Osvaldo Bayer: "Río Gallegos es como una patria lejana"

Así definió alguna vez el periodista y escritor a la ciudad de Río Gallegos, en diálogo en el programa radial Así Estamos en 2014. Lo recordamos con una nota de Leandro Doolan aparecida en la Revista del Diario Nuevo Día en 2017.
lunes, 24 de diciembre de 2018 · 15:37

*Por Leandro Doolan 

Apenas un puñado de radioescuchas sintonizó el programa de manera virtual esa mañana. Eran las diez y cuarto del miércoles 27 de agosto de 2014 cuando Osvaldo Bayer, recién llegado a la capital de Santa Cruz tras volar desde Aeroparque durante la madrugada, tomó el teléfono y se dispuso a hablar con nosotros en Radio Nuevo Día. El autor de ‘La Patagonia Rebelde’ llegaba a Río Gallegos por enésima vez, y lo hacía para presentar ‘Las Putas de San Julián’, la obra de teatro que puso en escena uno de incontables episodios épicos e increíbles de las huelgas obreras del veinte, una historia que Bayer investigó y publicó en cuatro tomos hace medio siglo. Fue también su última visita a la ciudad, aunque en diciembre pasado regresara a la provincia para visitar el cenotafio que recuerda a los obreros fusilados en la estancia ‘Anita’, en cercanías de El Calafate.

-Yo les agradezco infinitamente la paciencia que han tenido conmigo, pero estoy bastante sordo ya y los 87 años me traicionan. Pero otra vez estaremos cara a cara y podremos entendernos mejor. Un gran saludo, un abrazo y hasta pronto.

Con esas palabras terminó aquella charla radial bastante accidentada. Lo que sigue es la transcripción de esa entrevista en Así Estamos, el programa que hacíamos con José Antonio Villanueva cuando la radio de la cooperativa Nuevo Día hacía apenas un par de meses que transmitía en vivo solamente a través de internet. Aún no sabía, sin embargo, que esa misma tarde y gracias a su eterna generosidad y predisposición, terminaríamos hablando con Don Osvaldo acerca de un escritor argentino también ineludible, otro grato momento que también rescatamos en este texto.

-Río Gallegos tiene para mí un atractivo especial porque aquí vivieron mis padres de 1920 a 1924, aquí nació mi hermano mayor, y están los relatos de mis padres sobre las huelgas patagónicas. Ellos asistieron a todos estos hechos, que me dejaron desde niño las ganas de investigar esto, lo hice durante ocho años y de allí salieron los cuatro tomos sobre ‘La Patagonia Rebelde’ y el film. Siempre me atrajo todo esto, por supuesto, con los recuerdos de mi padre que era bastante poético, y también los recuerdos de mi madre. Así que me gusta venir acá, es como si fuera una patria lejana.

-Usted nos cuenta ese primer vínculo en la infancia con los episodios patagónicos, ocurridos aquí en Santa Cruz, y es una historia que, por suerte y a decir verdad, cada vez más gente conoce y hay muchos a quienes a esta altura no hay que explicarles nada. Pero, por otra parte, usted pisando los 90 años sigue haciendo su trabajo y me imagino que en la obra de teatro de hoy, en la proyección de la película mañana y en el taller de literatura de esta tarde, habrá nuevas generaciones. Estimo que ese vínculo para usted es importante. Esa militancia de difundir siempre la palabra...

-Sí, yo acepto siempre todas las invitaciones que hacen a esta historia de Santa Cruz. Y así es que vino el dramaturgo Rubén Mosquera, quien me ofreció teatralizar el capítulo del segundo tomo de ‘La Patagonia Rebelde’ titulado ‘Las Putas de San Julián’, le dije que sí y me propuso además ser actor en la obra y a los 86 años fui por primera vez actor de teatro. Soy el hombre que en la pieza de teatro voy guiando a los espectadores. Y seguiré así hasta mis últimos años porque realmente este hecho es increíble en la historia argentina. No tiene absolutamente ninguna explicación la pena de muerte que aplicó Hipólito Yrigoyen para terminar con las huelgas. Él mismo había terminado dos años antes con la pena de muerte en Argentina. Pero aquí la va a aplicar por subversión: una huelga obrera de peones rurales no es subversión, subversión es cuando se levantan los militares. Así es como esa represión no tiene absolutamente ninguna explicación.

-Don Osvaldo, usted hace poco contó en una de sus contratapas en Página/12 que esta pieza teatral es una versión libre, y que usted hubiera querido que ese fuera el final de la película, que la última escena fuera ese hecho. Usted escribió en ese capítulo de su libro, cuyo título original es ‘La inesperada derrota de los vencedores’, que en aquel 1922 las ‘putas de San Julián’ fueron las únicas que se les plantaron y les dijeron ‘asesinos’ a los oficiales del Ejército.

-Así es. Fueron las únicas que tuvieron coraje para denunciar este crimen absoluto que hizo el gobierno de aquellos tiempos. ¡Pobres mujeres... así les fue! Fueron castigadas brutalmente y expulsadas de San Julián. La única que pudo volver fue la inglesa Maud Foster, a los 60 años, quien está enterrada en el cementerio de San Julián. Su tumba siempre tiene flores.

