TURISMO

Por el mundo con Nuevo Día más de 40 globos y un espectáculo único cerca de Montreal

Pablo Mouesca, corresponsal y colaborador de "Rock and Frío" desde Canadá, dialogó con Javier Seveso por Radio Nuevo Día y contó su experiencia en un festival internacional de globos aerostáticos realizado en Saint-Jean-sur-Richelieu, en la provincia de Quebec, a unos 40 minutos de Montreal. Durante la entrevista describió la organización del evento, las medidas de seguridad, los vuelos, el espectáculo nocturno, la presencia de familias y visitantes de distintos países y el particular sistema de acceso a un predio financiado mediante impuestos. También habló sobre la solidaridad de las comunidades latinoamericanas en Canadá y anticipó nuevos recorridos junto a su familia.

Redacción Nuevo Día
Redacción Nuevo Día
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Pablo Mouesca, corresponsal y colaborador de "Rock and Frío" desde Canadá, dialogó con Javier Seveso por Radio Nuevo Día y contó su experiencia en un festival internacional de globos aerostáticos realizado en Saint-Jean-sur-Richelieu, en la provincia de Quebec, a unos 40 minutos de Montreal. Durante la entrevista describió la organización del evento, las medidas de seguridad, los vuelos, el espectáculo nocturno, la presencia de familias y visitantes de distintos países y el particular sistema de acceso a un predio financiado mediante impuestos. También habló sobre la solidaridad de las comunidades latinoamericanas en Canadá y anticipó nuevos recorridos junto a su familia.

Un cielo lleno de globos cerca de Montreal

Pablo Mouesca volvió a comunicarse con "Rock and Frío" desde Canadá para compartir una experiencia que lo sorprendió especialmente: la visita a un festival internacional de globos aerostáticos en Saint-Jean-sur-Richelieu, en la provincia de Quebec, a unos 40 minutos de Montreal.

El encuentro reunió a decenas de globos y miles de personas. Mouesca contó que, según pudo observar, había más de 40 aeronaves preparadas para despegar de manera escalonada y evitar que todas se concentraran en el mismo sector del cielo.

"Es algo raro, es muy lindo, visualmente es hermoso", describió el corresponsal al explicar la impresión que le produjo observar los globos gigantes elevándose con pasajeros en sus canastos.

El predio destinado al festival es de grandes dimensiones. Mouesca lo comparó con una superficie equivalente a aproximadamente cinco canchas de fútbol y explicó que allí se concentra buena parte de la infraestructura necesaria para la actividad.

Los globos llegan desinflados en carros especiales, similares a los utilizados para transportar caballos. Una vez instalados en el lugar, comienza un procedimiento que requiere especial atención a las condiciones meteorológicas.

El viento es uno de los factores determinantes.

Según explicó, los vuelos solamente pueden realizarse cuando las condiciones son estables y existe una brisa mínima. Los globos pueden alcanzar alturas de entre 300 y 500 metros y, a diferencia de otros tipos de aeronaves, dependen fundamentalmente del viento para desplazarse.

"El globo a esa altura está a la deriva", explicó Mouesca.

El ascenso y descenso se controla mediante el calor generado por los quemadores, pero la capacidad para modificar el rumbo es limitada. Por eso, antes de cada vuelo se realiza un estudio de las condiciones meteorológicas.

Los globos observados por Mouesca despegaron de manera escalonada y algunos regresaron aproximadamente dos horas después.

 Pablo Mouesca, corresponsal y colaborador de "Rock and Frío"

 Pablo Mouesca, corresponsal y colaborador de "Rock and Frío"

Un espectáculo familiar con visitantes de distintos países

Uno de los aspectos que más llamó la atención de Mouesca fue la cantidad de familias que participaron del evento.

El acceso al predio requería una entrada denominada "pasaporte", mientras que el espectáculo de los globos podía observarse sin necesidad de pagar por un vuelo.

El visitante que quería subir a un globo debía abonar aparte. Según la información que recibió durante su visita, el costo rondaba los *35 dólares canadienses por persona*.

Mouesca explicó que el predio contaba con mesas, sillas, baños, puestos gastronómicos, espacios comerciales y diferentes actividades destinadas a quienes concurrían durante la jornada.

También había espectáculos musicales y una importante cantidad de visitantes.

La experiencia no se limitaba a observar los globos durante el día. Por la noche, los quemadores iluminaban las estructuras desde el interior y convertían a cada aeronave en una especie de enorme lámpara suspendida.

"Era una lámpara gigante de color", relató Mouesca al describir uno de los momentos que más lo impactaron.

La actividad también está atravesada por una fuerte organización de seguridad.

Los globos salen en diferentes momentos y mantienen distancias entre sí para evitar concentraciones durante el ascenso. Además, los pilotos necesitan contar con una licencia habilitante para poder realizar los vuelos.

Para Mouesca, observar a familias completas subiendo a los canastos fue una de las situaciones que más le llamó la atención.

Él mismo reconoció que siente cierto vértigo y que no se animaría a realizar el vuelo. "No me gusta depender de otra persona en mi seguridad", explicó.

La presencia de familias, sin embargo, mostró que para muchos visitantes se trata de una actividad recreativa habitual.

La diversidad cultural también se vive alrededor de los globos

El festival no reunió únicamente a habitantes de Quebec.

Mouesca destacó la diversidad cultural que pudo observar en el predio, donde convivieron personas provenientes de distintos países y comunidades.

Entre comidas típicas, conversaciones en diferentes idiomas y actividades familiares, el evento se convirtió también en un punto de encuentro entre culturas.

"Había 130 países", señaló al dimensionar la diversidad de visitantes que pudo encontrar durante la jornada.

