Día de la Enfermería: Entre guardias y emociones la historia de Camila Yablanseck
En el marco del Día de la Enfermería, Camila Yablanseck dialogó en Radio Nuevo Día sobre su vocación, la experiencia de trabajar en el Centro de Medicina Nuclear de Río Gallegos y el fuerte impacto humano y emocional que atraviesa la profesión, especialmente en el acompañamiento de pacientes oncológicos.
En el marco del Día de la Enfermería, Camila Yablanseck dialogó en Radio Nuevo Día sobre su vocación, la experiencia de trabajar en el Centro de Medicina Nuclear de Río Gallegos y el fuerte impacto humano y emocional que atraviesa la profesión, especialmente en el acompañamiento de pacientes oncológicos.
Una vocación nacida del acompañamiento y la escucha
En una charla íntima y emotiva en el programa Rock and Frío, la licenciada en enfermería Camila Yablanseck compartió detalles de su historia personal, el camino que la llevó a elegir la profesión y las experiencias que marcaron su vida dentro del sistema de salud.
La entrevista se dio en el marco del Día de la Enfermería, fecha en la que Javier Seveso destacó el rol esencial de quienes "contienen, cuidan y acompañan" diariamente a pacientes y familias.
Camila contó que desde muy chica sintió afinidad por el área de salud, aunque no tenía familiares vinculados al ámbito sanitario. "Siempre fui de escuchar, acompañar y estar para el otro", explicó.
La decisión definitiva llegó al comenzar la carrera en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA). "Entré para probar y me enamoré de la carrera", recordó.
También se refirió a ciertos prejuicios históricos sobre la profesión. "Muchas veces se piensa que el enfermero solamente cambia pañales o baña pacientes, y no es así", señaló.
Según describió, las prácticas en el Hospital Regional Río Gallegos fueron determinantes para confirmar su elección. "El contacto con las personas es hermoso realmente", expresó.
Guardias, oncología y el peso emocional de cuidar
Actualmente, Yablanseck trabaja en el Centro de Medicina Nuclear de Río Gallegos, específicamente en el área de oncología, hospital de día y braquiterapia, un tipo de radioterapia interna utilizada principalmente en pacientes con cáncer de cuello uterino.
Durante la entrevista recordó una de sus primeras experiencias fuertes dentro de la profesión: las guardias nocturnas mientras cursaba el último tramo de la carrera.
"Tenía miedo de equivocarme o hacerle mal a alguien", confesó sobre aquellas primeras noches en la guardia central del hospital, donde debían asistir emergencias y salir en ambulancia.
Con el tiempo entendió que la enfermería implica mucho más que la atención clínica. "El médico es el cerebro del tratamiento, pero enfermería acompaña desde otro lugar: sostener la mano, secar lágrimas, abrazar y escuchar", afirmó.
En el área de oncología, explicó, el impacto emocional es permanente. "Son pacientes con los que establecés vínculos muy fuertes y eso es muy difícil emocionalmente", relató.
Camila describió escenas que la marcaron profundamente: personas que luchan por vivir un tiempo más para ver graduarse a un hijo, conocer a un nieto o llegar a un cumpleaños familiar.
"Ahí te das cuenta que uno muchas veces se queja por cosas mínimas", reflexionó. "Tener salud y despertar sin dolor ya es una bendición enorme".
La pandemia, la fe y los sueños pendientes
La licenciada también recordó cómo atravesó los años de pandemia. Comenzó la carrera durante el COVID-19 y cursó los primeros años de manera virtual.
"Eso aumentaba la ansiedad porque no había pisado una clase y tenía que ir al hospital", contó.
Durante esa etapa colaboró además en los centros de vacunación instalados en el Complejo Cultural de Río Gallegos. "Se visibilizó muchísimo el esfuerzo de los trabajadores de la salud", sostuvo.
Para Yablanseck, aquellos años estuvieron marcados por la incertidumbre, el miedo y el agotamiento físico y emocional de médicos, enfermeros y camilleros.
Fuera del ámbito hospitalario, explicó que encuentra contención emocional en la fe y la comunidad de la iglesia cristiana a la que asiste. Allí toca un instrumento musical, comparte tiempo con amigos y también con otras enfermeras.
"Creo muchísimo en Dios y no hay mejor cable a tierra que ese", aseguró.
Además, recientemente comenzó a asistir al gimnasio para mantenerse activa físicamente. "No puedo recomendarle ejercicio a mis pacientes si yo no lo hago", dijo entre risas.
En cuanto al futuro, reveló que actualmente realiza un posgrado para especializarse en oncología y que uno de sus grandes sueños personales está próximo a concretarse. "Me estoy por casar en tres meses", contó emocionada.
Sobre el cierre de la entrevista, Javier Seveso le pidió definir qué significa ser enfermera. La respuesta fue inmediata: "Priorizar al otro".
También habló del aspecto más difícil de la profesión. "Separar las emociones y no involucrarse tanto emocionalmente", admitió.
Finalmente, recordó uno de los momentos más movilizantes de su carrera: "Nunca voy a olvidar cuando un paciente me abrazó llorando y agradeciéndome por ayudarlo". (Diario Nuevo Día)

