De Santa Fe a la ruta: la historia de ChauChau.2022 y La Tutuca
Andrea y Jorge, integrantes de "ChauChau.2022", dialogaron con Javier Seveso en *Rock and Frío*, por Radio Nuevo Día, para contar cómo decidieron cerrar sus actividades comerciales en Santa Fe y comenzar una nueva vida viajando en una casa rodante. La pareja relató el desgaste físico y emocional que les provocaban sus antiguos trabajos, la construcción artesanal de "*La Tutuca", una Hyundai H1 modelo 2006, y las primeras experiencias de una vida sobre ruedas, incluida una inesperada avería que los dejó durante 20 días en una estación de servicio.
Andrea y Jorge, integrantes de "ChauChau.2022", dialogaron con Javier Seveso en *Rock and Frío*, por Radio Nuevo Día, para contar cómo decidieron cerrar sus actividades comerciales en Santa Fe y comenzar una nueva vida viajando en una casa rodante. La pareja relató el desgaste físico y emocional que les provocaban sus antiguos trabajos, la construcción artesanal de "*La Tutuca", una Hyundai H1 modelo 2006, y las primeras experiencias de una vida sobre ruedas, incluida una inesperada avería que los dejó durante 20 días en una estación de servicio.
Andrea y Jorge explicaron que durante años llevaron adelante dos pequeños emprendimientos en Santa Fe, una etapa que estuvo marcada por mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio.
Uno de ellos era una empresa de transporte de larga distancia que conectaba Santa Fe con aeropuertos de distintos puntos del país, especialmente con Ezeiza. La ubicación del aeropuerto de Santa Fe y la falta de horarios adecuados para quienes debían viajar al exterior generaban una demanda importante de estos servicios.
La actividad implicaba recorrer enormes distancias. Según relataron, llegaron a realizar alrededor de "1.000 kilómetros diarios", con conductores que debían atravesar rutas de mucho tránsito, especialmente corredores utilizados por camiones y colectivos.
La presión era constante. Los vuelos internacionales no esperan y cualquier demora podía convertirse en un problema para los pasajeros.
Jorge recordó que en determinadas ocasiones debían desviarse hasta **100 kilómetros** para poder cumplir con los horarios comprometidos. También relató situaciones de inseguridad al ingresar a la zona de Buenos Aires por la Panamericana durante la noche, incluyendo momentos en los que encontraron barricadas y personas armadas.
Andrea, por su parte, explicó que aunque no acompañaba habitualmente los viajes, era quien estaba detrás de toda la coordinación.
Se ocupaba de las ventas, los cobros, los horarios, las llegadas y el seguimiento de los vehículos mediante GPS. Incluso podía recibir llamados a las 2 o 3 de la madrugada de pasajeros que habían conseguido un vuelo y necesitaban ser trasladados hasta Ezeiza.
La situación llegó a generar un nivel de agotamiento que terminó afectando la salud de ambos.
"Nos agotamos a punto de enfermarnos", explicaron al recordar una etapa en la que el trabajo y el estrés habían ocupado prácticamente todo su tiempo.
A eso se sumaban situaciones que fueron poniendo en discusión la relación con los clientes y la necesidad de recuperar algo tan básico como el descanso y el tiempo familiar.
Durante la charla también surgió una reflexión sobre la empatía y la falta de consideración hacia quienes están detrás de un servicio.
Andrea recordó que en Navidad y Año Nuevo había personas que pretendían iniciar viajes inmediatamente después del brindis, sin tener en cuenta que del otro lado había trabajadores que también necesitaban compartir las celebraciones con sus familias.
Después de "10 años" al frente de aquella empresa, la pareja tomó una decisión que cambiaría completamente su vida: cerrar esa etapa, desprenderse de buena parte de lo construido y comenzar a viajar.
"Hoy vemos que la decisión que tomamos de cerrar todo, vender, regalar y hacer un cambio rotundo de vida se refleja en la salud, en la tranquilidad", señalaron.
La Tutuca, una casa rodante construida desde cero
El vehículo que hizo posible el nuevo proyecto fue bautizado como **La Tutuca**.
Se trata de una "Hyundai H1 modelo 2006", adquirida poco antes de que comenzara la pandemia. Según contaron, fueron a buscar la documentación del vehículo y al día siguiente se produjo el cierre general de actividades.
La idea original era convertirla en una casa rodante y, durante la pandemia y el período posterior, decidieron avanzar definitivamente con ese proyecto.
Jorge fue quien se encargó directamente de la transformación.
El trabajo le demandó aproximadamente "nueve meses", utilizando herramientas, madera y distintos materiales, en un proceso que combinó aciertos, errores y pruebas.
Sin embargo, la experiencia también les dejó importantes aprendizajes.
Mientras realizaban la construcción en Santa Fe utilizaron madera de pino de "18 milímetros" para fabricar los muebles interiores. El material parecía una elección adecuada hasta que La Tutuca llegó a zonas de clima mucho más seco, particularmente Comodoro Rivadavia.
Allí comenzaron los problemas.
La madera empezó a trabajar y aparecieron grietas que llegaron a tener aproximadamente "un centímetro". Para evitar que continuara deteriorándose, tuvieron que caminar con un pulverizador y humedecerla periódicamente.
El comportamiento de los materiales frente a los cambios de temperatura también fue una sorpresa.
