"Nunca hay viento favorable para el que no sabe a donde va"

La célebre frase de Séneca parece caerle de perillas a lo que está pronto a suceder. Llegan las elecciones y Santa Cruz se prepara para elegir quién regirá los destinos de la provincia en los próximos cuatro años.

lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00

 

Sabemos que Argentina ha entrado en un período preelectoral trascendente, en vistas a resolver quién ocupará los próximos años el sillón de Rivadavia y cientos de cargos más en la órbita nacional.
Este proceso se ha trasladado y se repite en muchas provincias, ciudades y comunas de la geografía nacional.
Los partidos (o lo que queda de ellos) y agrupaciones políticas han empezado a velar las armas para la confrontación democrática, armando sus estrategias y avanzando en la definición de las candidaturas.
El oficialismo gobernante, casi como en una monarquía, ha elegido su delfín  para que lo represente en la contienda.
En la vereda de enfrente, el arco opositor en sintonía con los tiempos corrientes, comienza lentamente a apurar sus definiciones en el armado de las estructuras operativas, candidatos, marcos de alianzas y demás urgencias electorales, juntando en muchos de los casos, el agua y el aceite.
Pero más allá de estos preparativos, la realidad marca que el Artículo 38 de la Constitución Nacional que reza: "los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático" ha pasado a ser casi un anacronismo o algo virtual, mientras aquellos se vacían de principios y contenidos políticos y filosóficos.

Marketineros

Su vida institucional se pierde irremediablemente al compás de los nuevos políticos.
Ya no hacen política, sino arquitectura o ingeniería electoral. Las trayectorias, posiciones y compromisos de los militantes que los nutrían, han sido sustituidas por imágenes, encuestas, capacidad de marketing y rating.
La selección interna de los mejores ha dado paso a los grandes hermanos y bailando por un sueño o por un sueldo de la política.
Desde el Gobierno, satisfechos como nadie por los logros de su propia gestión, se anuncia el cambio que viene, aunque pocos saben cuál será, tal cambio sobre el firmamento político-económico santacruceño.

Exitoína

El exitismo no les deja ver que producto de sus errores, torpezas, incapacidades, su poco apego a la institucionalidad republicana, la inseguridad desmadrada, los actos pocos claros o rayanos en la corrupción de algunos funcionarios, la persistente pobreza en un país que durante varios años ha visto crecer su producto bruto como nunca y otros hechos van generando desconfianza en amplios sectores de la comunidad.
Estos casos por mencionar algunos, hacen bajar su cotización día a día, y pueden tornar incierto el resultado en las gubernamentales de octubre.
No obstante, aunque parezca una paradoja, que de hecho lo es, el mayor capital electoral del oficialismo y su carta de triunfo, es la oposición.

Fragmentados

Una oposición que si bien se ha unificado en torno a un discurso crítico a las desmanejos del Gobierno, no encuentra rumbos ni estrategias posibles para trasladar esta situación al terreno político y muchos menos al campo electoral.
Sin excepción toda la oposición coincide tozudamente en el slogan "yo o el abismo", lo que los inhibe absolutamente para generar espacios comunes, formas nuevas de participación y representación y la recreación de ideales necesarios para la regeneración de la política y los pactos de convivencia, que garanticen una digna calidad de vida para los santacruceños.
Casi todos, inmersos en una chatura intelectual y propositiva, se limitan a reproducir hasta el infinito las críticas a las "desprolijidades" del Gobierno, muchas de ellas investigadas por la justicia correspondiente, sin acertar en la elaboración de un programa que sanee a la vapuleada Santa Cruz.
No hay que cargar solamente las culpas de nuestros representantes, pero sin pretender poner en un pie de igualdad a víctimas y victimarios, se sabe que  la historia de los Gobiernos es también la historia de las sociedades, ya que ambos se condicionan y tienen responsabilidades compartidas.
Como afirmara Séneca: "Nunca hay viento favorable para el que no sabe a donde va".(El Diario Nuevo Día)