Así es el trabajo para conservar al macá tobiano, una especie en extinción

Su número decreció un 80 % en los últimos 25 años. En 10 años podrían desaparecer
domingo, 30 de junio de 2019 · 19:04

No, no se llama "macato". Tampoco es un pato. Es precisamente eso: un macá, un tipo de ave diferente. Sobre el macá tobiano existen más inexactitudes que ejemplares. Se trata de una especie endémica de la Patagonia austral que fue descubierta en 1974 y que se ha convertido en un símbolo de la naturaleza silvestre y de la conservación en Sudamérica.

Habita lagos y lagunas de las mesetas de altura de la provincia de Santa Cruz –convertida hoy en una de las ecorregiones más amenazadas de la Argentina– pero durante el invierno migra hacia la costa atlántica, a los estuarios de los ríos Coyle, Gallegos y Chico en Santa Cruz.

La población del macá tobiano ha decrecido un 80 % en los últimos 25 años y no llegan a 800 individuos. Según la organización Aves Argentinas si no se hace nada por protegerla de manera agresiva y eficiente, la especie podría extinguirse en diez años. Por esa razón, esta institución, en conjunto con otras ONG y algunas empresas de renombre, viene llevando adelante desde el año 2009 distintas acciones y estrategias que buscan revertir esta situación y evitar el desenlace.

Entre los principales problemas que enfrenta la especie, figura la presencia de especies invasoras y exóticas en su zona reproductiva: el visón americano, la trucha arcoiris y la gaviota cocinera. A esto debe sumarse la crisis climática, que se manifiesta en aumentos en la velocidad del viento y en sequías muy severas que reducen su hábitat reproductivo.

En la actualidad se realizan monitoreos sistemáticos de todas las mesetas de importancia, censos en el período invernal en la costa atlántica, seguimientos con uso de telemetría y estudios de la ruta migratoria para evaluar otras potenciales amenazas.

También lleva adelante una gran tarea el equipo de especialistas y voluntarios al que todos conocen en Santa Cruz como los "guardianes de colonias", cuyo objetivo principal es implementar medidas de acción directa tales como el control de la población de visones y de gaviotas cocineras.

Uno de los miembros más destacados de esta dotación es Ignacio "Kini" Roesler, un biólogo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y becario del CONICET que hace unos años atrás alertó sobre el gran peligro que estaba corriendo la población del macá tobiano.

Fue este joven investigador quien informó sobre la inminente declinación y probable riesgo de extinción de esta población. Por esta advertencia, el macá tobiano pasó a ser considerada "la primera especie endémica de la Argentina en peligro crítico".

La oposición de este grupo de investigadores y voluntarios conservacionistas a la construcción de dos represas sobre el río Santa Cruz fue y sigue siendo una pelea del día a día, una batalla de avances y retrocesos constantes. Ellos sostienen que si la obra se realizara sería el tiro de gracia para la especie.

Es llamativo que a pesar de todos los avisos y exhortaciones que se realizan hace años sobre los riesgos que corre la subsistencia de esta ave no florezca ni un atisbo de conciencia en la mayor parte de los funcionarios, empresarios y dirigentes en general del país.

La pelea por defender una especie contra "el progreso" sigue siendo una lucha desbalanceada. Aun así, de la batalla de estos "guardianes" y de varias agrupaciones ambientalistas surgieron algunos logros como la declaración de la especie como Monumento Natural Provincial, el lanzamiento del documental "El ocaso del macá tobiano" y la creación del Parque Nacional Patagonia.

Parece poco pero son los pequeños pasos que se pudieron dar en una lucha que persigue el objetivo de que los 800 ejemplares de macá tobiano no sean un simple recuerdo a lamentar en la próxima década.

Fuente: Infobae