Historias de la Unidad Nº 15

Nombre…?..Benjamín Menéndez responde altivo el detenido al ingresar a su lugar de reclusión en Río Gallegos. La escena transcurre hacia el fin del año 1951 en la Unidad Penitenciaria Nº 15 luego de abortada la asonada militar que pretendía derrocar al presidente  Perón.
domingo, 17 de junio de 2018 · 11:28

*Mario Novack
Menéndez es el cabecilla del golpe y proviene de los sectores más recalcitrantes del anti peronismo cordobés. Su apellido tiene una larga lista de descendientes codeados con la actividad castrense y el golpismo.
Uno de sus sobrinos fue Luciano Benjamín Menéndez múltiple condenado por delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura cívico-militar y por la cual recibió condenas acumulativas con innumerable cantidad de años.
Otro, fue Mario Benjamín Menéndez, gobernador militar de las Malvinas aquel que había amenazado con suicidarse antes de entregar el archipiélago a los hombres de Margaret Tatcher.
Río Gallegos era en ese momento una ciudad sin mayor desarrollo, carente de infraestructura y con una matriz económica que se mantiene hasta el presente o que tristemente la supera. 
En ese entonces los motores económicos estaban centrados en la Swift con su Frigorífico exportador, La Anónima con el monopolio del consumo, el puerto con altísimo valor transaccional y el campo con la explotación del recurso lanero en optimas condiciones de cotización comercial.
El auge de la U-15 como popularmente se la conoció, estaba dado en la permanente rotación de detenidos, sean estos por cuestiones políticas, sociales o gremiales.
Así, cada década tuvo sus episodios destacados desde las del 10 con presos obligados a reemplazar a huelguistas, las del 20 con los mayores movimientos sindicales que culminaran en el mayor baño de sangre que se recuerde hasta las del 30 con episodios puramente delictivos que trascendieron las fronteras del entonces Territorio Nacional.
En los años 40 y 50 la clientela se orientó a lo político sindical, con mayor preponderancia de los dirigentes políticos opositores. Y la más notoria incorporación se dio en la década del 50 con varios militares, en actividad y retiro- presos en esa Unidad Penitenciaria.
Una pequeña ciudad conmocionada por estas detenciones y por otros acontecimientos como la habilitación de Base Aerea Militar Río Gallegos. En diciembre de ese año, coincidente con el aniversario de la misma, se produce un vuelo trascendente a cargo del vicecomodoro Gustavo Marambio despegando desde nuestra ciudad hasta territorio antártico.
Este vuelo se realizó en un  avión Avro Lincoln LV-ZEI (ex B-003) "Cruz del Sud" desde Río Gallegos, hasta la base General San Martín en el islote Barry , lanzando bultos con correspondencia, diarios y revistas. Llega hasta el paralelo 70º S y regresa al punto de partida tras 12 h. 22 min.
El general Menéndez respira ese clima de hostilidad en esta Unidad Carcelaria considerada un castigo en el confín del continente. Ya se han ido los opositores al gobierno peronistas encarnados en el comunismo y la ultra derecha nacionalista. 


Solo quedarán los militares golpistas. Algunos que desde el retiro jugaron una ficha al derrocamiento del tirano, como vastos sectores del capitalismo y la oligarquía así lo definían.
El cordobés Menéndez siente que lo han traicionado y piensa inmediatamente en Arturo Frondizi de la UCR,  Américo Ghioldi del Socialismo, Horacio Thedy Democracia Progresista y Reynaldo Pastor de los Democratas Nacionales, como así se hacían llamar los conservadores..
Ellos le habían prometido su apoyo en una reunión a la que asistieron y en las que él les hizo conocer su plan armado. En su prisión santacruceña, el general Menéndez tiene tiempo de meditar que también hubo diferencias notorias con el general Eduardo Lonardi sobre qué hacer con el legado peronista.
Mientras Menéndez quería desarmar por completo el Estado peronista y quitarles todas las conquistas sociales a los trabajadores, retrotrayéndolos al régimen de semiesclavitud que regía antes de 1943, Lonardi sostenía que debía mantenerse la legislación social vigente y garantizar los derechos y mejoras alcanzadas por los asalariados. 
Otros oficiales que encabezaron la asonada fueron detenidos y enviados a Río Gallegos. Uno de ellos era Alejandro Agustín Lanusse, a quien la historia recuerda como un expresidente y enconado anti peronista. El elenco se completaba con Julio Alsogaray y Tomás Sanchez de Bustamante, fundamentales luego en la denominada “Revolución Argentina” de Juan Carlos Onganía.
En tanto, Río Gallegos crece como capital provincial y tenía como un exótico atractivo a la U-15 sabiendo que en esa unidad carcelaria se recibían los presos más destacados, tanto en el ámbito penal, político, gremial o últimamente golpista ,condición que incluía a militares y civiles. 
Lentos y pesados se hacen esos cuatro años que los militares ven transcurrir tras los barrotes de las celdas de la prisión santacruceña. Pero intuyen en la espera que las cosas están por cambiar y que los días del peronismo llegan a su fin.
Las noticias vienen de los familiares de los presos, hay malestar en las fuerzas militares y en vastos sectores de la población. El general Lonardi es numero puesto para ocupar la presidencia en la revolución de ese setiembre del 55, el mismo mes de la aventura golpista de Benjamín Andrés Menéndez.
Desde los ventanales de la U-15 se observa el frenético despliegue de tropas que pasan frente a la cárcel. Menéndez busca con su mirada al guardiacarcel que lo interrogó a su llegada a Río Gallegos y sonríe. La reja que los separa no distingue quien es el prisionero en ese 1955.  
No habían pasado 24 horas del intento golpista cuando Evita, tras insistirle sin éxito a Perón con la pena de muerte para los complotados, convocó a la cúpula de la CGT y les encargó la compra de cinco mil pistolas automáticas y mil quinientas ametralladoras con sus municiones correspondientes, para formar milicias obreras de autodefensa. Todos los gastos correrían por cuenta de la Fundación. Un grupo selecto de oficiales y suboficiales de comprobada lealtad estaría a cargo del entrenamiento militar. La operación se concretó a través del príncipe Bernardo de Holanda, que había visitado el país hacía pocos meses y había probado el Pulqui, el primer avión militar a reacción producido íntegramente en el país. Lo que pocos saben o mencionan es que las milicias se formaron y comenzaron a entrenar. Perón no ocultó su descontento. Según lo relatan sus protagonistas, él no era adicto a una movilización armada del pueblo. 
“El primer golpe contra Perón” – Felipe Pigna.


