A 45 años de la muerte de Perón, el líder que marcó la historia argentina

Dos meses después de asumir su tercera presidencia dejaba al país huérfano de liderazgo.
lunes, 1 de julio de 2019 · 07:59

El general Juan Domingo Perón, fundador del movimiento de masas que signó la historia de Argentina, fallecía hace 45 años en el ejercicio de su tercera presidencia constitucional, con lo que el país quedaba huérfano de liderazgo en medio de una creciente espiral de violencia política que anticipaba la irrupción del terrorismo de Estado.

El viejo líder eligió dejar Madrid para volver definitivamente al país el 20 de junio de 1973, y de esta forma le ponía fin un exilio de 18 años.

Pero lo que debía ser una fiesta popular que iba a celebrarse en la inmediaciones del aeropuerto de Ezeiza se convirtió en un confuso y nunca esclarecido enfrentamiento.

Sectores de izquierda y derecha del peronismo chocaron a sangre y fuego en una jornada que dejó un saldo impreciso de muertos y heridos.

Esos hechos determinaron la renuncia de Héctor Cámpora a la presidencia, tras 49 días de gobierno, y el llamado adelantado a elecciones en la cuales el viejo caudillo se presentó en una fórmula junto a María Estela Martínez de Perón, conocida popularmente como Isabelita.

El 23 de septiembre, Perón se consagró presidente por tercera vez con el 62 por ciento de los votos, en tanto que la fórmula del radicalismo que integraban Ricardo Balbín y Fernando de la Rúa obtenía el 24 por ciento de los votos.

Sin embargo, la confrontación entre los sectores ortodoxos y la tendencia revolucionaria del peronismo prosiguieron y se convirtieron en una constante a partir del segundo semestre de 1973.

Dos días después de este contundente triunfo electoral, el dirigente metalúrgico José Ignacio Rucci era asesinado a balazos en las calles del barrio de Flores, en un hecho que llevó el signo de la organización Montoneros.

Paralelamente, la banda parapolicial Tripe A (Alianza Anticomunista Argentina), bajo el amparo del ministro de Bienestar Social, José López Rega, había iniciado una campaña de persecución y asesinatos contra dirigentes y personalidades identificadas con posturas de izquierda.

En medio de las tensiones entre la izquierda y la derecha del peronismo, el 1 de mayo, durante una concentración en Plaza de Mayo, Perón llamó "imberbes y estúpidos" a los Montoneros, que se retiraron en medio del discurso del líder.

En ese mismo mes, se registró una inflación del 3 por ciento; había desabastecimiento de algunos productos de la canasta básica y, ante este panorama, Perón decidió dirigirse a la población por cadena nacional de radio y TV, en el mediodía del 12 de junio.

La CGT decretó un paro en respaldo al Presidente y en cuestión de horas la Plaza de Mayo estaba llena, y en ese escenario, Perón cerró su ultimo discurso con una frase que quedó marcada a fuego en la memoria popular: "Llevo en mis oídos la más maravillosa música que es la palabra del pueblo argentino".

La salud de Perón empieza a empeorar en la ultima quincena de junio y el sábado 29, en horas del mediodía, debe delegar el mando en Isabel.

En la mañana del lunes 1 de julio de 1974, Perón recibe la extremaunción de parte del sacerdote Héctor Ponzio en Olivos y ese día a las 13.15, los médicos Pedro Cossio y Jorge Taiana, junto con los doctores Domingo Liotta y Pedro Vázquez, firman el certificado de defunción. Tenía 78 años.

"Ha muerto un apóstol de la paz y la no violencia", anunció con voz entrecortada por televisión Isabel, la mujer que desde ese día gobernará el país hasta el 24 de marzo de 1976, cuando un golpe cívico militar la derrocó.

Poco después de su muerte los restos fueron instalados en la capilla de la quinta presidencial de Olivos, vestido con uniforme militar. La mañana del 2 de julio, fueron trasladadas a la Catedral Metropolitana, donde se le realizó una misa de cuerpo presente. Colocado en una cureña, el féretro, flanqueado por granaderos, fue conducido al Palacio Legislativo, donde permaneció hasta el jueves 4. Mientras se encontraba el cuerpo en el Congreso, desfilaron ante el féretro 135 mil personas; afuera, más de un millón quedaron sin dar el último adiós a su líder. Dos mil periodistas extranjeros informaron de las exequias.