La patria nació india

Esta imagen registrada un 25 de mayo de 1899 en la Plaza de Río Gallegos es todo un símbolo de la época. En ella se ve a los originarios de la región patagónica. Los tehuelches o aoni kenk participando montados en sus caballos de esta celebración del primer gobierno patrio.
viernes, 25 de mayo de 2018 · 01:43

* Mario Novack 

Desde antes de la revolución de Mayo los indios habían dado muestras de luchar por la libertad. Prueba de ello fueron las guerras calchaquíes sostenidas en el Noroeste del país contra la pretensión de someter a la encomienda y reducir a la esclavitud a los habitantes originarios de esa región.

La resistencia se prolongó desde 1556 hasta el año 1667, en que fue vencido el último reducto indio. Comenzó allí la brutalidad del desarraigo y la esclavitud, que tuvo su máxima expresión en la reducción de los Quilmes.

En tanto, en el año 1899 en Santa Cruz gobernaba  Matías Mackinlay Zapiola y  aún duraban los ecos de la visita del presidente Julio Argentino Roca, que había sellado el acuerdo de paz con su par chileno en su visita a Punta Arenas y posterior recorrida por Puerto Santa Cruz y Río Gallegos.

El ex presidente prometió una serie de mejoras en las comunicaciones y el transporte, que tuvieron inmediata concreción con la inauguración del servicio de telegrafía en Punta Loyola.    Así lo testimonia un telegrama suscripto por el propietario de la estancia del mismo nombre, de apellido Hamilton, que enaltece la palabra empeñada por Roca al concretarse la comunicación con Punta Arenas.

La imagen de celebración del 25 de Mayo emociona, ya que remonta a los tiempos fundantes de nuestra nación, en la que los padres de la independencia tenían un criterio de integración de los pueblos originarios.

Desde la larga marcha de Hilario Tapary desde los salitrales de Cabo Curioso, en San Julián hasta su muerte defendiendo a la ciudad de Buenos Aires durante las invasiones  hay una larga historia de participación de los indios en la lucha por nuestra liberación.

Documentos históricos comprueban que en aquella acta del 23 de mayo presentada al Cabildo también quedaron las rúbricas de los referentes de varias comunidades originarias como los lonko Quintelén, Negro, Epugner, Errepuento, Vitoriano y Turuñamqui, "los mismos pampas y araucanos que según el Cabildo defendieron Buenos Aires contra los ingleses."

Las fuerzas del Ejercito del Norte también se nutrió de indios al igual que los batallones comandados por Manuel Belgrano. Pablo Areguaty, indio guaraní fue el primer gobernador de las Islas Malvinas durante el nuevo gobierno patrio.

Andrés Guacurarí, más conocido como el comandante Andresito, defendió con su ejercito de milicianos la Mesopotamia argentina en especial la provincia de Misiones y Corrientes. Era también de origen guaraní y gobernó Misiones entre 1815 y 1821, fecha en la que fue apresado por fuerzas portuguesas cuando concurría a una reunión con el general José Artigas, su protector y mentor politíco y militar. Algunos historiadores sostienen que murió preso en las mazmorras de las cárceles brasileñas.

Abundaríamos detalladamente en la participación de los pueblos originarios en los ejércitos libertadores de nuestro país, reseñando por ejemplo la participación del cacique Huentecurá, bisabuelo de Ceferino Namuncurá, transformado en objeto de culto por parte de una gran porción de la población argentina.

Ya en Santa Cruz, el proceso de acorralamiento del pueblo tehuelche había comenzado. Sus características de trashumancia y la nueva legislación de establecer reservaciones, fueron determinantes para el proceso de desaparición y en otros caso mestización de los mismos.

 Sus guanaqueadas y las cacerías de choique quedaron limitadas al territorio que ocupaban en el área de las reservas, más de un siglo después logradas convertir en “Comunidades”.

En abril de 2015, el entonces gobernador Daniel Peralta entregó a los representantes de esa comunidad, el decreto 406/15. El instrumento legal reconoce la preexistencia étnica y cultural de la Comunidad Tehuelche “Camusu Aike” y por ende los derechos de posesión y propiedad sobre las tierras que ocupan en un sector ubicado entre Río Gallegos y El Calafate, cerca del paraje La Esperanza.

El sitio no es el lugar originario del hábitat de los tehuelches, pero es habitado por una comunidad desde 1898, cuando el presidente José Uriburu, creó la “reserva” indígena con unas 50 mil hectáreas.

En 1953 durante el gobierno de Juan Perón, se había desafectado 20 mil hectáreas.

Actualmente, el gobierno provincial cumplió en otorgarles el “Título de Propiedad” de las tierras, lo que tienen sus particularidades, ya que la dueña de las tierras es la “comunidad” y no las personas.

En otros lugares de la provincia como la zona de Lago Viedma, las tierras asignadas a los tehuelches sufrieron también un proceso de ocupación y usurpación hasta desaparecer completamente como área de reserva, para lo cual habían sido oportunamente asignada.

Esta imagen de un 25 de mayo distinto nos remite a un Río Gallegos que aún no llegaba al millar de habitantes y donde la presencia de los habitantes originarios tenía una gran supremacía. Luego comenzó un proceso de aislamiento de estas comunidades.

Hugo Giménez Agüero, destacado folklorista santacruceño, ilustra en su creación cacique Yatel el proceso que se describe con anterioridad.

Cacique Yatel

Asando una picana de
ñandú, 
lo sorprendió la tarde en el Pehuén, 
arriero soñador de piño
y luz, 
que supo ser señor en el Aiken. 
Con un perro pelao y un cascabel, 
un caballo cansao, viejo y cinchón. 
Ahí anda guanaquiando Don Yatel, 
cacique Cimarrón, 
del Aoniken. 
Cuando llega a los boliches
por un trago de ginebra. 
Suele cantar un Kaani, 
con fábulas y leyendas. 
Y los ojos se le escapan
hacia el costao del camino, 
porque ha nacido Tehuelche
y antes que nada Argentino. 
Cuantos recuerdos tiene Don Yatel, 
de la isla Pavón y del Cardiel. 
Cuando llegaba el barco de Don Luis, 
trayéndole banderas para él. 
Cuando el invierno suelta su esplendor, 
y se pinta la cima del Chalten, 
se me antoja la estampa de Yatel, 
corriendo los ñandúes, hacia el
sol. 
Cuando llega a los boliches
por un trago de ginebra. 
Suele cantar un Kaani, 
con fábulas y leyendas. 
Y los ojos se le escapan
hacia el costao del camino, 
porque ha nacido Tehuelche
y antes que nada Argentino. 
y antes que nada Argentino. 
y antes que nada Argentino.