Barrera de 300 km en Santa Cruz: la propuesta para frenar guanacos y recuperar la estepa
La obra abarcaría 2,2 millones de hectáreas, tendría 50 años de vida útil y se financiaría con minería y petróleo.
Un grupo de productores presentó en Puerto Deseado un ambicioso proyecto que busca transformar la ganadería ovina en el noreste de Santa Cruz. La iniciativa contempla la construcción de una barrera física de dos metros de altura a lo largo de más de 300 kilómetros, entre la Ruta Nacional 3 y el mar.
La propuesta fue expuesta durante la 102ª Exposición Rural de Puerto Deseado y apunta a recuperar la salud del suelo, ordenar la carga animal y mejorar la rentabilidad del sector ovino, en medio de la emergencia agropecuaria que atraviesa la provincia.
Un modelo regenerativo para 2,2 millones de hectáreas
El llamado "Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable" abarca una superficie de 2.260.000 hectáreas e involucra a cerca de un centenar de establecimientos ganaderos. El objetivo es avanzar hacia un esquema de ganadería regenerativa con manejo ecosistémico.
La barrera tendría una altura efectiva de dos metros, considerada técnica "innegociable" por la capacidad del guanaco de saltar hasta 1,60 metros. El diseño prevé una vida útil de 50 años y la utilización de materiales de la economía circular local, como tubing petrolero recuperado.
"Estamos en un punto de inflexión, el cambio climático nos está pegando feo. Tenemos sequía, predadores y una presión muy fuerte de guanacos. El plan actual no alcanza para la dimensión que tiene Santa Cruz", sostuvo el productor Sebastián Apesteguía, impulsor del proyecto y propietario de establecimientos en el departamento Deseado.
La iniciativa propone que la carga de guanacos dentro del área productiva no supere el 10% de la receptividad del suelo. El excedente podría destinarse al aprovechamiento comercial de carne y fibra, en línea con el Plan de Manejo del Guanaco vigente en la provincia.
Financiamiento con bonos de carbono y aporte privado
El esquema de financiamiento contempla un modelo mixto: 50% de inversión privada, 30% estatal y 20% a través de créditos blandos. Parte central del plan es la emisión de Bonos Santacruceños vinculados a la captura de carbono.
Según explicó Apesteguía, la idea es que empresas mineras e hidrocarburíferas del Macizo del Deseado inviertan en la obra para compensar su huella ambiental. "Queremos que en vez de comprar bonos en el exterior, compensen su huella comprando bonos de carbono en Santa Cruz", afirmó.
El sistema prevé que la inversión sea amortizable a 50 años y que los productores devuelvan el capital inicial a "valor producto", es decir, en kilos de lana, carne o carbono certificado. Además, se busca que el INTA desarrolle un protocolo nacional con aval internacional para validar estos bonos.
Para garantizar trazabilidad y transparencia, el proyecto incluye el uso de caravanas electrónicas y tecnología de control de cargas animales. También se plantea reemplazar el control letal de depredadores por defensa mediante barreras físicas, lo que permitiría certificar la producción como "wildlife friendly".
Manejo de fauna y conectividad biológica
Lejos de proponer la eliminación de especies, el proyecto apunta a regular la fauna dentro de un "clúster" productivo delimitado. "No decimos que no queremos pumas o guanacos, sino que proponemos manejarlos", aclaró Apesteguía.
La barrera contará con eco-ductos o compuertas cada 5 a 10 kilómetros para garantizar la conectividad biológica. Estos pasos permitirán el flujo genético de la fauna silvestre mediante aperturas estratégicas y controladas.
El planteo toma como referencia experiencias aplicadas en Australia y Nueva Zelanda, adaptadas a la realidad de la estepa patagónica. Para sus impulsores, la salida a la crisis del sector ovino debe ser colectiva y con respaldo técnico.
La propuesta ya genera debate en el ámbito rural y ambiental de Santa Cruz, donde la presión de la desertificación y la caída del stock ovino encendieron luces de alerta en los últimos años.
Con información de La Nación

