Cristina envía señales confusas a su tropa, pero busca complicar a Macri

El gobernador formoseño se despegó sorpresivamente de la elección nacional. Y eso alimentó nuevas dudas sobre el plan CFK 2019. La ex presidente intenta tomar distancia de los comicios provinciales. Y jugaría a la incertidumbre para evitar la estrategia macrista
miércoles, 10 de abril de 2019 · 09:24

De manera inesperada, Formosa se anotó entre las provincias que adelantan las elecciones locales. Gildo Insfrán lo resolvió y lo anunció casi en un mismo acto. Maneja la provincia y el PJ –casi una misma unidad- desde hace más de dos décadas y no parece en juego su futuro. Es una decisión personal que revierte su propia determinación inicial de compartir el turno nacional con Cristina Fernández de Kirchner. ¿Por qué lo hace? El gesto es interpretado de manera contradictoria en medios peronistas, donde abundan dudas bien alimentadas sobre la candidatura de la ex presidente.

Insfrán va a elecciones por su séptimo mandato. Con semejante título de persistencia en el poder, se había colocado de movida como el mayor representante de los gobernadores peronistas que acoplaban sus comicios a la elección nacional. Se trataba de sumarle a la ex presidente -o traccionar votos, mutuamente- en función del proyecto CFK 2019. Pero la mayoría de los jefes provinciales fue caminando en otra dirección: elecciones desdobladas para asegurarse continuidad en sus territorios. Formosa jugó ahora esa ficha y para octubre sólo se mantienen como apuestas kirchneristas Santa Cruz y Catamarca.

 

La decisión del gobernador formoseño contribuía anoche a cierta confusión en filas peronistas. Por un lado, los resultados de los primeros comicios provinciales afirmaban la idea de que los oficialismos locales ganan bien, y sin problemas, alejados de la disputa nacional entre macrismo y kirchnerismo. Discutible, porque en algunos casos fue claro el peso nacional, pero esa es una evaluación extendida. También asomaba otra interpretación, según la cual Insfrán habría decidido preservarse así de una interna nacional incierta porque no estaría claro si la ex presidente finalmente tiene voluntad de competir.

De acuerdo con esa mirada, la cuestión no sería ya la polarización –o ponerse a salvo de esa tendencia- sino la posibilidad de que CFK no sea candidata y tampoco garantice necesariamente la unidad, incluso en su propia tropa. En todo caso, y ya con su territorio asegurado, los gobernadores podrían definir después apoyos y apuestas en el amplio tablero de las distintas vertientes del peronismo.

Fuentes vinculadas a cuatro gobernadores que tuvieron encuentros –un par, muy cercanos- con la ex presidente dicen que no recibieron señales firmes de su decisión de dar pelea como candidata. Todos, sin embargo, consideran que el tema no está cerrado y que finalmente se trata de una decisión de ella sola, como ocurrió otras veces, y en función de sus propios planes. Transmiten dudas, no convicción en un paso al costado.

Por supuesto, existe un factor llamativo. Las dudas sobre la candidatura de la ex presidente son alimentadas desde su círculo más cercano. Referentes de La Cámpora lo plantean en reserva y algunos incluso especulan con una unidad peronista que la trascienda y los devuelva al poder. También algunos de los operadores políticos regresados a su entorno de mayor confianza sugieren indefinición y hasta una actitud individual de moderación y desinterés personal.

Nadie discute, en cambio, que el mayor empeño de la ex presidente está puesto engarantizar y ampliar sus bloques de legisladores nacionales leales. Fueron intensas las negociaciones con los gobernadores para garantizar candidatos propios a diputados y especialmente senadores, en Entre Ríos, Tierra del Fuego y últimamente, aunque con dificultades, en Chaco.

 

Ese último caso es llamativo. Hay una larga pulseada interna en el peronismo, con fuertes componentes personales, que no puede ser atribuida a factores externos, como Tucumán, donde la disputa incluye sospechas de aliento macrista a la fractura entre Juan Manzur y José Alperovich. En Chaco, la pelea es entre Domingo Peppo y Jorge Capitanich, que amaga con competir por afuera del PJ como elemento de presión. El trato, que gusta en el Instituto Patria, sería la reelección del gobernador a cambio de la candidatura a senador para el ex jefe de Gabinete y actual intendente de Resistencia. Ya se lo hicieron saber.

Ese cuidado por las bancas nacionales es fruto de un cambio de la estrategia original. Hace rato, la ex presidente dejó de advertir y presionar con gestos de hostilidad hacia los jefes provinciales que decidieran adelantar sus comicios y despegarse de la competencia nacional, es decir, de ella misma.

Se decía que iba a presentar candidatos propios para fragmentar el voto peronista donde desengancharan las elecciones locales. Eso no ocurrió.
En cambio, fue más allá, en primer lugar para evitar derrotas. Bajó sus candidatos en Córdoba, hizo algunos gestos parecidos en Tucumán y no competiría con fórmula propia en Misiones. En esa línea, ya con el golpe que resultó la caída en la elección de gobernador de Neuquén –potenciada por la propia exposición de la ex presidente con su candidato-, trató de amortiguar la derrota de Martín Soria en Río Negro. Buscó despegarse: la versión más dura fue dada por Silvina García Larraburu, senadora de línea directa con la ex presidente, que responsabilizó exclusivamente por la derrota al candidato.

 

Es difícil ver todo el juego como movidas sueltas. Sin embargo, las dudas sobre la candidatura presidencial siguen sobrevolando. Claro que queda margen para otra consideración: alimentar la incertidumbre podría apuntar a mantener latente el tema y a restarle margen a la polarización que el peronismo K atribuye sólo a Macri. Visto así, la ofensiva en el frente judicial –con el viaje de su hija Florencia a Cuba, como pieza central- apuntaría en la misma dirección. Corren días de especulaciones intensas en el peronismo.

 

Fuente Infobae

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