Los aislantes térmicos utilizados en el interior se expandían durante determinadas épocas del año y se contraían durante el invierno.
Para Jorge, fue uno de los mayores dolores de cabeza que le generó la construcción del motorhome, porque son aspectos que muchas veces no aparecen contemplados cuando se planifica una camperización.
La pareja aclaró además que no vive permanentemente arriba del vehículo: realizan viajes y luego guardan el motorhome.
De todos modos, los kilómetros recorridos y el paso por distintas provincias les permitieron adquirir conocimientos que difícilmente podrían haber imaginado antes de comenzar esta nueva etapa.
El primer viaje: un cambio de rumbo y una odisea inesperada
La primera salida de La Tutuca tampoco fue como la habían imaginado.
Andrea y Jorge habían partido con la idea de viajar hacia Mendoza. Antes pasaron por Esperanza para despedirse de un familiar de Andrea.
Pero al retomar la Ruta 19 surgió una pregunta que terminó modificando completamente el itinerario: ¿Mendoza o el mar?
Eligieron el mar.
La pareja tenía previsto llegar a "Las Conchillas" para celebrar las fiestas de fin de año. El plan incluía un asado, cerveza fría y la intención de llegar alrededor de las 19 horas del "31 de diciembre".
Sin embargo, a las 19 horas ocurrió lo inesperado: La Tutuca sufrió una avería en la junta de tapa de cilindros cuando todavía faltaban aproximadamente "30 kilómetros" para llegar.
Tuvieron que regresar y lograron llegar a una estación de servicio cerca de las 23:45.
Estaban transpirados, agotados y llenos de tierra. Como no había prácticamente nadie en el lugar, terminaron brindando con una cerveza y comiendo unas papas saladas antes de intentar descansar como podían.
La reparación no fue inmediata.
El vehículo estaba a unos ocho kilómetros del taller y, mientras esperaban que el mecánico pudiera comenzar con el trabajo, Andrea, Jorge y Nina -la perra que los acompaña en sus viajes- terminaron durmiendo en una carpa para dos personas instalada detrás de la estación de servicio.
Lo que inicialmente parecía una espera de algunos días terminó extendiéndose hasta aproximadamente 20 días.
La situación se volvió especialmente difícil por las condiciones climáticas. Una tormenta de viento levantaba arena y la introducía dentro de la carpa. Después del viento llegaba la lluvia, que también terminaba ingresando al improvisado refugio.
Llegaron a tener aproximadamente dos centímetros de tierra dentro de la carpa y al día siguiente prácticamente no podían abrir los ojos por la cantidad de arena acumulada.
No tenían ducha ni agua disponible en ese sector y debieron atravesar los días de calor del verano en esas condiciones.
A eso se sumaron las avispas, descriptas por ellos como insectos de picadura muy dolorosa.
La experiencia fue tan dura que Javier Seveso, mientras escuchaba el relato, comparó la situación con una película: una estación de servicio, el viento, los vehículos pasando y una carpa que prácticamente no podía resistir las condiciones.
Pero vender La Tutuca nunca fue una opción.
"Como buenos taurinos que somos, no nos iba a vencer", resumieron entre risas, dejando en claro que aquella primera gran dificultad no alcanzaría para hacerlos abandonar el proyecto.
Finalmente recorrieron unos 400 kilómetros hasta San Rafael, Mendoza, para encontrar un servicio oficial de Hyundai que pudiera hacerse cargo de la reparación.
El viento, los aprendizajes y una familia sobre ruedas
La vida viajera también les permitió conocer fenómenos climáticos que antes no habían experimentado.
Entre ellos mencionaron el viento Zonda, que describieron como un fenómeno proveniente del Pacífico que descarga humedad en la cordillera y llega al territorio argentino como un viento seco y fuerte.
Recordaron especialmente una experiencia en Chilecito, La Rioja, donde permanecieron tres días junto a otras parejas prácticamente sin poder moverse debido a la intensidad del viento.
Según relataron, la presión y las condiciones generadas por el fenómeno provocaban dolores de cabeza, falta de fuerza y, en algunos casos, hasta sangrado nasal. Las actividades cotidianas podían quedar suspendidas y el viento arrastraba calor y tierra.
La historia de ChauChau.2022 también incluye a "Nina", la mascota que viaja con ellos.
La conocieron en La Rioja hace aproximadamente 13 años, cuando era una cachorra. Desde entonces pasó a formar parte de la familia y, naturalmente, también de la nueva vida sobre ruedas.
Andrea y Jorge conforman además una familia ensamblada. Jorge tiene tres hijos que viven en España, mientras que Andrea tiene una hija que vive en Santa Fe, donde estudia.
Después de años de trabajo, cansancio y responsabilidades, decidieron apostar por una vida diferente, con La Tutuca como compañera de ruta.
La experiencia les mostró que cambiar de mapa también significa aprender a convivir con imprevistos, reparar lo que se rompe, adaptarse al clima, aceptar que los planes pueden modificarse en cualquier momento y, sobre todo, recuperar tiempo para vivir.
La historia de Andrea y Jorge demuestra que a veces el verdadero viaje comienza mucho antes de poner en marcha un vehículo: empieza cuando una persona se anima a preguntarse si la vida que lleva es realmente la que quiere continuar viviendo.
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