Moscas en Río Gallegos: por qué proliferaron, los mini basurales y desde cuándo hay fumigaciones
La ciudad quedó prácticamente infestada de moscas. El ingeniero industrial Ezequiel Acevedo, director de Gestión Ambiental y Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos, explicó que desde el 8 de agosto se reforzó el esquema de fumigaciones en el vaciadero y en puntos críticos de Río Gallegos. El pedido a la comunidad
En diálogo con El Diario Nuevo Día, el ingeniero industrial Ezequiel Acevedo, director de Gestión Ambiental y Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos, detalló el trabajo que se viene realizando para contener la proliferación de moscas en Río Gallegos, que prácticamente inundaron la ciudad capital.
"Desde el 8 de agosto venimos trabajando en un esquema de vaciadero y puntos críticos, junto a las áreas de Saneamiento y la Agencia Ambiental. Esta es una actividad que desarrolla Saneamiento tres veces por semana; desde esa fecha, se está fumigando más de lo que se hace normalmente", explicó.
Según indicó, en el vaciadero municipal, en la planta y en los sectores aledaños se realizaron fumigaciones de manera sostenida. "No es que no se haya fumigado; debemos entender que la ciudad creció mucho", subrayó, al remarcar que la expansión urbana también genera nuevos desafíos en materia ambiental.
Acevedo señaló que, a diferencia de otras ciudades donde los vaciaderos están alejados del ejido urbano, en Río Gallegos actualmente hay vecinos viviendo en sectores cercanos, lo que incrementa la sensibilidad ante este tipo de problemáticas.
Minibasurales, residuos orgánicos y ciclo biológico
El funcionario enumeró los factores que explican el aumento de la población de moscas. Entre ellos, destacó el retiro de numerosos minibasurales en distintos puntos de la ciudad, donde se acumulan residuos de todo tipo.
"En los minibasurales se tira de todo: desde animales muertos hasta desechos de faena y basura domiciliaria", indicó. Ese tipo de residuos, especialmente los orgánicos, generan condiciones ideales para la reproducción de insectos.
A esto se suma la presencia de restos orgánicos en veredas y terrenos baldíos. "Si el vecino no colabora en mantener limpios los frentes, veredas o cestos, el residuo orgánico se acumula", explicó.
Acevedo recordó además que el ciclo de vida de la mosca es corto, de aproximadamente 15 días, lo que acelera el proceso de reproducción. En ese contexto, cualquier acumulación de materia orgánica se convierte rápidamente en un foco activo.
"Haciendo memoria activa, el año pasado hubo incluso más proliferación de moscas", afirmó. Esa experiencia llevó al área a reforzar fumigaciones y diseñar estrategias más efectivas. "Es un aprendizaje tanto para nosotros como para los vecinos", sostuvo.
El impacto del clima y el rol de la comunidad
Otro de los factores determinantes fue el clima. "Tuvimos una ola de calor y muchos factores que sumaron a la proliferación", señaló el director de Gestión Ambiental.
Sin embargo, remarcó que la ciudad cuenta con una ventaja estacional. "Afortunadamente, tenemos la ventaja de contar con períodos anuales de calor cortos, por lo que el frío mitigará las plagas pronto", explicó.
En paralelo al refuerzo operativo, desde el área solicitaron la colaboración de la comunidad. Entre las recomendaciones, mencionaron mantener limpios los cestos comunitarios y levantar los residuos que quedan fuera de los canastos, colocar la basura en bolsas cerradas y sin roturas, y realizar poda y limpieza de patios, ya que el material orgánico acumulado es el lugar donde las moscas depositan sus huevos.
También insistieron en respetar los horarios de recolección establecidos por la Municipalidad.
"Estamos trabajando más horas y con más operatividad para cortar los ciclos de la plaga, pero solicitamos el apoyo de la comunidad", expresó Acevedo, y concluyó: "Estamos trabajando constantemente para que la situación sea lo menos caótica posible".


