Antes del amanecer

El primer golpe lo aturdió, el siguiente lo dejó en el suelo, dolorido, mientras veía llegar a los uniformados arrasando el edificio de la Sociedad Obrera de Río Gallegos. Francisco Saules pensó por un instante que estas cosas solo las había visto en Lituania, desde donde había llegado hacía 9 años.
domingo, 09 de septiembre de 2018 · 13:10

* Mario Novack 

Todo había comenzado pocos días antes, cuando un 6 de septiembre de 1921 se producía en Punta Loyola el naufragio del buque Beacon Grange, que traía carbón para el frigorífico Swift, de nuestra ciudad.
Osvaldo Bayer señala que “el salvataje de la carga se dá a la empresa  Braun-Blanchard, con sede en Punta Arenas. Pero, como en esa ciudad chilena la Federación Magallánica está en huelga, Mauricio Braun hará reclutar trabajadores en las costas, al margen de la organización obrera.
Entonces, los sindicatos chilenos piden ayuda a los obreros de Río Gallegos. Y Antonio Soto declara el boicot al salvataje de la carga de ese buque. Mauricio Braun trae a los trabajadores reclutados en el vapor “Lovart” y los desembarca en Río Gallegos.
Allí los están esperando los hombres de la Sociedad Obrera. El primer encuentro es persuasivo.
Se les explica que no deben hacer ese trabajo porque Mauricio Braun debe entenderse primero con la Federación Obrera Magallánica. La Sociedad Obrera edita volantes que son distribuidos en todos los puertos de Santa Cruz.
Se produce así la primera acción unida entre las centrales obreras de Punta Arenas y Río Gallegos. La primera y última acción conjunta entre obreros de uno y otro país. Estos volantes son repartidos el 20 de septiembre. A las 20 de ese día, los trabajadores reclutados por Braun son acompañados hasta el “Lovart” por un fuerte contingente policial.
Son embarcados pero a las 21 se les comunica que por un inconveniente el barco no podrá partir hasta la mañana siguiente. Los “trabajadores libres” se dirigen a Río Gallegos por la calle Buenos Aires.


No caminan mucho porque alrededor de quince obreros federados los rodean haciendo disparos al aire. Los agredidos huyen hacia donde pueden. Y aquí se produce un hecho inesperado.
Lo que sigue, en la medianoche de ese día, fue una violenta redada en contra del local de la Sociedad Obrera de Río Gallegos con la detención de un importante número de manifestantes, entre ellos Francisco Saules.
El había llegado a nuestro país un 2 de septiembre de 1912, junto con otro inmigrante polaco, Philemón Ostapchuk  dando lugar a una amistad que se extendería a lo largo de décadas en nuestra ciudad, mezclando sinsabores y alegrías.
Los episodios de entonces lo encontrarían a Francisco cumpliendo sus tareas de jardinero en la estancia Cabo Buen Tiempo, pero como la mayoría de los inmigrantes de entonces adheriría rápidamente a las reivindicaciones.
Luego de los acontecimientos el periódico de la Federación publica una denuncia abierta señalando que la organización sindical quiere hacer un recurso de hábeas corpus pero esta vez no consigue abogado que le patrocine la causa.

Veamos cómo este órgano de prensa describe el hecho:  “El 20 de septiembre la autoridad policial sin previo aviso y sin orden de allanamiento asalta el local y con el ¡alto! y ¡arriba las manos! seguido de culatazos, toma presos a los compañeros que en él estaban, empezando una correría por todas las casas particulares con la misma táctica. Las horas y los días pasan y los motivos de allanamiento policial y detenciones no se dicen, son secretos sumarios que el pueblo ignorante (sin la ayuda de aves negras y letrados) no debe saber. ¿Qué hace el representante de la justicia nacional? Ni siquiera la letra de la ley que invocan sirve para nada. Osvaldo Bayer Ella dice corregir y aquí se castiga; se oye un tiroteo por la playa y se allana un local obrero que está a varias cuadras de distancia. Además denuncia: Quince o más compañeros pasaron dos días unos, tres y cuatro días otros por averiguación. El hábeas corpus se usará como nombre de algún animal antediluviano porque el código macanea en lo que a él se refiere. Los jurisconsultos y letrados ríogalleguinos no lo reconocen. ¡Quedan todavía en la cárcel cinco compañeros. Fernando Ulacia, Manuel Rivas, Jacobo Droisef, Nicofor Borinck y Francisco Saules! ¡Qué sangre de pato tenemos todos los que toleramos estas tiranías! Pero la policía no iba a parar ahí. Está dispuesta a detener a todos aquellos que se opongan a los “trabajadores libres”, que van llegando a los puertos santacruceños. Por cada chileno, español o polaco que abandona el trabajo, la Liga Patriótica manda un correntino, un catamarqueño o un santiagueño. “
Pero los hechos no comentados en libros y medios de prensa de entonces tienen la riqueza de haber sido transmitido por los protagonistas o referidos en otros datos.
A Francisco Saules no lo doblegaron la prisión en la U-15 ni los alaridos del español Manuel Rivas, secretario de la Federación Obrera, que abandonó la cárcel paralitico y sin habla como consecuencia de las torturas recibidas. Su destino fue la deportación, al serle aplicada la nefasta “Ley de Residencia”.
Una mañana uno de los presos destinados a la cocina le aviso “ruso mañana los fusilan a ustedes”. Dicen que un guardia piadoso olvidó cerrar la celda esa noche y antes del amanecer Francisco Saules y su compañero de celda fugaban hacia la zona de Lago Argentino.
Allí otros obreros les facilitaron el paso a Chile, país en el que estuvo instalado casi una década. Su regreso a Río Gallegos fue definitivo. Aquí se estableció, formó una familia y trabajó en la entonces Yacimientos Carboníferos Fiscales, lugar donde se jubiló.
Esas mezquindades de la dictadura impidieron a su viuda, en épocas de la dictadura militar, percibir la pensión de Francisco por considerar “ que había venido de un país del bloque soviético”.
Su ligazón con sus amigos inmigrantes fue muy fuerte a lo largo de su vida. Philemón Ostapchuk  fue un claro ejemplo. Cuenta su hija Eva Saules que cuando se inicia la Segunda Guerra Mundial ambos reciben la cita de su patria natal su padre decide quedarse, diciendo que ésta es su tierra, que aquí tuvo hijos”.
Philemón en cambio se enrola en las fuerzas rusas y vuelve concluída la guerra con una pierna casi descarnada por efecto de las esquirlas de una bomba. El simulacro del combate que  describe Eva es cinematográfico.
El escenario es la huerta de la casa familiar de los Saules en la calle Jofré de Loayza. Allí cuerpo a tierra el ruso Philemón armado de una guadaña grita que están exterminando a las tropas nazis, mientras caen los repollos rebanados por el filo del metal.
Hoy la ciudad de Río Gallegos recuerda a Francisco Saules con el nombre de una calle que nace en la avenida Almirante Brown y termina en la zona del Barrio Aeropuerto. Siempre recordó esa frase de la prisión…”hay que irse antes que amanezca..”

  

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