Sociedad

Hace 200 años empezaba el Congreso de Tucumán

El 24 de marzo de 1816 la casa de Francisca Bazán Laguna recibió por primera vez a los diputados que unos meses después declararían la Independencia. Pese a que fue un hecho trascendental, los historiadores afirman que para el pueblo el hecho pasó desapercibido.
domingo, 20 de marzo de 2016 · 12:18

Las banderas celestes y blancas flameando en el cielo tucumano. La casita bella y pulcramente decorada para recibir a los congresales de los distintos puntos del territorio. La alegría del pueblo, la expectativa de romper las cadenas españolas… ¿fue tan así?

Como ya sabemos, el 9 de julio de 1816 se declaró la independencia de España y las Provincias Unidas del Río de la Plata -Argentina aún no se llamaba así- se presentaron en sociedad. Pero la imagen escolar que los argentinos tenemos al respecto lejos está de lo sucedido en realidad. 

De hecho, la Independencia comenzó a gestarse mucho antes del 9 de julio: el 24 de marzo de 1816, hace 200 años, se iniciaron las sesiones del Congreso de Tucumán que, a la postre, culminaría con la declaración de Independencia. 

De todas formas, vale decir que Mendoza -y todo Cuyo- tuvo un papel preponderante en esa gesta ya que sus enviados ocuparon puestos clave que terminaron siendo decisivos para los propósitos libertadores del General José de San Martín. 

Casi desapercibido

Según detallan los historiadores consultados por Los Andes, para la gente común, para el pueblo, el 9 de julio pasó casi desapercibido. La directora del Archivo Histórico de Mendoza, Elvira Búcolo, aclara que la fecha no estaba presente en el imaginario social: "Se tomaban medidas en el Cabildo donde se invitaba a la parte ‘sana’ de la población, es decir que sólo la clase dirigente estaba ocupada en eso”. 

En tanto, Daniel Balmaceda, escritor, periodista e historiador, cuenta que en marzo la expectativa no estaba centrada en la declaración de la Independencia sino más bien en la reunión del Congreso en Tucumán y la formación del Ejército Libertador en Mendoza. 

"Los vecinos nombraron a sus representantes y les dieron facultades para actuar. Por lo tanto, cada cual atendía sus asuntos pero eran conscientes de que en Mendoza y Tucumán estaban sucediendo hechos cruciales. Cuando por fin de declaró la Independencia, fue anunciada y celebrada en todas las plazas del territorio”, recuerda Balmaceda.

Una característica de los congresistas fue que se autoproclamaron diputados de los pueblos y no de la Nación, a diferencia de quienes habían participado de la asamblea de 1813. Esto quería decir que dependían de quienes los habían nombrado y que podían ser relevados si la gente así lo consideraba. De todas formas, más adelante los congresales aclararon que no podían ser molestados por sus actos y opiniones en el congreso, lo cual no dejaba de ser contradictorio. 

Para Luciana Sabina, profesora de historia, la gente no estaba muy al tanto de lo que estaba ocurriendo. "La revolución de Mayo, por ejemplo, fue hecha por la élite criolla y ‘el pueblo’ que se agolpó fueron 600 personas como mucho, en una población de 50 mil”, afirma. 

Para ella, la toma de conciencia comienza con la adopción de un himno y de la escarapela en la Asamblea del Año XIII. "Pero el proceso fue confuso porque no se planteaba directamente la Independencia por temor a las represalias de España y porque en Brasil estaba la Princesa Carlota -hermana del rey de España y casada con el de Portugal- que quería intervenir y quedarse con el virreinato”, destaca.

Soplar y hacer botellas

Bien conocida es una frase de Tomás Godoy Cruz, amigo personal de San Martín y congresal por Mendoza. La misma fue acuñada como respuesta a una carta que el Padre de la Patria le envió a Tucumán. La misma decía: "¿Hasta cuándo esperamos nuestra Independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos?”. A lo que Godoy Cruz responde: "No es tan sencillo. La independencia no es soplar y hacer botellas”. 

