Como si nada hubiera pasado, y no se sabe qué pasará

Un mínimo raconto de la provincia y  el gobernador en pocos meses. Todo se derrumbó como un castillo de arena. Pero nada de lo que se advirtió durante las elecciones  llegaría a realizarse. Y ni siquiera, se podría a llegar a cumplir con lo mínimo.
lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00
Todo empezó a días de las elecciones que consagraron nuevamente como gobernador al actual mandatario provincial. 
Inmediatamente, casi como un castillo de arena, nada, pero nada de lo que se advirtió durante las elecciones.  llegaría a realizarse. Y  ni siquiera, se podría a llegar a cumplir con lo mínimo. 
Los escasos porcentajes que diferenciaron a Daniel Peralta del candidato opositor de la UCR fueron una señal, pero que el gobernador no tuvo en cuenta, aunque sí fue recogido  dentro de su partido. Inmediatamente y por medio de los Intendentes  y algunos diputados del mismo partido, le recordaron al gobernador una promesa (entre otras) que declaró durante el discurso inaugural de la sesiones de la Cámara de Diputados de marzo del 2008: una nueva Ley de Coparticipación, es decir, una retribución dentro de la ley del dinero proveniente del petróleo para las comunas 
La discusión se cerró. Es que es muy difícil distribuir lo que no se tiene ya se sabia que no se iba a tener. 
Es que el mandatario preparaba y sabia que el preludio de un ajuste era inminente, sobretodo si el objetivo de contar con fondos era  imprescindible por la mala suerte que  lo encontró en Buenos Aires, cuando en medio del conflicto o docente  viajo para  pedir dinero a Nación. El resultado fue un regreso sin gloria, y como en toda escasez de gloria, lo que surge de las profundidades es lo vergonzoso, que en se transparentó con una movilización poco habitual, pero organizada, de su regreso de la Capital Federal, con camionetas 4x4 como escoltas del vehiculo oficial  de Peralta mientras llegaba a la ciudad desde el aeropuerto.  
Pero volvamos al ajuste. Un paquete de tres leyes  que impedían la paritarias, congelaba las jubilaciones, y por si fuera poco, aumentaba  la edad jubilatoria casi 20 años en algunos casos, para igualar los 60 y 65 años  (mujer y hombre respectivamente) de la Nación. 
La palabra reforma tomaba forma, y nada tenia que ver con la rima. Antes de fin de año, y con la ayuda de un medio gráfico local, se advertía que era “necesaria” una segunda reforma consecutiva  la ley jubilatoria.  
Es verdad, hay trabajadores que se jubilan a los 45 años,  y viven más tiempo percibiendo sus haberes que aportando. Pero nadie los obligó. Fue el mismo sistema que se aplicó durante años, y más allá de que es valedera e importante la discusión de un cambio en la ley jubilatoria, ahora la culpa era del empleado. 
Lo que empieza mal, termina mal. La primera reforma tuvo su lección aunque no fue aprendida por el mandatario. Afuera de la Cámara de Diputados, aquel 16 de diciembre de 2010  trajo actores  que ya  estaban haciendo su aparición gracias a otro logro que el gobernador legitimó: la patota de la UOCRA (de otro modo no se podría llamar a este grupo). 
Indudablemente iba suceder lo mismo. Se sabía que iba suceder lo mismo. 16 trabajadores y 8 policías heridos.  Pero nada justifica la quema de un auto, pegarle a un diputado, o mantener de rehén a 6 bomberos en un coche bomba durante 30 minutos como sucedió esa tarde del 29 de diciembre. 
Ese día pareció la fotocopia  del 9 de mayo del 2007, cuando se reprimió a municipales que esperaban marchar hacia Casa de Gobierno. Pero esta vez, la renuncia no iba a ser del titular del Ejecutivo, pero si de todo su entrono. Durante el los días contiguos, de poco, a Peralta lo fueron dejando solo.   
La interna se trasparentó de una vez por todas y los rumores esta vez  fueron noticia, salvo aquel que se susurraba: que al gobernador lo obligaron a enviar los tres proyectos de emergencia económica que provocaron el caos. Algo había en el  nebuloso tablero político, pese a que fue Peralta quien envió los proyectos, y no “La Cámpora”, ni el rudismo u otro sector, que si alguna responsabilidades  tienen, es la de ser cómplices hasta cuando convenga. 
“Hay que evitar el derrocamiento del gobernador”, dijo el diputado tres veces reelecto, Alejandro Victoria. 
Con la salvedad, que el  “golpe” fue dado por el propio brazo del mandatario. 
Las renuncias trajeron consigo denuncias. Inmediatamente los ministros que juraron sobre la Constitución Provincial, se fueron. 
Las palabras, según la lingüística a veces guardan  varios significados, se denomina polisemia. En este caso, no fue así, porque  la metáfora no  se quedó sin trabajo: las cajas,  Previsión y Servicios Sociales, y la de sueldos, estaban vacías.
250 millones de pesos de déficit en la obra social estatal, 500 millones decesos adeudados a proveedores. Millones de pesos sin pagar durante un año y meses en algunos casos a cuestiones indispensables, como la salud, prestaciones médicas, farmacias, insumos para hospitales, e incluso para la educación, si entendemos el sueldo docente como parte de esta columna o la  reparación de los edificios escolares.  
Dicen que el tiempo lo cura todo en el amor. Pero como en el amor, siempre quedan espinas. No fue el caso del gobernador. En ninguna declaración pública hizo mención a los motivos de un cuasi desfalco institucional en la administración de los fondos públicos. Peralta no podía acudir a lo que acudió siempre. Echarle la culpa  a los gremios, entre ellos Adosac. (Es verdad que mermaron las regalías producto del corte de accesos a yacimientos,  pero las deudas que luego cayeron como un balde de agua fría, se cocinaron desde inicios del 2011.   Funciono en ese momento).
Comenzaron los atrasos en los pagos de sueldo. El Estado no podía cumplir con su mínima obligación. El aguinaldo tuvo su corralito de hasta 4 mil pesos. Las fechas de cobro comenzaron a correrse. 
Los primeros 6 meses van a ser complicados, aseguró Peralta. Esta vez la culpa, no fue de un sindicato, es que no hubo medidas de fuerzas, por eso los feriados fueron la causa de la baja recaudación provincial. 
Peralta incluso impuso un segundo corralito, un tope de hasta 20 mil pesos. Todo esto pasó en sólo dos meses
Cuando el mandatario asumió existía un superávit de 200 millones de pesos.  Santa Cruz es la tercera provincia que más fondos recibió del Estado nacional desde el 2003 y hasta el 2011.  Recibió 10 veces más que San Luis, provincia que nos duplica en cantidad de habitantes. El aporte del estado nacional desde el 2003 al 2011  fue de 9000 dólares por cada habitante santacruceña en este lapso. 
Todo pasó, como si nada hubiera pasado, aunque no se sabe que pasará. (El Diario Nuevo Día).