Un grupo de argentinos viajó a China en pleno brote y a su vuelta nadie los controló

Estuvieron en Shanghái y en Zhangjiajie cerca Wuhan, foco de la epidemia de coronavirus. La mayoría son porteños y hay dos mujeres de Río Negro.
martes, 18 de febrero de 2020 · 10:47

Un grupo de 18 turistas argentinos estuvo en China entre el 21 y el 29 de enero pasado en China en una zona zona muy cercana a Wuhan foco de la epidemia de coronavirus. A su regreso al país ninguno de ellos fue controlado en Ezeiza a pesar de que portaban un barbijo y volvían del país oriental. La mayoría eran de Buenos Aires y solo unos pocos del interior. Dos de esos pasajeros, que al día de hoy no manifestaron síntomas, conversaron con Clarín.

La médica jubilada Viviana Herrera y la psicóloga Laura Pérez, ambas de Cipolletti, Río Negro, habían planificado con entusiasmo un ansiado viaje a China que pudo concretarse este verano. Fueron en un momento en que solo aparecían algunos rumores de un presunto virus en una región específica de aquel país y volvieron cuando la epidemia ya se había desatado. Mientras estaban en China sufrieron el vertiginoso cierre de la actividad pública y estuvieron a punto de quedarse dentro de sus fronteras.

Viajaron en un grupo compuesto sobre todo por porteños. Extrañamente a su regreso a la Argentina, con los barbijos puestos, los funcionarios en Ezeiza no les preguntaron si tenían síntomas y mucho menos les tomaron la temperatura. Por propia decisión ambas iniciaron un completo proceso de aislamiento hasta que confirmaron que no se habían contagiado. Hasta donde sabe los demás miembros del tour también están saludables.

Ya en Cipolletti su caso tomó estado público y los rumores empezaron a hacer lo suyo. Hoy ambas tratan de superar con paciencia la paranoia de algunos vecinos que las observan como posibles focos de contagio.

“No quiero que mi familia quede expuesta con esto. Nosotras no tenemos síntomas, no estamos enfermas, no tenemos nada. Igualmente hay personas que nos agreden por Facebook o nos apuntan y yo ya tengo ganas de darles mi dirección para que sepan donde evitarme. La provincia tiene unos 700 mil habitantes pero igual me pueden cruzar un día en la calle”, dice a Clarín Herrara entre enojada e irónica.

Para cuando Viviana y Laura depositaron sus pies sobre el enorme país oriental, apenas si se escuchaban rumores de una enfermedad que afectaba a la población de Wuhan. Nada de qué alarmarse y el tour podía continuar, indicaban desde la agencia de viajes.

El 21 de enero pasado las mujeres arribaron a Shanghái junto a 16 compañeros de aventura. En la ciudad de 24 millones de habitantes, ubicada en la costa central de China, la vida seguía su curso.

Había señales mínimas, casi indetectables para quienes no hablaban chino mandarín, sobre que la situación sanitaria comenzaba a complicarse más de lo esperado. La información en los medios nacionales era escasa y, de todos modos, estaba expresaba en otro idioma, detalla la médica. Si existían partes oficiales, nadie entre el grupo podía saberlo.

“En China las provincias también tienen autonomía, es similar a aquí, entonces algunas tomaban acciones y otras no. Algunas no querían parar la actividad porque representaba pérdidas millonarias. La situación cambió por completo cuando se tomaron medidas a nivel nacional y ahí fue claro que algo sucedía”, señala Herrera.

El 24 de enero estaba planificado que los integrantes del tour viajaran a Xian para festejar el tradicional Año Nuevo Chino, pero la celebración se suspendió para decepción de ellos y de millones de personas que visitan o recorren el gigante asiático motivados en estas fechas. La fiesta representa un movimiento cercano a los US$ 80.000 millones. Aquel preciso día se registraban 25 muertes y 571 contagios en toda China. La mayoría en Wuhan.

