Cuando la ilegalidad se vuelve costumbre

Ocurre que en Santa Cruz cada vez es menos diferenciable básicamente lo bueno de lo malo, lo legal de lo ilegal, la línea es muy fina, y la dirigencia política parece empeñada en caminar sobre esa cornisa sin prestar atención a las consecuencias. Claramente la gente ha perdido el respeto por las instituciones, por los gobernantes, y éstos hacen poco por reivindicarse.

domingo, 20 de octubre de 2013 · 00:00

 

El repudio hacia lo ocurrido ayer es general, sin embargo hay un hilo conductor, existen como en todo hecho criminal una serie de sucesos que terminan desembocando en el desastre que luego todos terminan por rechazar. Esa cadena de sucesos puede ser como en este caso muy heterogénea; y es que bajo un escenario en donde la dirigencia no da el ejemplo, y contrariamente se maneja en términos violentos y oportunista, pues difícilmente ese modo de pensar y accionar no sea trasmitido directa o indirectamente hacia la propia comunidad.

Mas allá que lo ocurrido en la función pública está muy lejos de ser un hecho fortuito, claramente hubo intencionalidad e intención maliciosa; Santa Cruz atraviesa tiempos de convulsión política, la interna peronista en nuestra provincia viene carcomiendo paulatinamente los últimos resabios de cordura en la dirigencia. Intereses económicos y políticos han desatado un enfrentamiento sin precedentes en términos de violencia entre el Gobierno Provincial y quienes se atribuyen ser herederos de Néstor Kirchner.

Este duelo político se va transformando en un vale todo  con tal de "voltear al enemigo", la población al medio ve como se disputan bienes públicos como el edificio incinerado ayer,  pero también, en una clara competencia electoral se legitima la toma de tierras y se habilita de este modo la ilegalidad. La justicia, pocas veces transparente en nuestra provincia, no toma posiciones tajantes ni se compromete del todo ante hechos tan violentos. 

El  ataque por parte de la dirigencia de la Uocra a docentes en la cuenca carbonífera es claramente un ejemplo de ello, pero a partir del quiebre con el kirchnerismo todo ha sido más violento y el escenario mucho menos tolerante. Desde aquel caótico 29 de diciembre en Diputados cada una de las cuestiones banales e importantes sufren el tironeo de uno y otro lado.

La ilegalidad se vuelve costumbre, cuando, como ocurre en  este análisis, no se ve con claridad a quienes son los culpables de tal o cual situación delictiva, cuando no se descarta que este caso sea una contraofensiva más de la interna política que arrasa con cualquier tipo de situación pacífica. Cuando pocos dudan que la dirigencia política no tenga nada que ver en esto, cuanto tampoco la dirigencia gremial, instituciones que deben proteger a los trabajadores, tampoco están fuera de un hecho que pudo tener consecuencias fatales, es allí cuando la confusión reina en una comunidad, cuando la víctima y el victimario parecen ser dos caras de la misma moneda.(El Diario Nuevo Día)