comercialización y exportación, eran un circuito perfecto para concretar ganancias, sin importar los medios.

Pero el clima social y laboral tendería a enrarecerse a partir de los conflictos que comenzaron a surgir, primero en la vecina Magallanes y luego en la costa santacruceña. En entregas anteriores reseñábamos las características de ese primer conflicto, registrado en el año 1915, en la planta de la Swift, en Río Gallegos.

 A principios de ese año y como coletazo de la primera huelga rural, pararán sus tareas los obreros del frigorífico. Nuevamente con ayuda de la represión policial es derrotado el movimiento y son encarcelados los dos dirigentes Serafín Pita (uruguayo) y José Mandrioli (italiano).

A comienzos de febrero de 1918 declaran la huelga los obreros del Frigorífico Swift. Ya en enero el jefe de policía interino había informado al gobernador del descontento existente a causa de los bajos salarios y tras entrevistarse con el subintendente del frigorífico había logrado garantizar 8 horas diarias a $ 3,60 m/n diarios. En esta ocasión son los mismos obreros los que solicitan al Jefe de Policía Diego Ritchie su mediación. El pliego de condiciones centraba los reclamos en peticionar la jornada de 8 horas, aumento salarial y pago de la comida a los trabajadores. ( 1.- ) (Elida Luque/Susana Martinez - Los conflictos sociales producidos en las primeras décadas del siglo XX en Santa Cruz. La constitución de un territorio social.).

La Patagonia Trágica

Las condiciones laborales no habían mejorado y un episodio de denuncia realizado por el diario “La Verdad”, de José María Borrero, en abril de 1921, termina con la destrucción casi total de la planta y el edificio de ese medio gráfico.
El 11 de abril de 1921, el diario lanza una edición especial. La portada tenía como título central la frase siguiente: Crímenes de lesa humanidad.

La bajada indicaba que La explotación del hombre por el hombre llevada al máximo grado de refinamiento. Una huelga sin precedentes. Los obreros no piden ni aumento de salario ni disminución de horas de trabajo ¿Qué es lo que piden?.
En las páginas de la edición, Borrero hacía una denuncia descamada de las condiciones de trabajo infrahumanas en las que desempeñaban sus tareas los obreros del establecimiento.

En un párrafo, con algunas palabras borroneada, señala que “la esclavitud, la gleba, la servidumbre a base de grillos, ataduras y azotes, plagas malditas que asolaron por varios siglos a la humanidad y que hoy sólo se consideran como fantasmas alucinantes, de su existencia real se dudaría, son un pálido reflejo de lo que está sucediendo con los infelices obreros del frigorífico Swift de Río Gallegos, República Argentina; a los que si sólo se le aplicaran tormentos corporales, con los excesos de trabajo en que se los equipara con animales, se los veja y ultraja en la parte más noble y rescatable, en la dignidad humana.
La serie de denuncias protagonizadas por La Verdad llevaron a un destacamento de la marina a destrozar las instalaciones del diario y a golpear a algunos de sus trabajadores. Borrero hará una presentación judicial donde expone la imprenta devastada, la minerva destrozada y 36 cajas de tipografías empasteladas.

En el Juicio será citado el alférez de navío Luis  Malerba, por entonces designado jefe de Policía del Territorio de Santa Cruz, quien comandó el operativo y  que en su disculpa dirá que cumplió órdenes del ministerio de Marina.

Los daños fueron valuados en seis mil pesos, pero nunca fueron resarcidos.     Ante la imposibilidad de continuar con la publicación, Borrero se dedica a recopilar sus denuncias, que darán la luz en el libro La Patagonia Trágica.

Asesinatos, piratería y esclavitud, donde describirá las matanzas de aborígenes en Santa Cruz y Tierra del Fuego, las rebeliones obreras y la sangrienta represión con que las aplastaron, y los ilícitos con que los grandes estancieros acapararon tierras y prosperaron en la región.

Para sumar un aporte que describa tal situación publicamos esta poesía donde se dejan en claro las situaciones vividas por los obreros y por quienes se atrevieron a denunciar las condiciones de trabajo y de vida en ese tiempo.

Los obreros de la Swift

Humea la chimenea
al comienzo de la Roca
Condiciones inhumanas 
es la suerte que les toca

La cárcel está pegada 
las divide un alambrado
Lo saben los detenidos
por no quedarse callados

En el frío y el cuchillo gastan 
su vida estos hombres
Los obreros de la Swift 
ya tienen quienes los nombren

Crearon riqueza ajena 
con sacrificio y coraje
Son testimonio del tiempo 
de la explotación salvaje

Hoy el viejo esqueleto
recuerda en esos corrales
Los gritos de los paisanos
y balidos de animales

Concluida la represión en los campos de Santa Cruz, una noticia publicada en el diario “El Nacional” de mediados de enero de 1922, nos indica que nada ha cambiado. La información, de carácter policial nos indica que “ ha sido hallado el cuerpo de un operario dentro del piletón de hervir achuras, investigándose las causas del accidente”

El infortunado obrero murió literalmente hervido, bajo condiciones laborales que habían sido denunciadas hasta el hartazgo por obreros, dirigente sindicales y periodistas.

 

La gente de Cipriano Reyes

Los conflictos volverán a estar presentes hacia mediados del siglo pasado, cuando el Sindicato de la carne, con Cipriano Reyes a la cabeza había lanzado un plan de organización sindical tendiente a imponer condiciones uniformes en todo el país.