“En China la gente de por sí tiene la costumbre de usar barbijo, había muy poca información y el Estado chino se ocupaba de ocultar el brote. Los Whatsapp funcionan pero de un modo muy restringido y no podés mandar fotos, audios, videos o documentos. Mirábamos la televisión pero no había mucho y encima en chino. Cuando nos dimos cuenta de que el problema era grande comencé a contactarme con colegas míos en Argentina para que me contaran qué estaba pasando y cuales eran los síntomas iniciales”, explica la médica.

Aunque el escenario empeoraba los turistas fueron trasladados tal como marcaba el itinerario hasta Zhangjiajie, en el norte de China, una de las ciudades más atractivas del país, famosa por sus imponentes paisajes, la reserva forestal y su puente de vidrio. Solo al llegar los visitantes argentinos entendieron la gravedad de los acontecimientos. La ciudad tiene alrededor de 1,4 millón de habitantes y estaba vacía. Los comercios y los hoteles cerrados. A tal punto que uno de los hoteles en los que se alojaron, el Lanwan Boge International Hotel, solo permanecía abierto para atender a la delegación nacional. Era el 26 de enero y había 2.014 casos registrados. Casi todos en China.

Con las evidencias sobre la mesa el grupo comenzó a quebrarse. “Estábamos preocupados, una persona del grupo se puso a llorar, hubo otro caso de alguien con diarrea. Nosotros como gente de la salud tratamos de contenerlos. Yo averigüé que la diarrea no era parte del cuadro”, explica Herrera. La decisión fue unánime había que partir antes de que se cerraran las fronteras.

“Primero nos pusimos en contacto con el consulado en Zhangjiajie donde no nos informaron de mucho y solo nos dijeron que les avisáramos si alguien presentaba síntomas. Pero después regresamos a Shangai donde nos brindaron información y se portaron muy bien. Conversamos con la agencia y pudimos adelantar nuestra vuelta”, recuerda la profesional.

Llegaron a Shanghái el 28. El contador marcaba 4.635 personas contagiadas y 106 muertes.

La vuelta a la Argentina se inició el 29 de enero con 7.000 contagios confirmados en el planeta. De un total de 12 días programados solo ocuparon 8. Llegaron a Buenos Aires el 1° de febrero. Al salir de China las autoridades les hicieron firmar una declaración jurada donde figuraba que no tenían síntomas de coronavirus.

“En el hotel y en el consulado nos sugirieron utilizar los barbijos a partir del tercer día que estuvimos en China. Pero allá no tomamos contacto prácticamente con ninguna persona china porque se cerraron todos los comercios y lugares de atención pública”, agrega Herrara.

A su regreso los miembros del grupo optaron por continuar con la metodología de prevención. Bajaron del avión en Ezeiza con los barbijos y así atravesaron la Aduana. Nadie les consultó por el utensilio tomando en cuenta que venían desde China. “No nos preguntaron ninguna cosa. Hicimos los trámites y pasamos”, apunta la médica. La situación se repitió en el aeropuerto de Neuquén. Medidas preventivas, cero.

Las dos mujeres tomaron la iniciativa en sus manos. Sin dejar jamás de utilizar el barbijo mientras estaban en tránsito o viaje por el país se aislaron en sus respectivos hogares. Herrera permaneció cerca de una semana aislada en un departamento en Buenos Aires y Pérez hizo lo propio a su regreso en Cipolletti. Están al tanto de que tampoco los demás compañeros de viaje tuvieron problemas de salud. No obstante no saben qué medidas precautorias tomó cada uno.

“Nosotras viajamos cuando no había una real dimensión de los contagios y el gobierno chino ponía espacial énfasis en ocultarlo. En aquel momento el brote era en un lugar de China, que es como pasó con el hantavirus y Epuyén. No era que no podías venir a la Argentina por el hanta. Y China es uno de los países más grandes del mundo”, subraya Herrera.

“La verdad es que estamos bien, sanas, sin síntomas, fuimos hace un mes, si alguien todavía quiere evitar mi casa que me mande un mensaje y le paso mi dirección así la evita”, concluye.

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