ASÍ FUE COMO TRANSCURRIÓ AQUELLA CHARLA RADIAL antes de tropezar con la sordera del querido Osvaldo. Esa misma tarde, durante el taller literario que tuvo poco de literatura y mucho de historia en el Complejo Cultural, le consulté:

-Ayer se cumplieron cien años del nacimiento de Julio Cortázar y me parecía un buen momento para preguntarle por él, por su figura, que tiene que ver también con el rol del intelectual en su tiempo, como fue el caso de Cortázar cuando por ejemplo en sus últimos años apoyó la revolución en Nicaragua.

-Puedo decir que Cortázar fue el mejor de todos, un hombre de gran talento, un hombre que siempre ayudó a los exiliados de la dictadura sin pedir nada, sin figurar. Por eso me dio mucha tristeza cuando él volvió a Argentina después de aquella dictadura y Alfonsín se negó a recibirlo. Fue un gesto muy egoísta de Alfonsín, porque Cortázar lo merecía. Tan largo tiempo en el exilio… y la mala suerte que tuvo: él, un año antes de morir, se había enamorado de una estudiante canadiense y estaba totalmente enamorado. Recuerdo que lo entrevisté, él estaba con ella, y no le sacaba la vista, quería decirle siempre algo. Y luego me preguntaron cómo andaba Cortázar y yo, con un poco de humorismo, le dije: ‘se le cae la baba’. Y después ella murió en Nicaragua, en una peste que hubo, y él se vino abajo y murió al año. Fue un gran escritor, un buen hombre, y un hombre de bolsillo abierto al dolor de los emigrados. Y yo le tengo un gran cariño y una gran admiración.

Una anécdota un poco chistosa –sigue Bayer en su relato–: cuando sale el primer tomo de ‘La Patagonia Rebelde’ Osvaldo Soriano, que era muy amigo mío y de Cortázar le manda mi libro, quince días después leo declaraciones de Cortázar: ‘El mejor libro de este año es del escritor Osvaldo Bayer, que se llama ‘Los Vengadores de la Patagonia Trágica’’. Y yo me volví loco, que Cortázar haya dicho eso. A los dos meses tuve que viajar a París y lo fui a entrevistar, y le dije: ‘Te quiero agradecer infinitamente lo que dijiste de mi libro porque pasó a ser best seller después de tus declaraciones’. Cortázar me mira y me dice: ‘Sí, pero yo te tengo que decir la verdad. Yo no leí tu libro, pero resulta que vino un periodista argentino a hacerme un reportaje y me preguntó cuál era el libro argentino que hubiera leído últimamente y que le haya gustado. Y ahí estaba el tuyo y le dije: ‘El de Osvaldo Bayer’. Lo que pasa es que no sabía qué decirle’. Yo le dije: ‘Bueno, igual te lo agradezco infinitamente’. Y me dice: ‘No. Esas cosas no se hacen’. Una anécdota de Cortázar.

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“YO AYER ME FUI LLORANDO. Acá cada diálogo de la obra iba directo al corazón. Osvaldo estaba llorando y vino no sé cuántas veces a la Patagonia”, le contó el director Rubén Mosquera al periodista Sergio Villegas tras la presentación de ‘Las Putas de San Julián’ en El Calafate, unos días después de su paso por Río Gallegos. “La obra tiene 72 presentaciones hechas, pero hacerla acá en Santa Cruz redimensiona todo.  Cuando está Osvaldo la obra toma un carácter mágico que excede lo que es una obra teatral y pasa a ser un acontecimiento teatral, y acá en Santa Cruz, la obra pasa de ese acontecimiento teatral a ser un acontecimiento social, político y cultural”, cuenta Mosquera en aquella nota publicada en La Opinión Austral tras la presentación en la villa turística, en los primeros días de septiembre de 2014.

Lo cierto es que Mosquera y el propio Bayer no fueron los únicos que lloraron aquellos días. Muchos de nosotros también nos fuimos de allí con el corazón en la mano, dándole las gracias al viejo sabio y libertario que reveló para siempre la lucha por la dignidad y la libertad de los rebeldes de la Patagonia.

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“ESTAS REUNIONES DEBERÍAN HACERSE MÁS A MENUDO. Las reuniones de la solidaridad. Las reuniones del conocimiento. Las reuniones de la amistad. De hablarnos, conocernos. De decirnos nuestros problemas, los problemas del país. De tratar de resolverlos. La cosa positiva, el progresismo: el progresismo verdadero. El respeto de la libertad de todos es el respeto de la igualdad. Queridos amigos, muchísimas gracias por todo esto. Ha sido un día muy feliz para mí”. (Plaza Alberti, ciudad de Buenos Aires, 18 de febrero de 2017: palabras de Osvaldo Bayer en el festejo de sus 90 años, junto a una multitud que lo acompañó)

(Nota aparecida originalmente en la revista del Diario Nuevo Día en agosto de 2017) 

(El Diario Nuevo Dïa) 

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