Vale decir que San Martín en esos días era Gobernador Intendente de Cuyo. Había llegado en setiembre de 1814 y las personas que él evaluó como pertinentes para representar a Mendoza fueron Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza. Los otros diputados de Cuyo fueron Francisco de Laprida y Justo Santa María de Oro, por San Juan, y Juan Martín de Pueyrredón, por San Luis.

"Con estos nombres hay que decir que el papel que le cupo a Cuyo, con San Martín a la cabeza, fue muy importante. Laprida fue quien presidió el Congreso -el puesto era rotativo- en el momento en que se declaró la Independencia y Pueyrredón fue nombrado como director supremo”, afirma Búcolo. 

Balmaceda, en tanto, adhiere a la idea del peso político de Cuyo mientras recuerda que por la cantidad de diputados que las representaban, Buenos Aires y Córdoba formaron también sus propios núcleos partidarios en Tucumán. "Los representantes cuyanos se unieron para formar su propio bloque.

A través de ellos, San Martín tuvo el necesario peso político para empujar la Declaración de Independencia y Godoy Cruz fue el nexo entre el Libertador y los congresales”, añade.

Búcolo reafirma este papel preponderante de Cuyo. "La Independencia de Argentina era parte fundamental del plan continental de San Martín, que esperaba la declaración mientras formaba el ejército para cruzar a Chile, liberarlo de los españoles y de allí ir con una flota al Perú y rematar a los realistas”. 

Fueron 33 los diputados que comenzaron a sesionar en la casa de Francisca Bazán Laguna. Es la reconocida "casita de Tucumán” que fue utilizada como sede de la declaración de la Independencia. 

Sin embargo, hay muchas lagunas respecto a este establecimiento que el historiador Daniel Balmaceda se encargó de relevar en su blog "Historias inesperadas”. 

Allí explica que durante esa época el cabildo tucumano estaba siendo refaccionado, por lo que se utilizó la casa de Bazán Laguna, la cual venía siendo alquilada por el gobierno tucumano para que funcionara la oficina de aduana. Por el alquiler se pagaban 25 pesos mensuales. 

En cuanto a la descripción del lugar, Balmaceda cuenta que los cuartos que daban al frente de la casona, instalada en un terreno de 2.100 m2, se empleaban para venta de mercadería. "En aquel tiempo era habitual que se alquilaran los ambientes del frente de las propiedades para ser destinados al comercio”, explica el historiador.

Otro dato interesante que cita el blog es que al salón de sesiones se llegaba atravesando un patio interno. "Esto significa que las clásicas imágenes de vecinos eufóricos junto a las ventanas de la calle no se corresponden con la realidad”, afirma Balmaceda.

Por otra parte, en 1869 la histórica casa era una propiedad privada en ruinas y a punto de ser demolida. El diputado tucumano Tiburcio Padilla propuso comprarla y allí se instaló una sucursal del correo. Casualmente, ese mismo año arribó a Tucumán el primer fotógrafo, Ángel Paganelli, quien realizó la única toma que se ha hecho de la casa original (ver foto).

Balmaceda cuenta además que el frente se tiró abajo en 1903. "Se preservó la sala histórica y se construyó un templete que la cubriera”, describe. Finalmente, tras haber sido declarado edificio histórico, en 1942 se resolvió recrear la propiedad. "Con los planos y las fotos de Paganelli, la Casa de Tucumán resurgió de sus escombros con puertas, ventanas y parte de la herrería originales”, recuerda el historiador. 

El Congreso de Tucumán sesionó hasta el 4 de febrero de 1817. Ante el avance realista por el norte, el 23 de setiembre de 1816 se resolvió su traslado a Buenos Aires, donde sesionó hasta el 11 de febrero de 1820.