La década no educada: inédita merma desde 2.003 de la matrícula de alumnos en escuelas publicas

Desde el siglo XIX la matrícula de la escuela primaria estatal siempre creció. Pero en 2003 se inicia un ciclo distinto, caracterizado por el éxodo de la escuela estatal.

martes, 2 de julio de 2013 · 00:00

 

 

En el año 2011 asistían a escuelas estatales primarias casi 300 mil niños menos que en el 2002. Está avanzando año a año desde 2003 una acelerada “privatización ”, en una evolución opuesta a la registrada en el periodo 1996-2002, cuando de cada 100 nuevos inscriptos en la escuela primaria 85 optaban por una estatal.

 

La declinación de la matricula estatal primaria en el período 2003-2011 alcanza al 7,9 por ciento del total. En igual período, fue aún mayor la reducción en la cantidad de alumnos que ingresan al primer grado en escuelas estatales. En el 2011 se matricularon en primer grado en escuelas estatales 90 mil alumnos menos que en el 2002; esta considerable reducción del 13 por ciento es un hecho inédito en nuestra historia.

 

La Asignación Universal por Hijo (AUH) fue una medida positiva, por eso no sorprendió que en el mensaje al Congreso presentando el presupuesto 2012 se anunciara esta buena noticia: “la matrícula escolar en 2010 aumentó un 15% en el nivel inicial, 10% en la primaria y 19% en la secundaria”.

 

 

Pero la realidad era otra ya que, según los Anuarios Estadísticos del Ministerio de Educación, las escuelas primarias estatales en 2010 registraban 25 mil alumnos menos que en 2009, mientras las escuelas privadas registraban 19 mil alumnos más. En 2010, ingresaron a primer grado estatal en todo el país 7.262 alumnos menos que en 2009, mientras que en las escuelas privadas ingresaban 2.561 alumnos más. La matrícula inicial y la secundaria sí habían crecido, pero apenas 1,7 por ciento.

 

Más allá del hecho que se haya informado tan erróneamente al Congreso por el entonces Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, que la AUH no haya generado un incremento sustancial en la escolaridad es un dato preocupante.

 

Fue positivo que el gasto en educación haya superado el 6 por ciento del PBI, meta fijada por la Ley de Financiamiento Educativo (año 2005). Pero esta no era la única meta legal.

 

Es grave que no se haya cumplido la otra obligación que disponía que hacia 2010 el 30 por ciento de los niños debiera asistir a escuelas de jornada escolar extendida.

 

Con una matrícula primaria estatal de 3,5 millones de alumnos, deberían gozar de los beneficios de la jornada extendida más de un millón de niños, pero la realidad es otra. En el 2011 eran apenas 293 mil los alumnos que asistían a estas escuelas. Cumplir la ley exigiría multiplicar más de tres veces la actual cobertura.

 

Unesco indica la necesidad de un mínimo de 830 a 1.000 horas de clase anuales, pero nuestras escuelas están lejos de esta meta; el promedio en los países industrializados se ubica en 187 días y 803 horas anuales. Son muchas las naciones que se toman en serio la inclusión escolar de los niños, comenzando por el calendario de clases: 205 días en Costa Rica, 200 en México, Brasil, Perú, Ecuador y Bolivia, luego Chile con 190 y Uruguay con 185. En Cuba, el calendario escolar determina 200 días de clase con 5 horas diarias, o sea 1000 horas anuales.

 

Nuestro calendario es pobre: 190 días que, además, no se cumplen, con apenas 4 horas diarias de clase (760 horas anuales).

 

Los discursos siempre enuncian la necesidad de mejorar la educación, pero la verdad es que no hay tiempo para perder, porque nuestra sociedad ya fue informada acerca del retroceso por los resultados de la Prueba Pisa (2009).

 

Son muchas las razones del deterioro, pero una de ellas es que los alumnos (principalmente en las escuelas estatales) tienen pocas horas de clase, porque nunca se cumplió el calendario y porque tampoco se avanzó en la ampliación de la jornada escolar como dispone la ley.

 

Las leyes están, se trata de cumplirlas. Desde ya que este mero cumplimiento de más horas de clase de por sí no asegura mejor educación, pero es condición necesaria para poder comenzar a mejorar.

 

Si queremos igualdad de oportunidades, es imperioso fortalecer la escuela. Para ello comencemos por asegurar un calendario escolar de 190 días de clase y jornada extendida, como marca la ley. Lamentablemente las leyes no se respetan, el exiguo calendario escolar nunca se cumplió ni se cumple en todo el territorio nacional, ya sea por conflictos laborales o por días feriados.

 

Pero como las familias no tienen ni voz ni voto en esta cuestión, renuncian a la escuela gratuita, pero preservan el futuro de sus hijos cambiando de escuela.

 

*POR ALIETO ALDO GUADAGNI DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA, UNIVERSIDAD DE BELGRANO (Clarín)