En ese contexto apareció también un elemento que permitió identificar rápidamente a los argentinos y uruguayos: el mate.

Mouesca contó que los argentinos suelen llevar el mate y los accesorios correspondientes, mientras que los uruguayos aparecen frecuentemente con el termo debajo del brazo.

El encuentro también permitió que los visitantes reconocieran diferentes acentos y formas de hablar, incluso entre personas que utilizaban el inglés como idioma común.

Para el corresponsal, esa diversidad es parte de la experiencia de viajar y compartir espacios con comunidades de diferentes lugares.

La gastronomía tuvo también un papel importante.

Los visitantes podían disfrutar de comidas típicas, sentarse a compartir y permanecer durante varias horas dentro del predio. La idea, según describió Mouesca, era generar un espacio familiar donde cada persona pudiera disfrutar del espectáculo sin demasiadas restricciones, siempre respetando a los demás.

"Podés comer, tomar mate, lo que vos quieras. Mientras que no molestes a nadie, podés hacer lo que quieras y disfrutar de ese espectáculo que nos juntó a todos", relató.


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Solidaridad latinoamericana frente a las tragedias

La conversación también permitió conocer otro aspecto de la vida de Mouesca en Canadá: el contacto permanente con comunidades latinoamericanas.

Durante la entrevista contó que, frente a situaciones de emergencia ocurridas en Colombia y Venezuela, diferentes grupos de inmigrantes latinoamericanos se organizaron para enviar ayuda.

Mouesca explicó que junto a su equipo se ofrecieron para trasladarse sin cobrar a lugares cercanos a las zonas afectadas y colaborar con la distribución de ropa y alimentos.

Sin embargo, las organizaciones locales les explicaron que las iglesias estaban siendo utilizadas por la Cruz Roja como espacios de apoyo para las personas que trabajaban en las tareas de rescate.

La intención quedó igualmente planteada.

"Los latinos somos solidarios", sostuvo Mouesca al destacar la predisposición de las comunidades de distintos países para colaborar frente a situaciones de emergencia.

Según explicó, colombianos, venezolanos, dominicanos y otros grupos mantienen vínculos de cooperación y una fuerte relación entre sí.

Esa experiencia también le permitió remarcar una diferencia cultural que observa permanentemente desde su llegada a Canadá.

Mouesca sostuvo que los argentinos tienen una manera particularmente afectuosa de relacionarse y que el abrazo, el mate y la cercanía física forman parte de una identidad que muchas veces sorprende a quienes no están acostumbrados a esas expresiones.

"Tenemos uno de los mejores países del mundo, estoy hablando de su gente", afirmó al referirse especialmente a la calidez de los argentinos.

Aunque lleva años viviendo parte del tiempo en Canadá, reconoció que extraña Argentina.

Su familia, sus afectos y la posibilidad de volver a recorrer distintas provincias continúan siendo una parte central de su vida.

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Montreal, nuevos recorridos y una vida atravesada por los viajes

Mouesca contó que continuará recorriendo diferentes lugares de Canadá durante las próximas semanas.

Junto a su familia aprovechará un período de vacaciones para visitar destinos cercanos. También recordó que el año anterior recorrió Calgary, una ciudad ubicada a varias horas de vuelo de Montreal y que definió como "maravillosa".

Canadá, explicó, tiene una enorme extensión territorial y una diversidad de paisajes que permite encontrar diferentes propuestas turísticas.

Más adelante, además, aparece España como uno de los próximos destinos.

Pero los viajes no son únicamente una cuestión turística para Mouesca.

Su actividad también está vinculada con los títeres y con diferentes proyectos culturales que desarrolla junto a su familia y colaboradores.

En ese recorrido, los campings canadienses ocupan un lugar particular. El corresponsal explicó que algunos funcionan prácticamente como pequeñas ciudades, con una gran cantidad de motorhomes, espacios gastronómicos, cine y teatro.

También destacó que los precios de determinadas alternativas de alojamiento se volvieron más accesibles después de la pandemia.

Según su explicación, la crisis sanitaria generó un fuerte impacto emocional y económico, por lo que distintos sectores buscaron recuperar la actividad ofreciendo opciones más accesibles para que las familias pudieran volver a salir y disfrutar.

"La pandemia trajo mucha depresión", señaló Mouesca, quien explicó que la estrategia también buscó volver a movilizar la economía de hoteles, campings y otros servicios vinculados con el turismo.

En su mirada, esa política permitió que familias numerosas pudieran acceder nuevamente a espacios recreativos.

La conversación cerró con una reflexión sobre la Argentina, los vínculos familiares y el próximo recorrido que realizará Mouesca por distintas provincias cuando regrese al país.

El corresponsal también anticipó que continuará acercando contactos y testimonios a "Rock and Frío". Entre ellos aparece una próxima entrevista vinculada con la problemática de las adicciones y el trabajo de acompañamiento que realiza un socioterapeuta y coach de vida.

Mouesca remarcó que se trata de una persona que atravesó personalmente una situación de consumo y luego comenzó a trabajar con jóvenes y personas que enfrentan problemas de adicciones.

La frase que recuperó para sintetizar ese mensaje fue contundente: "La droga no es vitamina".

El recorrido de Pablo Mouesca por Canadá volvió así a ofrecer una mirada que combina viajes, cultura, experiencias familiares y solidaridad. Desde un cielo repleto de globos aerostáticos hasta las comunidades latinoamericanas que se organizan para ayudar a quienes atraviesan una tragedia, su relato mostró diferentes formas de vivir, compartir y construir vínculos lejos de la Argentina. (Diario Nuevo Día)

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