EL RELATO DE UN PROTAGONISTA


Un tiro que cambió la historia del golpe del 51 contra Perón 


El tanquista Marcelino Sánchez se resistió con otros suboficiales en Campo de Mayo. Fue el único hecho de sangre del 28 de setiembre de 1951. 
Sí, yo le pegué un tiro en el pecho al oficial que comandaba el tanque", cuenta Marcelino Bienvenido Sánchez, mientras un tango suena desde la radio, en su casa de Quilmes. Aquello ocurrió el 28 de setiembre de 1951. Por ese tiro, a los dos días lo premiaron con una medalla que el propio presidente Perón le clavó en su chaqueta y que hoy reposa en la pared de su comedor. Por ese mismo tiro, cuatro años después lo echaron del Ejército. Reconoce que la sacó barata.
Marcelino Sánchez era un suboficial del Regimiento 8 de Tanques cuando finalizaba el primer gobierno de Juan Perón. Era tanquista y "naturalmente" peronista. Hijo de campesinos de Orense, en el sur bo naerense, se "enganchó" luego de la colimba, harto de sus alpargatas bigotudas y emocionado por la posibilidad de lucir las impecables ropas militares.
En la sede de su regimiento, en Campo de Mayo, aprendió a manejar los Sherman, que Perón compró tras la Segunda Guerra. Aquella mañana golpista de setiembre, cuando un sector militar y civil pretendió derribar al gobierno constitucional y el general retirado Benjamín Menéndez le dijo al sargento Sánchez que se incorporara a una de las unidades, éste le respondió que sí pero hizo lo contrario.
"Ahí estaban todos. Menéndez era el capo pero también había un Alsogaray, un Sánchez de Bustamante. Lanusse, ese que después fue presidente, era joven y estaba como jefe del Puesto Uno de la guardia por donde debía entrar Perón en un rato. Ahí lo iban a matar", enhebra Sánchez.
Sánchez esquivó el compromiso de subir a su tanque y se refugió en una construcción, junto a un puñado de suboficiales. Cuando fueron detectados les mandaron un tanque para "invitarlos" a que se rindieran. El oficial al mando no sabía que en su tripulación tenía a un suboficial peronista muy corajudo. Se llamaba Miguel Angel Fariña. Su expediente afirma que murió en medio de un tiroteo "pero eso es mentira", asegura Sánchez.
Sánchez, amante de las aguas termales y de bailar el tango, relata para Clarín: "Cuando el tanque se nos vino encima, Fariña saltó desde la torreta y a los gritos nos dijo que no nos rindiéramos, mientras corría hacia nosotros y ahí fue que el oficial, que se llamaba algo así como Iglesias Birkley, con su pistola lo bajó de un tiro en la espalda". Fariña se arrastró hacia los suboficiales que resistían, con su último aliento, "yo me acerqué a él y al mismo tiempo le disparé al oficial. Se la metí en el pecho pero sobrevivió".
Este incidente, el único de sangre de aquella jornada, provocó un giro en la situación; después, los golpistas iniciaron un retroceso hasta su rendición. Varios tanques se rompieron inexplicablemente, otros quedaron junto a la ruta cuando marchaban hacia la Capital y el gobierno, luego, retomó el control de la situación.
"Fariña murió enseguida, en mis brazos. Yo, siendo un suboficial, al rato metí preso al oficial jefe de la guardia. Pero no me la perdonaron: en el 55, cuando el golpe, me citaron a una reunión y cuando entré me pararon en medio de un círculo de oficiales. Me dijeron que me fuera, que estaba de baja. Pedí que me permitieran buscar mis cosas y saludar a mis compañeros, pero no me dejaron. ¡Váyase ya mismo, de acá a la calle!, me dijeron, y tuve que obedecer porque estoy seguro que si no, me mataban ahí mismo" Fuente: Diario Clarín 03/10/2002