Morir es la noticia

Me llamó la atención la tapa del libro que el escritor y periodista chileno se disponía a presentar en el Centro Cultural General San Martín de la ciudad de Buenos Aires.
viernes, 29 de junio de 2018 · 18:36

* Mario Novack

Con la foto de un militar en posición de tiro y el titulo “Morir es la Noticia” se realizaba una semblanza de todos los casos de periodistas chilenos muertos por la dictadura militar o quienes murieron lejos de su tierra.

En ese homenaje ilustrado con el momento del  asesinato  del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen se transformó en un  símbolo a nivel mundial cuando filma su propia muerte.

Estaban en ese acto, los familiares de Leonardo, el director  Juan “Mono” Flores, amigo y colega y directivos de la televisión sueca para las cuales Henrichsen trabajaba cubriendo notas en Santiago de Chile y dirigentes de los gremios de la comunicación.

Mucho se ha hablado de la muerte de Leonardo. Pero quien era, su carrera, expectativas y anhelos pocas veces han sido abordados.

Modesto Emilio Guerrero realiza una pormenorizada semblanza sobre la vida de Henrichsen consultando para ello a compañeros, colegas y mentores profesionales del camarógrafo asesinado.

Henrichsen era un tipo arrojado   "...por ejemplo, un día decidió irse a Bolivia a filmar al Che Guevara cuando la guerrilla se instaló allá. Por eso es sorprendente su final, porque era un tipo de mucha clase para filmar disturbios sociales, así como otros eran especialistas en filmar moda o fauna, pero este hombre era de un comportamiento practiquísimo y hábil frente a un hecho de violencia, sabía ubicarse, sabía lograr la mejor imagen, tenía sangre fría, era un periodista de sangre, en ese tipo de hechos él nos sacaba ventaja a nosotros".

Para precisar su relato, apoyándose en uno de los sucesos más violentos que compartieron juntos en Argentina, el «Mono» Flores, hace memoria: «Yo recuerdo el día del famoso tiroteo en el puente 16 de Ezeiza (aeropuerto internacional de Buenos Aires), cuando venía Perón; en aquella masacre estábamos juntos, recuerdo que nos tiramos al suelo porque era una balacera impresionante, caía la gente y no veíamos las balas, todos tiraban contra todos, en los árboles había francotiradores y nosotros estábamos en el palco donde caían las balas. ¿Y Leonardo? Estaba sentado, esbelto, filmando esa escena cuando todos estábamos cuerpo en tierra. Fue una locura total, después se lo recriminé, pero él no se daba cuenta. Vivía lo que hacía y en función de lo que hacía. Todos los golpes de estado los vivimos juntos con Leonardo, pero él se arriesgaba demasiado... Cuando yo viajé a Santiago de Chile, después de su muerte, pude darme cuenta que en el lugar donde lo mataron había un muro y una escalera de cemento donde pudo refugiarse para filmar, y no lo hizo».

Sería un error concluir que Leonardo Henrichsen tenía vocación de suicida o cargaba con alguna frustración irremediable. No. Todos coinciden en que amaba la vida, que era su oficio, su familia y sus amigos. Leonardo no andaba buscando la muerte con una cámara al hombro, pero su amor por la noticia, que a cada tanto convertía en historia, le imponía, como una maldición, llevar el riesgo a cuestas. Murió en su ley, como el mejor. 

Al ingresar a Sucesos Argentinos, el famoso noticiero de cine que hizo escuela por décadas, Tadeo Bartnowsky, su maestro, descubre que era un tipo bien dotado para el reportaje de campo, eso que en la jerga tradicional de los medios denominamos periodismo en vivo. Según sus allegados, los reportajes de Leonardo muestran a un joven amante de la acción y lleno de ambiciones, con suficiente talento para destacarse. No por casualidad, como recuerda el «Mono» Flores, la televisión sueca lo había contratado precisamente por esas dotes para el reportaje ágil y por su inglés fluido, en una época de nuestra América en que los avalares políticos estaban «de moda». Nuestro personaje ya era corresponsal de la TV sueca desde Miami hasta el Cono Sur.

