Más de 7mil kilómetros en moto por la Patagonia hasta Cabo Vírgenes
Federico Di Bella, motociclista de General Roca, dialogó con Javier Seveso en el programa Rock and Frío y relató su experiencia recorriendo la Ruta 40 por la Patagonia. Con una moto de aventura y en gran parte del trayecto viajando solo, atravesó algunos de los paisajes más desafiantes del sur argentino hasta llegar a Cabo Vírgenes y Ushuaia. La travesía, marcada por la emoción, el esfuerzo y los encuentros en el camino, se convirtió en el inicio de un proyecto mayor: completar toda la mítica ruta hasta el norte y llegar al salar de Uyuni.
Para muchos viajeros, la Ruta 40 es más que un camino: es un símbolo de aventura. Para Federico Di Bella, motociclista oriundo de General Roca, ese sueño comenzó hace apenas cuatro años, cuando decidió vender su karting y comprar su primera moto de viaje.
"Siempre me gustó conocer nuevos lugares, culturas y paisajes. Empecé viendo videos de viajeros y me animé a probar", contó durante la entrevista en Rock and Frío. Aquella primera Yamaha 250 fue el punto de partida para recorrer distintos rincones de la Patagonia, desde Bariloche y San Martín de los Andes hasta la costa chubutense.
Con el tiempo, la idea fue creciendo. El objetivo ya no era solo viajar: era recorrer la mítica Ruta 40. "La planifiqué para hacerla por partes. Empecé por el tramo patagónico porque enero es la mejor época para viajar hacia el sur", explicó .
Entre ripio, viento y desafíos
La travesía lo llevó por algunos de los paisajes más duros y espectaculares del país. Uno de los tramos más exigentes fue el conocido como los "73 Malditos", un sector de ripio entre Bajo Caracoles y Tres Lagos, en Santa Cruz.
"Había piedras de varios centímetros y prácticamente no tenés adherencia. Vas flotando con una moto que pesa más de 200 kilos", relató. A eso se sumó el viento patagónico, que en algunos momentos lo obligó a concentrarse al máximo para no caer.
Pero el esfuerzo tuvo su recompensa cuando llegó a uno de los puntos más emblemáticos del extremo sur: Cabo Vírgenes, el kilómetro cero de la Ruta 40.
"Cuando tomás dimensión del lugar donde estás, en medio de la nada, después de tantos kilómetros, es increíble. Es un momento muy gratificante", recordó.
Viajar solo, encontrarse con el mundo
Gran parte del recorrido lo hizo en soledad, algo que, lejos de ser una dificultad, terminó transformándose en una experiencia enriquecedora.
"Viajar solo te obliga a relacionarte con el entorno y con la gente. Terminás conociendo historias increíbles", contó. En más de una ocasión, una simple parada para preguntar un camino terminó compartiendo comida y charlas con pobladores de la región.
También descubrió la comunidad de los motoviajeros, que se encuentra en alojamientos conocidos como "motoposadas", espacios pensados especialmente para quienes recorren largas distancias sobre dos ruedas. Allí se cruzó con viajeros de distintos puntos del país y del mundo.
La aventura, sin embargo, no termina aquí. El próximo objetivo es completar la Ruta 40 hasta el norte argentino y llegar al salar de Uyuni, en Bolivia. "Muchas veces miramos destinos afuera y no conocemos lo que tenemos en nuestro país. Argentina es increíble", reflexionó.
Para Federico, viajar en moto es mucho más que recorrer kilómetros. Es una forma de encontrarse con el paisaje, con otras personas y también con uno mismo. "La mejor moto para viajar es la que te gusta. Le ponés unas bolsas, un poco de ropa y salís. Lo importante es tener ganas de conocer", concluyó. (Diario Nuevo Día) Producción @pablomouesca

