Una cruz no tan santa

La provincia de Santa Cruz hierve pese a que por momentos padece temperaturas de 10º bajo cero. Hay piquetes interminables en algunas rutas. El gobernador Daniel Peralta está prácticamente vaciado de autoridad. Está en el medio de una tormenta perfecta.

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lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00

Por Alfredo Leuco (*)

Lo que está pasando en la provincia de los Kirchner es de una gravedad institucional enorme. Y el gobernador Daniel Peralta no hace más que arrojar nafta al fuego desde el gobierno. Escuche bien estos datos irrefutables: se cumplieron más de 50 días sin clases. Las asambleas docentes ratificaron el paro por tiempo indeterminado. Pero eso no es todo.

También se van a mantener las acciones directas como el bloqueo de los yacimientos petrolíferos que tienen paralizada esta actividad clave para la economía de Santa Cruz. Según el gobernador ya se perdieron 200 millones de pesos. Peralta está prácticamente vaciado de autoridad. Está en medio de una feroz pelea dentro del peronismo y está enfrentado nada menos que con Rudy Ulloa, ex chofer de Néstor Kirchner que lo consideraba un hijo y lo convirtió en un próspero dueño de un poderoso multimedia. Peralta toca los botones de mando pero casi nadie le responde. Ni parte de su gabinete ni un sector de los intendentes. ¿Será cierto que lo están esmerilando para instalar a Alicia Kirchner como candidata? Peralta está en el medio de una tormenta perfecta.

Dice que los docentes han violado la ley por no acatar la conciliación obligatoria. Pero llama la atención el nivel de violencia no solo verbal y la intransigencia de todos los conflictos.

Hay una bronca multiplicada que parece ser una suerte de pase de viejas facturas por tanto autoritarismo y tanta patota gubernamental. Es la única explicación que puede encontrarse en una provincia donde abunda la corrupción y falta el diálogo, donde sobra el prepo y faltan las instituciones.

El manejo feudal que tuvo Néstor Kirchner en vida fue deteriorando los lazos de convivencia pacífica, la justicia independiente y redujo casi a cenizas al poder legislativo y a los medios de comunicación independientes.

Hoy se están pagando las consecuencias. Hoy Peralta está padeciendo las tempestades producto de los vientos que supo sembrar Néstor Kirchner. Por algo en el 2009 las elecciones las ganó el radical Eduardo Costa.

Pero para ser ecuánimes y dar toda la información, también hay que decir que quien primero fue intendente de Río Gallegos, luego gobernador y finalmente Presidente de la Nación demostró una gran capacidad de gobierno que le fue reconocida muchas veces en las urnas provinciales. Kirchner se cansó de ganar elecciones y hoy una de las principales calles y distintos parajes llevan su nombre como homenaje. No hay dudas de que los Kirchner hicieron mucho por Santa Cruz.

Pero tampoco hay dudas de que ejercieron el poder con una mano de hierro y un nivel de intolerancia y discrecionalidad que hoy tiene sus consecuencias. La situación actual está tan crispada que muchos temen que termine con alguna tragedia, como ya ocurrió con la muerte del policía Jorge Sayago en Las Heras. Aquí hubo patotas de la UOCRA que atacaron a maestros, tomas de escuelas, piquetes en la ruta y hasta un grupo de jóvenes K encabezados por el hijo de Rudy Ulloa que hizo una contra toma de algunos establecimientos.

La provincia hierve pese a que por momentos padece temperaturas de 10º bajo cero. Cualquier chispita puede disparar un incendio social. Hay que advertirlo antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Hace unos días los gendarmes debieron disparar sus armas para frenar el copamiento de una planta petrolera. Los trabajadores de la salud también están estudiando tomar medidas de fuerza. Hay piquetes interminables en algunas rutas.

La provincia es una de las pocas que tiene la reelección eterna y que se insubordina a las órdenes concretas de la Corte Suprema de Justicia de reponer en su cargo al ex procurador Eduardo Sosa.

Es el territorio donde no se rinde cuentas nunca de los misteriosos fondos que fueron depositados en el exterior, donde un gobernador como Sergio Acevedo renunció porque entre otras cosas se negó a firmar obras públicas que venían llave en mano desde el ministerio de Julio De Vido con algunas oscuridades adentro. Las preguntas se multiplican: ¿Santa Cruz es el espejo que adelanta el futuro de la Argentina? ¿Producir tanto enfrentamiento finalmente instala el odio permanente?¿ O se trata de una cruz nada santa que los Kirchner tendrán que llevar sobre sus espaldas? (*) Nota leída por el autor en Radio Continental.