La parroquia San Vicente de Paul despidió a una catequista querida que falleció por covid en Río Gallegos

La comunidad de la iglesia ubicada en Salta y Ramón y Cajal despidió a una de las participantes más activas, catequista de muchos años quien se convirtió en una de las víctimas de la pandemia.
jueves, 28 de enero de 2021 · 00:31

La parroquia San Vicente de Paul despidió mediante sus redes sociales a una de sus integrantes activas y más destacadas, Raquel Arena de Pera a quien describieron como "catequista apasionada, enamorada de dios y gran esposa, madre, abuela, amiga y maestra"

A continuación el texto completo que le dedicaron a la valiosa integrante de la comunidad:

Raquel: Un alma imparable….

Si tuviéramos que definir a Raquel en su manera de actuar, de llevar a cabo los proyectos, de transmitir, de contagiar sería : Apasionada, como ella misma decía” la catequesis es una pasión para mi”.

Su vehemencia al hablar, al pedir y hasta al exigir, era evidencia del torbellino de pasión que la movía para dar a conocer a Jesús en su accionar pastoral.

Esa pasión la mostró en cada aspecto de su vida: siempre activa, colmada de tareas, se daba tiempo para visitar a un enfermo y acompañarlo; atenta a las necesidades de los demás, dispuesta a reemplazar al que tuviera dificultades; pendiente de todo y de todos... Atenta con sus compañeras/os de catequesis y de la comunidad parroquial: no se le pasaban los cumpleaños, los aniversarios y siempre con un ojo en su gran familia, apoyada en su compañero Emilio, haciendo tortas para los cumples, regalitos para la Navidad para los peque, cocinando para las reuniones de los domingos etc, etc…

Comenzó su siembra con Emilio, su fiel esposo, bajo la guía de Mons. Walter Olivieri, a través de la charla “Espiritualidad Conyugal”, con la que buscaban compartir con otros matrimonios, la belleza de vivir con Dios en medio del amor conyugal. Sólo quien hace la experiencia de vivir con Dios en medio, como Raquel y Emilio, es capaz de llegar profundamente al corazón del otro.

Más tarde, el Obispo Miguel Ángel Aleman, la invitó a a dar clases de religión en las escuelas públicas. No sólo desarrolló esa tarea dando lo mejor de sí como maestra cristiana sino que también compartía con las otras colegas, brindándoles materiales, orientación, acompañamiento, con mucha generosidad.

Cuando inició la Catequesis familiar en la Parroquia San Vicente, 89/90, Raquel y Emilio, se unieron, primero como padres y, luego, como Guías. Raquel siempre colaboró con entusiasmo en las actividades parroquiales, poniendo a disposición no sólo su tiempo sino también su experiencia y conocimientos, su familia y sus desvelos, para dar a conocer a Jesús. Fue tanto el fervor y la pasión puestos en la tarea, que Dios la fue llevando a acompañar la catequesis familiar de la diócesis y, más adelante, de la Región, llegando a representar la Patagonia a nivel nacional. No escatimó absolutamente nada en esta tarea, aunque los caminos no estuvieran allanados. Así organizó encuentros diocesanos, regionales, Asambleas Pastorales y hasta el ENEC en Bariloche y en San Julián, además de tantas otras propuestas siempre con la meta puesta en el anuncio del Evangelio a todos y en cada circunstancia que le tocó vivir.

Durante la pandemia, estuvo presente en cada llamado, en cada servicio, aportando a las necesidades de la comunidad, cocinando postres para los comedores, tejiendo para armar las mantas en invierno; al mismo tiempo que continuaba con su tarea pastoral, acompañando a las familias, a los niños, a los catequistas en la preparación de los encuentros virtuales y en la realidad que cada uno debió enfrentar en esta difícil etapa. Raquel se daba maña para todo, aunque significara sacar tiempo de descanso, ella corría y se trasnochaba, porque su corazón de madre, de maestra, de catequista, no se detenía nunca. Siempre estudiando, buscando nueva bibliografía y sumamente actualizada en las nuevas tecnologías, recurriendo a sus hijos y nietos hasta que aprendía a manejarlas; excepcional su empuje y su apertura para que la tarea evangelizadora fuera más atrayente para todos. Enamorada de Jesús y de su Iglesia, Raquel donó su vida a la evangelización.

¿De donde le venían tanta pasión, tanta vehemencia, tanto entusiasmo? Quizás la respuesta la encontremos en la etimología de la palabra entusiasmo cuya raíz griega significa “en Theos” es decir, en Dios, que lleva un Dios dentro. Raquel, sin dudas, fue un alma conmovida por el amor del Señor que la inspiraba y la llenaba de vida, de acción, de cariño de rabietas, un alma imparable, un alma llena de amor.

¡Gracias Raquel por dejarnos tantas huellas de amor!