Un testigo de excepción es Tadeo Bartnowsky. Este hombre de origen polaco radicado en Buenos Aires desde comienzos de esta postguerra, fue el maestro formador de una generación de fumadores argentinos; a ella perteneció Leonardo Henrichsen. Bartnowsky había sido corresponsal en la n Guerra Mundial y se destacó en Argentina como uno de los más importantes directores fílmicos, con documentales premiados nacional e internacionalmente.

En aquel momento, comienzos de los 60, yo era director de cámaras de Sucesos Argentinos. Henrichsen comenzó a venir a ver sí había posibilidades de aprender. Al final entró y empezó a trabajar como ayudante de cámara, después llegó a camarógrafo y para mí fue uno délos mejores que tuvimos. Como ya no podía escalar más, se había casado y quería hacer algo más en la vida, se unió con el «Mono» Flores y Reynaldo Peralta en una compañía propia de producciones. Después consiguió la corresponsalía déla televisión sueca, pero él no fue a Santiago a filmar los hechos que lo condujeron a la muerte, nadie sabía que venía un golpe: él se lo encontró», comentó con precisión el viejo Tadeo.

Los golpistas creyeron que habían velado el rollo donde se encontraba la filmación de Leonardo, nunca supieron que la tecnología les jugaría una mala pasada.       

De los hechos se desprende que "alguien" copió el material traído de Chile y lo vendió a la competencia para que diera la primicia. Este "tubazo" periodístico y su difusión mundial fue posible porque la cámara que usó Henrichsen tenía doble chasis y protegió la grabación. Por eso, cuando los milicos velaron el rollo no se dieron cuenta que la parte impresa estaba protegida.

Su cámara era una Éclair, francesa, de 16 milímetros, con chasis de doble vuelta, y este dato --que siempre mantuvo inquieto al «Mono» Flores, según confesó-- es importante porque eso le dejaba muy poco espacio libre entre el motor de la cámara y el cuello por donde le entró la bala: fue una enorme cuota de mala suerte.

Cuando cae le dice al sonidista que se vaya porque lo van matar. Viene un soldado y empieza a tironear la cámara, pero Leonardo la agarraba muy fuerte. Entonces le cortan el cable de la batería y cuando la cámara pega en el suelo se abre y el rollo sigue rodando. A los pocos días la dejan a las puertas de EMELCO, una empresa chilena de filmaciones, ellos la toman y revelan porque los militares no se dieron cuenta que la, parte filmada estaba enrollada en el otro chasis. Se la dan a la TV sueca, ésta la pone en todo el mundo y los royalties fueron para la familia... Hubo actos en Suecia y en otros lugares». (Testimonio del "Mono» Flores, Buenos Aires, marzo 1996).

Esa mañana del 29 de Junio, en Santiago de Chile amaneció fría con ruidos, corridas y disparos. Era el “Tanquetazo”, preanuncio del golpe que destituiría posteriormente a Salvador Allende.

La calle Agustinas, escenario de la muerte de Leonardo, se transformó en un lugar emblemático y una placa colocada allí recuerda el hecho que ya trascendió el episodio histórico chileno y se convirtió en símbolo mundial de los trabajadores de televisión.

Desde 1989, por disposición del Congreso de la Nación que aprobó la ley 23689 presentada por el diputado nacional del justicialismo santacruceño, Félix Riquez. Esta iniciativa había sido impulsada por el camarógrafo y documentalista Sergio “Flecha” Pérez, que se había desempeñado en Canal 9 de Río Gallegos.

Es por ello que en esta oportunidad es propicio recordar a quienes fueron pioneros de la imagen como el “pelado” Mutti, Quique Giménez, Toti Fernández y Manuel “ Mañuco” Díaz, entre otros.