Abriendo Caminos

Yamila Reynoso: la joven camionera que, con orgullo por su profesión, fue rompiendo estereotipos

En el tercer capítulo del ciclo de charlas “Conociéndonos: mujeres de la Patagonia”, El Diario Nuevo Día te trae la historia de Yamila, quien nos cuenta su pasión por los “fierros”, el legado de su padre y su infancia en las rutas, cómo fue incursionar en un rubro típicamente masculino y cómo tuvo que reinventarse tras el accidente laboral.

“De mi papá nació mi fanatismo por los camiones, pese a que él se oponía por considerarlo un trabajo de “hombres”, riesgoso, que conlleva una vida dura y sacrificada, lejos de la familia. Sin embargo, elegí seguir sus pasos. Espero que -en donde sea que esté- esté orgulloso de mí”, cuenta con lágrimas de emoción Yamila Reynoso (38 años) nacida en Córdoba capital y patagónica por elección, quien vino a vivir a Río Gallegos hace ya seis años, tras la muerte de su padre. 



Y sucede que –sin querer y pese a sus advertencias- fue su papá quien le heredó la pasión por esas máquinas tan imponentes, que más adelante se convertirían en su entrada económica, e incluso, en un estilo de vida.



“Me crie arriba de un camión. Cuando podía- lo acompañaba en sus viajes y fue el quien me enseñó a manejar el Scania 113 y después el Mercedes Benz 1114. Como no alcanzaba los pedales, me sentaba en su falda y agarraba el volante, después aprendí a poner los cambios, luego empecé a practicar en campo abierto hasta que pude largarme sola”, recordó. 





“Te tiene que gustar mucho, tener confianza, ser previsor y agudizar los sentidos porque hay muchos imprudentes al volante. Cuando se presentaba algún desperfecto técnico en la ruta, había solidaridad de mis colegas y por lo general siempre alguien se acerca a ayudar, más aún cuando ven que sos mujer. Aunque también aprendí a ingeniármelas sola y a distinguir si un neumático está desinflado o no, golpeándolo con un palo, según el ruido, por ejemplo. Supe lo que es pasar frío, calor, cansancio, hambre, y sin embargo me fascinaba”, recuerda con una mezcla de orgullo y nostalgia que se refleja en su rostro. 



Fue en su ciudad natal donde obtuvo su primera licencia de conducir como profesional que la habilitaba a transportar cargas generales como frutas, papas, cereales y demás productos típicos de esa región agropecuaria. Allá le tocó recorrer las rutas que conectan a Córdoba Capital con Buenos Aires, Mendoza, Tucumán, Salta, etcétera. Eran trayectos relativamente cortos y además de manejar, hacía el proceso de carga y descarga que implicaba un gran esfuerzo físico. 



La llegada a la Patagonia: su adaptación e inserción laboral 





Tras el duro golpe que significó la partida de su padre, Yamila arribó en el 2016 a Río Gallegos junto a su actual esposa, Daiana, quien la supo contener en los peores momentos, anhelando progresar. Pero en el sur notó que los requisitos para renovar el carnet eran muchos más estrictos y burocráticos: “Tuve que empezar casi de cero y manejar un simulador para poder obtener mi licencia de cargas generales. Sumé además la de cargas peligrosas (inflamables, etc.) aunque lamentablemente nunca llegué a ingresar en las petroleras, pese a que el sindicato luchaba para que se incorporen más mujeres”, explicó con la tonada cordobesa que le recuerda su infancia y raíces. 



Acá en Santa Cruz trabajó durante tres años en una empresa que prestaba servicios para un reconocido servicio de correo y condujo las rutas patagónicas, con distancias mayores, paisajes áridos y clima hostil, muy distintas a las que estaba acostumbrada. “En ese momento solo éramos tres mujeres camioneras y el resto eran varones. Al principio tuve miedo de no encajar, pero terminamos siendo amigos hasta el día de hoy. Nunca me tocó vivir situaciones incómodas o de discriminación en los lugares donde trabajé. Si bien en un principio era un rubro muy machista, cada vez hay más mujeres que se animan y se insertan en esta profesión”, destacó. 



El accidente laboral y su vida en la actualidad 





Fue marcada por el legado de su padre



El 8 de abril del año pasado marcó un antes y un después: Yamila sufrió un accidente laboral en pleno proceso de descarga, que la dejó un año en reposo, impidiéndole de por vida volver a trabajar de lo que más ama y disfruta. “Al principio fue difícil, pero tuve que reinventarme. Lamentablemente no obtuve la respuesta que buscaba cuando más lo necesité. Todavía me cuesta subirme a mi auto por las lesiones en las rodillas, piernas y columna. Pero nunca bajé los brazos”, remarcó con cierta expresión de resignación. 





“Después del accidente empezamos a vender empanadas árabes para poder subsistir. Ahora hago viajes particulares dentro de la ciudad para poder aportar a la economía del hogar. Hoy el único ingreso fijo es el de mi señora. Somos un equipo ‘todo terreno’”, cuenta con actitud y visión positiva frente a la adversidad. 



Hoy tiene dos anhelos pendientes que espera concretar algún día. “Quisiera poder comprar un motorhome y recorrer la Argentina de punta a punta, empezando por la famosa Ruta 40. Viajar, conocer pueblos y vivir el momento. Y poder convertirme en madre algún día”, finalizó.  



*Por Nazarena Mosquera 


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