Es así que se desplazan hacia la costa santacruceña los delegados gremiales en lo que se denomina el “Comando Berisso”. Estos son, los considerados mejores cuadros gremiales que pretender trabajar en la organización sindical de una provincia atravesada aún por la salvaje represión y fusilamiento de los obreros de “La Patagonia Trágica”.

Eran sesenta en total, en su mayor parte, los denominados “carniceros” que en barcos de la Compañía eran traídos a los frigoríficos. De inmediato Hipólito Pintos y su gente se abocaron a la organización de los trabajadores buscando la aplicación de salariales y condiciones de trabajo que ya regían en los establecimientos del norte del país.

En lo que fue denominada la gran huelga de los 96 días, pararán sus actividades los trabajadores de la carne de todo el país. En su relato el propio Cipriano Reyes reseña lo acontecido en Río Gallegos. “ Al cumplirse la primera quincena de trabajo, las empresas no dieron cumplimiento al convenio. Ya lo habíamos previsto, si no lo hacían aquí, no podíamos pensar de qué manera lo iban a hacer allá. Por tal motivo el compañero  llevaba todas las instrucciones y en caso de no realizarse lo pactado por parte de los frigoríficos, debía obrar en consecuencia ; parar el trabajo hasta que las empresas dieran cumplimiento al pliego.

 En esas circunstancias, el delegado Hipólito Pintos, desde el almacén de Presso, en Río Gallegos, me comunicaba por teléfono que nos habían  desconocido el convenio, que la gente estaba indignada y amenazaba parar; que todos los delegados se hallaban en excelente estado espiritual para llevar adelante la medida de fuerza.

La huelga se desarrolla pero fracasa ante la falta de adhesión de otros sectores de la planta. “Mí no vá a permitir que la chimenea se apague había dicho el representante de la firma en Río Gallegos, dejando en claro cuales serían las consecuencias de la medida de fuerza.

Los obreros despedidos en Río Gallegos, que vivían en los llamados conventillos del frigorífico, fueron aproximadamente sesenta. Hipólito, Alberto y Héctor Pintos, Gerónimo, Juan y Elías Filgueira, Américo Galinsky, Neme Malle, Teófilo Slapsys, son algunos de los nombres.

Las empresas, por su parte, no aceptaron reincorporar a los despedidos ni pagar los salarios correspondientes a los días de huelga. De este modo la empresa Swift acotaba la posibilidad de que la protesta adquiriera una dimensión mayor.

A partir de ese momento con el despido de los trabajadores berissenses, los carniceros incorporados fueron los locales o aquellos que provenían del vecino Chile, en lo que implicó un cambio de la política laboral. Ya no se contaba con la presencia de trabajadores activistas que venían de otros centros más poblados y con mayor combatividad gremial.

El sofocamiento de la intentona huelguista incluyó además represión policial y de acuerdo a las fuentes gremiales, simulacros de fusilamiento del que fueron victimas la mayor parte de los líderes gremiales.

Los obreros derrotados

La luna alumbra redonda
Es de día en ese brillo
Lo saben aquellos hombres
Del sombrero y el cuchillo

Playa de canto rodado
Los recibe en Rio Gallegos
Camas con cueros de oveja
Les dan a los carniceros

Para impedir que los sigan
Tratando como animales
Han llegado de Berisso;
Los delegados gremiales

La huelga fue declarada
Vencida en su acatamiento
Amenazan con despidos 
y también fusilamientos

Casi un siglo de vivencias
Se fueron haciendo escombros
De hombres, mujeres y niños
Que en mil historias yo nombro

Principio del formulario

Con la llegada del peronismo al poder hasta se sextuplicaron los ingresos del personal de estas plantas y fue el propio Sindicato de la Carne que tendría una enorme influencia con el gobierno que asumiría Juan Domingo Perón, al haber facilitado la estructura del denominado Partido Laborista. Esta propia estructura gremial tendría un poder de movilización destacable el 17 de octubre de 1945.

A partir de la organización gremial en el sur del país, los registros históricos indican que en el año ’57 se registra una reunión paritaria, donde figuran como delegados por Río Gallegos, Zenón Mera, por Santa Cruz, José Coto, por Puerto Deseado, Pedro Velásquez.

Sin embargo, la caída de la actividad productiva de la industria frigorífica es inexorable. La disminución del stock ovino, las prolongadas sequías en diversas zonas de la provincia, en especial la del centro, llevó a declarar la inviabilidad de la faena en las plantas de Puerto San Julián primero y luego en Puerto Santa Cruz.

En tanto, en Río Gallegos, con mayor abastecimiento de animales, la actividad se prolongó en el tiempo hasta que la crisis de la compañía y la problemática de la actividad ganadera, sumado al envejecimiento de las instalaciones llevaron al cierre de la planta.

Es así que la vieja chimenea del establecimiento dejó de humear en el año 1970, provocando un gran impacto en la ciudad, no sólo desde el punto de vista laboral, sino también desde lo social, ya que gran parte del siglo pasado el frigorífico acompañó el crecimiento de la ciudad.

N/DR: Agradecemos la colaboración brindada por la señora Graciela Silvana Estévez, hija del señor Bartolo Estévez, ultimo gerente en el establecimiento de la compañía Swift en Río Gallegos.

 

 

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